sábado, 19 de diciembre de 2009

LOS FORDART

A lo largo de la historia han sido muchos los mecenas gracias a los cuales diferentes artistas han podido mostrar su obra al mundo. Es frecuente que en ocasiones ese mecenazgo conllevara el deseo escondido (a veces descubierto sin pudor alguno) de un reconocimiento a dicha labor, así como el anhelo de una asociación permanente del benefactor con su artista. Hecho éste que finalmente se ha traducido en los numerosos museos y fundaciones más conocidos por los nombres de sus mecenas que por las obras que puedan contener en su interior.

Sin embargo, justo es reconocer la importancia del mecenazgo en todas las facetas del arte, y no dudar en ningún momento del filántropo afán que embargaba a estas personas, carentes tal vez de la habilidad para realizar ese arte que tanto veneraban, pero lo suficientemente prósperas monetariamente o influyentes socialmente para impulsar el desarrollo del arte o el artista en cuestión.

Pero hay un mecenazgo al que todavía no se ha hecho justicia, y que podemos considerar tal vez como el más desinteresado, didáctico y altruista de todos los habidos alguna vez. Porque cuando la labor de un mecenas es anónima, entregada, y su única pretensión es la de propagar el arte de sus protegidos entre quienes más lo necesitan, nos hallamos ante un verdadero príncipe del mecenazgo en el pleno sentido de la palabra.

Y esto es tanto más paradójico si tenemos en cuenta el caso de la familia Fordart, a los que podemos considerar como una dinastía de mecenas digna de los grandes artistas que patrocinaron.

Los Fordart no cuentan con ningún museo, fundación o siquiera una pequeña sala que les recuerde. Pero como bien señala el reciente libro de John Fordart sobre las vidas de su abuelo y su padre, es probable que esto no les importara mucho a ninguno de ellos.

Podemos especular con la posibilidad de que tal vez les hubiera gustado el reconocimiento a su labor por parte de esos artistas a los que ayudaron, pero ni tenemos constancia alguna de ello según los datos del libro, ni tal cosa era posible debido a la peculiar forma de mecenazgo de los Fordart.

Aún así, la trayectoria vital de los Fordart no deja de ser el mejor tributo a esos artistas para los que buscaron nuevos públicos.

George Fordart nació en 1912 en un pequeño pueblo de Carolina del Norte. Su padre, Sean Fordart, emigrante oriundo de Irlanda, y sin formación cultural alguna, casó en 1910 con Elizabeth Neil, maestra de escuela, quien le dio una larga fila de descendientes, siendo George el segundo de ocho hermanos. Cuando tenía apenas tres años, sus padres se trasladan a Nueva York, y el pequeño George pasa su infancia en Lower East Side.

Gracias a los esfuerzos de su madre, y en contra de la opinión de su padre, que consideraba que el muchacho debía trabajar cuanto antes, George accede a una educación. Pero desgraciadamente, antes de que pueda finalizar sus estudios universitarios sobre Historia del Arte, el temprano fallecimiento de su padre le obliga a buscar un trabajo que le permita mantener no sólo a su madre, sino al resto de su numerosa familia, que contribuía como podía, aunque de mala manera, a la economía doméstica, y consideraba que George debía hacer los mismo.

Después de abandonar sus estudios y trabajar sucesivamente como fontanero, dependiente de una zapatería y vendedor de aspiradoras, George, con gran pesar, decide ingresar en 1936 en la recientemente creada Oficina Federal de Investigación, el FBI.

Al principio, la mayoría de las ocupaciones que le asignan son de carácter burocrático. George se encarga de ordenar y archivar los informes que llegan sobre delitos relacionados con inmigrantes. Así pasan dos largos y tediosos años hasta que George tiene la feliz idea que cambiará su vida, y decide orientar su trabajo hacia aquello que realmente le interesa y para lo que se había preparado: el estudio del arte contemporáneo.

De este modo, George Fordart, más allá de sus obligaciones y de su horario de oficina, redacta multitud de informes en los que alerta sobre el necesario seguimiento de varios artistas a los que considera sumamente sospechosos de ser agentes de Moscú, o compañeros de ruta del comunismo.

George, que ya conocía muy bien las tendencias ideológicas del director del FBI, Edgar J.Hoover, y el odio que éste sentía por Charles Chaplin, encabezó su lista con el cineasta británico, seguido de otros directores, escritores e incluso pintores por los que sentía una secreta admiración personal.

Después de que sus informes fueran estudiados por el mismísimo Hoover, George es rápidamente ascendido y trasladado en calidad de superior a un departamento encargado de vigilar la vida de todos aquellos artistas a los que él había hecho referencia en sus informes.

Tras comprobar la escasa o nula formación cultural de los agentes de su recién creado departamento, George Fordart entiende que su misión consiste en educar y enseñar a estos hombres, sin que ellos puedan darse cuenta. Así, decide introducirles en las ideas y el arte de todos aquellos artistas que figuran como sospechosos.

Con el lema de que para derrotar al enemigo hay que estudiarlo a fondo, George programa trimestralmente un curso completo de estudios sobre las obras de dichos artistas.

Las películas de Chaplin son proyectadas una y otra vez en las oficinas del FBI, para regocijo de George, y son analizadas en todas sus vertientes. Pero para despejar dudas y comentarios, después de que George alabe la habilidad del artista y el genio cinematográfico de Chaplin, termina siempre sus charlas recomendando no dejarse engañar por su humor o su habilidad narrativa, y manda buscar una y otra vez a sus agentes todas aquellas contraseñas o mensajes claves de ideología bolchevique que pudieran encontrar en las películas. Huelga decir que ningún agente pudo encontrar nada, pero que se comenzaron a recibir peticiones para estudiar a otros cineastas como Ford, Hawks, Capra o King Vidor.

En 1939, sabiendo que Charles Chaplin se encontraba rodando un largometraje sobre Hitler, y deseoso de poder observar en acción a su artista más admirado, George idea un plan aprobado por Hoover que le permite infiltrarse como tramoyista en el rodaje con el pretexto de buscar cualquier prueba criminal contra el director. Fordart permaneció en los estudios hasta que se terminó de rodar la última escena y considera esa experiencia una de las más gratificantes de su vida al permitirle observar a su cineasta favorito en el proceso de creación de su obra.

Por ese motivo, George Fordart lamentaría que el FBI, aunque indirectamente, fuera responsable del autoexilio del genial artista de tierras norteamericanas.

Ya con su situación económica resuelta, George contrae matrimonio con Mary Allgood, y en 1941 nace el primer y único hijo de la pareja: Charles Fordart.

Los años cuarenta pasan para George ocupándose en analizar los textos de novelistas como Hammett, Chandler, Dos Passos, o dramaturgos como Williams, Brecht o Arthur Miller.

Desgraciadamente, en los años cincuenta, George deberá trabajar en el conocido proceso de "la caza de brujas" iniciada por el senador McCarthy. A pesar de sus intentos por ayudar a todo artista en cuanto tenía ocasión, falsificando datos y exculpándolos ante sus superiores, no puede evitar contemplar cómo el poder político norteamericano arremete contra sus principales creadores culturales.

La época de cambio que supusieron los años sesenta en el panorama cultural, sería continuada por su hijo Charles, que conociendo la tarea de su padre, y siguiendo su ejemplo, ingresa en 19654 en el FBI para trabajar codo con codo junto a éste. Ambos buscan a los creadores más importantes y los analizan en interesantes ensayos que camuflan como documentación de archivo. Quedan tan satisfechos con algunos de ellos, que llegan a enviarlos bajo seudónimo a una prestigiosa universidad, a la que no se cita en el libro por no dañar su imagen (pero que John Fordart deja muy claro de cuál se trata), la cual los publica considerándolos el trabajo de un crítico de arte.

Con la llegada de Charles, se añade la música como objeto de estudio al departamento. Admirador de los Beatles desde que contempló al grupo en el televisado show de Ed Sullivan, Charles convence a su padre, cuyas preferencias musicales se sitúan en el jazz, de la importancia del cuarteto de Liverpool y de la necesidad de seguir la carrera de este grupo y de otros músicos como Bob Dylan. Reticente en un principio, pero fiándose del criterio de su hijo, George accede a la propuesta, y de este modo, los archivos discográficos del FBI comienzan a llenarse de los principales grupos de rock de aquellos años.

Los nuevos agentes que entran en el departamento, y los antiguos, que sin reconocerlo abiertamente intuyen las intenciones de George y a los cuales ganó para su causa hace tiempo, se convierten en devotos seguidores, y suman nuevas aportaciones y estudios al trabajo de los Fordart, asistiendo a cuantas exposiciones, happenings o conciertos pueden.

Por desgracia, George Fordart fallece víctima de un accidente de tráfico en 1967, pasando su hijo a dirigir el departamento por petición expresa de todos los demás agentes miembros.

A principios de los años setenta, Nixon, preocupado por la influencia que pudiera tener John Lennon sobre la juventud norteamerica, ordena que se le investigue en todas sus actividades. Charles, que considera vergonzoso lo que está ocurriendo con el que es desde hace tiempo su artista preferido, descubre la posibilidad de escuchar, gracias a los micrófonos ocultos, el proceso de creación de la música de Lennon.
Así, puede escuchar paso a paso la formación de discos como Mind Games o Wall and Bridges desde que las canciones no son más que un simple esbozo.

Tratando de ayudar a Lennon en todo cuanto puede, se encarga de dar un retrato falso (el del músico David Peel a quien el mismo Lennon produjo un disco) en las circulares que envía el FBI para que la policía le detenga por posesión de drogas, y se opone fervientemente a que se le retire el permiso de residencia, alegando que eso podría provocar protestas entres sus seguidores y disturbios en las calles.

Cuando Lennon se retira temporalmente del mundo de la música, la presión del FBI disminuye, y Charles puede dedicarse a otras tareas. En 1980, ante el asesinato de Lennon, Charles investiga desde su propia oficina la posible implicación del FBI en el caso, sin encontrar prueba alguna concluyente.

En 1999, Charles se retira ante lo que considera una crisis alarmante de talento en el mundo del arte, que con algunas excepciones, no le merece ser estudiado.

Charles Fordart fallece por causa natural en el año 2002, siendo enterrado, al igual que su padre, con los más altos honores civiles.

En la actualidad, su hijo John Fordart, que como se ha comentado acaba de publicar un libro en el que narra las vidas de su abuelo y de su padre, dirige la editorial Friendly Book Inc. John se ha especializado en la cuidada e ilustrada edición de algunos de los autores más destacados de la literatura, pero a precios muy asequibles. También ha traducido la obra de un autor como Edmond Baudoin, a quien considera uno de los mejores artistas contemporáneos, y anuncia que pronto publicará las biografías de Charles Chaplin y John Lennon, escritas por dos de los especialistas más documentados y expertos que se pudieron encontrar en su tiempo.

8 comentarios:

edu dijo...

Ha habido momentos del post en que acordaba de la peli "La vida de los otros". Excelente.

Anónimo dijo...

¿Pero esto es real o el argumento de una novela posmoderna?

David dijo...

Vale. Es un cueeeento. Es un cueeeento. Y tiene ya unos añitos. Va para tres ó cuatro por lo menos. Antes de que apareciera "La vida de los otros" (película que me gustó mucho, por cierto.) La verdad es que me he percatado de ese parecido al transcribirlo de nuevo (había perdido el cuento en el ordenador). La idea me vino de ver que tanto Chaplin como Lennon habían sido dos de los artistas más "investigados" por el FBI. Por cierto, lo de David Peel es una coña basada en algo real. Son tan inútiles que metieron la foto de ese artista en lugar de la de Lennon. La imagen que os he puesto está extraída de los archivos del FBI sobre Lennon, colgados en la red.
Edu: Me alegro de que te haya gustado. ¿No te había pasado esto ya? Pensaba que sí, la verdad.

Anónimo: Aclarado que no es real, ¿te ha gustado?

Jaime Sirvent dijo...

Buff, que decepción ahora que sé que no es real. Me había parecido una historia fascinante,lamentablemente en este caso la realidad no supera a la ficción, saludos.

María dijo...

Yo no lo había leído y me ha gustado mucho. No es que sea feminista...pero ¿podías haber puesto que la hija era mujer? ¿había mujeres en esos tiempos en el FBI? supongo que no.

egoitzmoreno.com dijo...

muy chulo, david.

dos apuntes:

- si no llego a mirar los comentarios, antes de empezar a leer, me lo trago como real.

- sabes que aquí tienes una historia, no? métele algo de acción, peleas, sexo, explosiones, efectos especiales por ordenador... y éxito seguro, oiga!!

jajaja

no, en serio. tienes una historia.

Lughnasad dijo...

Gran relato. Tiene un halo de verdad impagable. Me ha encantado como con cuatro cosas montas una película digna de ser contada.
También me parece muy original, a mi me cuesta contar cosas que no sean truculentas. Sin embargo esto podría ser una entrada de la wikipedia muy bien escrita (lo de la wiki, quizás suena mal, pero te lo digo como piropo).
Saludos

Paco dijo...

Precioso cuento, David. Me lo había perdido.
Hay que ver la parte positiva de las cosas.
Muy bien escrito.
Abrazo gigante.

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