viernes, 18 de enero de 2013

LAS MALAS LENGUAS I

Ilustración de Walter Paget que
fue portada en una edición de  1911.
Había en la comarca una mujer perdida que, según todos afirmaban, había tenido un hijo con el heredero y que había sido brutalmente maltratada por su amante; pues precisamente esa mujer fue su más ardiente defensora. Un día arrojó una piedra a Henry a la vez que le gritaba:
- ¿Qué ha sido del valiente mozo que se fió de ti?

Henry detuvo su caballo y, mirándola fijamente en tanto que la sangre corría por su labio partido, dijo:
- ¿Es posible, Jess? ¿También tú? No obstante, deberías conocerme mejor...
Henry hablaba así, porque desde hacía mucho tiempo la socorría con dinero. Pero la mujer se había apoderado de otra piedra que se disponía a arrojarle nuevamente. Henry, para librarse del golpe, levantó la mano en que llevaba la fusta.
- ¡Cómo! ¿Se atrevería el cobarde a golpear a una mujer? - exclamó. Y escapó vociferando, como si efectivamente la hubiese golpeado.

Al día siguiente corrió la noticia como un reguero de pólvora: Henry había herido a Jessie Broun, y ésta, a consecuencia de la agresión, estaba muriéndose. Y así, una calumnia tras otra, iba engrosando la bola de nieve. Y a tanto llegó la mala reputación de mi amo, que, como Milord, se vio precisado a no salir de casa.

Extraído de "El señor de Ballantrae" de Robert Louis Stevenson. Traducción de M.Ochoa y P.Azcoyen. Ediciones Hiperión.

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