miércoles, 27 de enero de 2010

EL CUENTO DE LA ABUELA*

Había una vez una mujer que había hecho pan y dijo a su hija:
Ilustración de Arthur Rackham
- Toma este pan caliente y una botella de leche y llévaselos a tu abuelita.
La niña partió y en una encrucijada se encontró con un bzou** que le dijo:

- ¿Para dónde vas?
- Llevo un pan caliente y una botella de leche a mi abuelita.
- ¿Qué camino tomarás? - preguntó el bzou - ¿El de las agujas o el de los alfileres?
- El de las agujas - respondió la niña.
- Bueno, entonces yo tomaré el de los alfileres.

La pequeña niña se distrajo recogiendo agujas. Mientras tanto, el bzou llegó a casa de su abuela, la mató, puso un poco de su carne en la despensa y una botella de su sangre en el estante. La niña llegó y golpeó la puerta.

- Empuja la puerta - dijo el bzou - está cerrada con paja mojada.
- Buenos días, abuelita. Te traigo pan caliente y una botella de leche.
- Ponlos en la despensa, mi niña. Come la carne que está allí y bebe de la botella de vino que hay sobre el estante.

Mientras ella comía, un pequeño gato decía:
-¡Qué puerca! Come la carne y bebe la sangre de su abuela.

- Desvístete, mi niña - dijo el bzou - y ven a la cama junto a mí.

- ¿Dónde debo poner mi delantal?

- Tíralo al fuego, mi niña, no lo necesitarás nunca más.

Y ella siguió preguntando dónde debía poner las demás prendas, el corpiño, el vestido, la falda y las medias, y cada vez el lobo respondió:
- Tíralas al fuego, mi niña, no las necesitarás nunca más.
- ¡ Oh, abuelita, qué peluda eres !
- Es para mantenerme caliente, mi niña.
- ¡ Oh, abuelita, qué uñas tan largas tienes!
- Es para rascarme mejor, mi niña.
- ¡ Oh, abuelita, qué hombros tan grandes tienes!
- Son para cargar mejor la leña para el fuego, mi niña.
- ¡ Oh, abuelita, qué orejas tan grandes tienes!
- Son para oír mejor, mi niña.
- ¡ Oh, abuelita, qué nariz tan grande tienes!
- Es para tomar mejor mi tabaco.
- ¡ Oh, abuelita, qué boca tan grande tienes!
- Es para comerte, mi niña.
- ¡ Oh, abuelita, me he puesto mala! Déjame salir.
- Hazlo en la cama, mi niña.
- No, abuelita, quiero ir afuera.
- De acuerdo, pero no tardes mucho.

El bzou le ató una cuerda de lana a su pie y la dejó salir, pero cuando la pequeña estuvo afuera ató el final de la cuerda a un gran árbol de ciruelas que había en el patio. El bzou se impacientó y dijo:
- ¿Estás haciendo mucho? ¿Estás cagando mucho?

Cuando se dio cuenta de que nadie respondía, salió de la cama de un salto y comprobó que la niña había escapado. El bzou la siguió, pero llegó a su casa justo en el momento en que ella había entrado y se había puesto a salvo.

* Relato oral tradicional recogido hacia 1885. Tomado de P.Delaure y M.L. Tenèsze. Le conte populaire français, Erasme, París, 1957.

** Un hombre-lobo.

Extraído de " Caperucita al desnudo" de Catherine Orenstein. Traducción de Luis Noriega.

1 comentario:

abril en paris dijo...

Lo que te decia. Historias terribles, casi obscenas. Para nada infantiles.
No la conocia tal que así..uff

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