miércoles, 24 de marzo de 2010

CÓMO UN CIRCO MEDIANO...III

III Donde se reúnen los comensales y don Antonio llora sus penas.

1. El mesón Braulio, un restaurante barato con el ambiente ya cargado. En una larga mesa se encuentra don Antonio, rodeado de su troupe casi al completo. Los comensales charlan animadamente. Uno de ellos está haciendo juegos malabares con los panecillos, su plato aún sin empezar. “Pero Rugieri, ¿quieres hacer el favor de sentarte?”, le comenta alguien molesto. “Se te va a enfriar la sopa”, se oye decir en la mesa. “¡Voy! ¡Voy! Ahora enseguida acabo”, responde Rugieri mientras sigue con sus juegos.
“Todos los días igual. ¡Mira que es pesado! Siempre ensayando. Pero si nunca falla”, comenta Federico, el equilibrista.
“¿Me pasas la tortilla?”, pregunta Francisco, el domador. “Comes más que tus tigres”, responde con un fuerte acento gallego Fernando, el trapecista, al tiempo que le pasa el plato. “Lo peor es que huele como ellos”, comenta sarcástico Eduardo. El domador responde mientras mastica “Por lo menos ellos comen y callan”. “Sí, Francisco, ¿pero comen con la boca abierta?”, pregunta Eduardo guiñando un ojo a Fernando, que se ríe con la ocurrencia. Francisco les lanza un panecillo y después sigue comiendo.

2. Don Antonio mira a su derecha, donde está Manuel, su representante, quien viste con traje oscuro, y se distingue de un modo peculiar del resto de la compañía. “Manuel, ¿has conseguido que no nos pongan junto a los feriantes?”, pregunta intranquilo el director. “No, don Antonio. Me ha sido imposible. Los Ayuntamientos ceden el mismo terreno para todos”, responde el representante.
“Es que así no puede ser”, se queja don Antonio, “así no puede ser”. Manuel dice que más tarde tiene una reunión en el Ayuntamiento para ver si pueden darles otra zona. “Pide entonces la plaza del pueblo. Creo que cabría nuestra carpa. Necesitamos atraer a la gente, y al lado de los feriantes, la cosa va a estar difícil. En cambio, en la plaza del pueblo. Eso es otra cosa”, le dice don Antonio.
“Pero, hombre, yo creo que entre montarse en unas barracas de feria y el espectáculo del circo no hay comparación”, señala Martín mientras mordisquea un trozo de pollo. “Ya lo creo. Pero no como tú te imaginas. Mira, Martín, los autos de choque, por ejemplo. Con cinco empleados y no más de cincuenta o sesenta duros de luz al día llegan a ganar quince o veinte mil pesetas diarias”, explica con vehemencia don Antonio. “¿Tanto?”, pregunta Martín algo incrédulo.
Manuel asiente con la cabeza. Don Antonio continúa. “El año pasado, en Carrión de los Condes, cerca de Palencia, un trenecito con cabida para veinte o treinta personas, ganó un domingo 21000 pesetas. Yo pagué 17000 por el terreno y 12000 pesetas de luz por ocho días. El dueño de aquella atracción pagaría una miseria por la luz y 3000 pesetas por todo el terreno. En los ocho días que estuve allí no gané 21000 pesetas ni un solo día”.
“Así que el negocio está en una atracción de ésas”, dice Martín. “¡Y tanto que sí! ¡Ya veis si es sencillo ese aparato! ¡Una bobada!”, exclama don Antonio.

5 comentarios:

lokodatar dijo...

Ya era hora de te colgases chaval..!!

María dijo...

se nota que lo escribiste hace tiempo...por las pesetas. A tus hijos les parecerá del siglo pasado, por lo menos. A mí no me choca tanto, sin embargo.

David dijo...

Pero si lo hubiera escrito ahora también tendría que haber usado lo de las pesetas. Ya verás por qué.

María dijo...

porque es un circo de los tiempos de Miliki, de nuestros tiempos, vamos...lo sé, me he dado cuenta al darle a publicar el comentario.

María dijo...

Dudo que el Circo del Sol tenga problemas económicos, la verdad. ((¿Cuántos circos habrá en el mundo en la actualidad?))

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