sábado, 17 de julio de 2010

EL VALOR DE LAS COSAS.

Cuando era niño solía ir a Alicante para pasar veranos, navidades y demás periodos festivos. Iba con mis tíos y mi primo, aunque en realidad eran los tíos de mi madre, no mis tíos. Pero para que os hagáis una idea de la relación que tenía con ellos, para mí, eran como mi verdadera familia, y a él lo consideraba mi padre.

Mi tío tenía un Renault Gordini, como el de la foto de al lado, pero de color amarillo.
El coche era bastante viejo incluso ya en aquellos años, pero funcionaba perfectamente y nunca dio problemas durante los trayectos. Tal vez porque mi tío, que había sido mecánico de aviones y en su jubilación ejercía de mecánico para los amigos, lo mantenía siempre a punto.

A mí me encantaba aquel coche. ¿Por qué?

Para empezar porque en él viajaba la persona que más quería (y otras dos a las que también quería mucho) y se podía cantar, hablar, comer bocadillos, jugar...
Los trayectos en aquel coche nunca eran aburridos. Si viajábamos de Vitoria a Valencia, pasábamos por Cariñena para comprar moscatel, que bebíamos dentro del coche. Y al contrario que en el coche de mis padres, los bocadillos se podían comer dentro del automóvil, no se paraba y se tenía que salir fuera para no llenar el coche de migas.

Así que como comprenderéis, para mí nunca hubo mejor vehículo que aquel viejo Gordini. Supongo que no hace falta decirlo, pero el valor del vehículo no residía en cuántos kilómetros por hora alcanzaba, su marca, o su diseño...

Lo que nos lleva a...

Ayer, dos señores, a los que llamaremos F y A, me invitaron a cenar en un restaurante de esos de nueva cocina en los que los platos son enormes y las raciones más bien pequeñas (¡pero cómo llenaron al final!). Y digo invitaron por ser amable. En realidad fue una encerrona en toda regla que me dejó bastante sorprendido y que no me esperaba en absoluto.

No estoy acostumbrado a ir de restaurantes, y menos a los de ese tipo.
Algún chino o alguna pizzeria o bocateria de vez en cuando, y a veces alguno de los bares que estaba al lado del almacén donde el menú costaba una séptima u octava parte de lo que debió costar el de anoche.

La cena fue Menú Degustación, y debo confesar que mientras probaba el primer plato, Mejillón con pulpa de tomate picante, algas y jugo de coco y citronela, pensaba por qué me relaciono y tengo que sufrir a gente de gusto tan exquisito, cuando el mío es más bien casero y está claro que jamás llegaré a ser un buen grumete (y sí, sé que ese no es el término adecuado).

Para ser justos, diré que plato a plato la cena fue mejorando progresivamente, y que el postre final, Chocolate, pan de especias y tamarindo, ha sido uno de los mejores postres que he probado en mi vida.

Pero lo importante de esa cena no estaba ni en el sabor de los platos, ni en el precio de los cubiertos (prohibitivo para mis bolsillos y mi criterio)... sino en la presencia de los señores A y F que me acompañaban a la mesa, y a los que agradezco desde aquí que hagan mi vida más agradable (y que me llevaran a un sitio en el que al menos pude sustituir los callos por otro plato).

Supongo que no hace falta decirlo, pero el valor de las cosas muchas veces no tiene nada que ver con ellas.

7 comentarios:

Desclasado dijo...

Yo nunca he comido en un restaurante de esos. De normal no me llama la atención, pero cuando leo algo así me entra curiosidad. Y si es de gratis, mejor, jajajajaja.

"Tú Gordini" equivale al Simca mil (el de la canción de difícil hacer el amor) de mi tío.

Nino Ortea dijo...

¿Llevaste un bocata por si pasabas hambre?
Las pocas veces que he ido a esos sitios, las bocaterias fueron visita obligada.
Ñam, ñam!

Josep dijo...

No vayamos a confundir el valor con el precio de las cosas, David...

Y me quedo curiosón porque apuntas pero no aclaras el concepto de encerrona: ¿acabaste fregando los platos o qué?

Un abrazo.

PEPE CAHIERS dijo...

Mi tio siempre tuvo Gordinis y desde entonces ando buscando una reproducción a escala.

David dijo...

-Desclasado: Para mí ha sido la primera vez.

- Nino: No pasé hambre. Más bien al revés.

- Josep: No confundo el valor con el precio de las cosas, lo que pretendía distinguir es el valor de las cosas del valor de las personas con las que las asociamos. Lo otro ya te ha quedado claro.

-Pepe: Desde que lo perdí con 14 años, a veces ando buscando a mi tío... el Gordini me da igual.

Un saludo a todos.

María dijo...

Broma facil: ¿por eso ahora mantienes tu línea gordini?
por los recuerdos... ¡¡por la hora bocata y cocacola a cualquier hora!!

PAblo dijo...

Bonito recuerdo de infancia...Muy emotivo tus recuerdos que dejan constancia que a pesar de todo tu tío nunca te ha dejado del todo.

Respecto a lo del restaurante, no sé... Si la invitación se hizo de buena fé -no me queda muy claro lo que comentas sobre la encerrona- quedate con el gesto de amistad más allá que vaya con tus gustos o no.

Probar sitios nuevos no está mal. Siempre exite la posibilidad de que te gusten...

Impacientes Saludos.

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