jueves, 11 de noviembre de 2010

¿SÓLO EL DINERO HACE QUE EL MUNDO GIRE?

Hace ya más de una década, un amigo y yo presentamos un proyecto a una productora de televisión. Era bastante ambicioso... Ni más ni menos que una serie sobre la Historia del cine de animación. Desde sus inicios, hablando de genios como Winsor Mc Cay, pasando por los cortos de Disney,  la Warner, la Metro, la animación en Europa, en Japón...
Si no recuerdo mal el proyecto se presupuestó en unos diez millones de pesetas (unos 60.000 euros) por episodio... y eran unos 14. La cosa interesaba porque las productoras sabían que eso se podía vender no sólo a nivel autonómico, sino internacional. Pero hacían falta subvenciones para moverlo... no se consiguieron y todo acabó en el olvido (del que lo rescato medianamente con este post).

Recuerdo que mientras se presupuestaban los episodios, la productora comentó que todo lo que íbamos a ahorrar en el coste de los episodios de animación europea, del cine silente y demás, se iba a ir con los episodios de Disney y Warner, porque ellos pedían un millón de pesetas por minuto de animación (6000 euros por si esto lo lee algún joven lector).
Yo no lo entendía porque acababa de ver en algún informativo una noticia de casi cinco minutos llenos de imágenes de películas hablando de no sé qué aniversario de Disney y en mi ignorancia pregunté si habían pagado por emitir esas imágenes. Uno de los de la productora en la que estaba el proyecto me explicó que esas eran imágenes informativas y que era distinto.
De todas formas, cuando insistí en que no entendía por qué las productoras pedían tanto, él zanjó el tema de la siguiente forma.

- Tú quieres ganar dinero con esto, ¿no?

Titubeé un segundo.

- Sí, claro.

- Pues ellos también.

Lo que no le dije y me guardé dentro es que yo no sólo quería ganar dinero. Yo quería aprender, ver montones de películas y cortos de animación, estudiarlos, conocer las vidas de los artistas y creadores que había detrás de ellos... y aunque pueda parecer ridículo, el dinero no era mi motivación principal ( en realidad eran la fama y las chicas (¡ah, no! que entonces ya tenía una).

AÑADIDO: Mi amigo, al igual que yo, también quería ganar dinero. Pero a él tampoco le movía sólo eso, ni le sigue moviendo...   A diferencia de mí, él  al menos hace que otros aprendan y conozcan obras y autores que merecen la pena (aunque a veces eso no le haga ganar dinero, sino hasta perderlo).

lunes, 8 de noviembre de 2010

PENSAMIENTOS ENCADENADOS.

Ayer leí en un periódico el siguiente titular: "Tuve que decidir si se volaba a la cúpula de ETA. Dije no. Y no sé si hice lo correcto." Se me quitaron las ganas de leer el periódico. En realidad siempre tengo pocas ganas de leer el periódico el día que lo compro. Un par de días después lo leo más a gusto.
De todas formas, no entiendo cómo un ex-presidente puede soltar ese tipo de cosas en una entrevista. Si no sabe si hizo lo correcto, ya se lo puedo decir yo desde aquí. Absolutamente.  Lo que me parece incorrecto es comentar algo como eso de esa forma.
Volar a la cúpula de ETA por medios ilegales hubiera sido un acto terrorista que, francamente, a pesar de que todos sabemos que todos los estados tienen sus trapos sucios, habría hecho muy poco por distinguir a unos de otros (desde mi punto de vista, aclaro... no generalizo, y aquí otros podréis disentir).  Además, la muerte de los integrantes de esa cúpula es más que probable que hubiera actuado en el sentido contrario del que se pretendía. Nuevos mártires por la patria vasca y más motivos para que gente se uniera a la "lucha".  De verdad que no entiendo qué sentido tiene soltar estas cosas después de tantos años.

Mitterand autorizó en 1983 el sabotaje de las acciones del Rainbow Warrior de  Greenpeace en su campaña contra los ensayos nucleares franceses en la Polinesia. Hundieron el barco, y Fernando Pereira,  fotógrafo de la organización que se encontraba a bordo falleció.
No sé por qué, pero no me imagino al ex-presidente francés diciendo cosas como " Tuve que decidir si volar el Rainbow Warrior y dije que sí.", etc...

Después cogí el suplemento y me encontré con esta frase publicitaria para anunciar la venta de un libro  de un conocido escritor: "Hay libros que se leen una vez y son buenos. Los hay que se leen varias veces y son muy buenos. Pero algunos te acompañan toda la vida. Ésos son los mejores." Qué bonito, ¿no?
No me lo pareció. No voy a empezar a despotricar en este post contra la publicidad, que es capaz de usar y saquear de donde haga falta, y al contrario de lo que se hace en la red (aunque no siempre), ni se molesta en citar fuentes...pero bueno, os diré de dónde me parece que sacó el ingenioso creatino publicitario su texto.

"Hay hombres que luchan un día, y son buenos. Hay otros que luchan un año, y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son mejores. Pero hay los que que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles." Beltort Brecht

Recordaba esa cita porque era la que introducía una historia del autor Dick Matena en su álbum Mitos..  Ayer pensaba haceros una pequeña reseña sobre este más que interesante cómic  (que mucho me temo que sólo lo encontraréis de saldo, pues es de 1988)... pero mientras buscaba imágenes para ilustrar la entrada, di con una reseña que me pareció más que adecuada y me evitaba el trabajo. La podéis encontrar en este enlace (eso sí, para mí la historia de Alfred Hitchcock no flojea, y es tan buena como las del resto del álbum).


Como no es cuestión de recomendaros un tebeo  que tal vez no podáis encontrar, me he permitido la libertad de traeros la historia que introducía la cita de Bretch. Es sobre John Lennon, y es la única que he encontrado completa en la red (no busquéis motivos extraños).

El texto está en inglés (sorry), pero la historia me parece que se entiende perfectamente. Y si no, siempre podéis mirar los dibujos. Unos dibujos que a mí me encantan, de un autor con escasa obra publicada. Jamás entendí la historieta serializada de ciencia-ficción que publicó en Ilustración + Comix Internacional (no la publicaron en álbum) y no adquirí el de Miguitas en su día (algún día).

Pinchando en las imágenes, se amplían.













 Añadido: Aprovecho también para deciros que hoy he empezado a trabajar... y que es probable que no pueda visitaros tan a menudo como suelo hacerlo.

jueves, 4 de noviembre de 2010

14 AÑOS ESPERANDO A ROBERT DOISNEAU

En 1996, durante alguno de los días entre el  7  de marzo y el 25 de abril de 1996 pude ver  una exhibición de fotografías de Robert Doisneau (a la derecha, fotografiado por su colega Henri Cartier-Bresson; otro que por cierto también tiene biografía de  Pierre Assouline). La exposición estaba patrocinada por la fundación de una caja que no merece la pena nombrar.


En aquella ocasión sólo pude coger el folleto de la muestra. Un tríptico con el típico texto biográfico y algunas fotografías del artista. Pocas, la verdad.

En el folleto me decían  que "Doisneau (Gentilly,1912- Paris 1994) es uno de los grandes fotógrafos de este siglo y su trabajo, ampliamente publicado y expuesto, ha merecido tanto el reconocimiento de los expertos como el aplauso del gran público." Y seguía con algunos apuntes biográficos de su vida.
Quise comprarme el catálogo de la exhibición, pero supongo que rondaría lo que ahora serían unos 30 euros, y  pasé. Eso sí...Me quedé con el folleto como recuerdo. Algunas veces lo encontraba metido entre las hojas del algún libro y lo miraba otra vez, con pena por no haber cogido aquel catálogo (me hacen gracia aquellas personas que no se arrepienten de nada en su vida).
Pero ¿quién me iba a decir que me encontraría el catálogo en perfecto estado mientras trabajaba en la papelera? Ah!

Os dejo con algunas de las  fotos que aparecen  en el catálogo. Otro día colgaré algunas más. De todas formas, es curioso... las fotografías del libro tienen un tono más oscuro, apagado, que algunas que he encontrado en internet, como esta que os repito  de Les enfants de la place Hebert, de 1957.  Es la foto de portada del catálogo, y es mucho más oscura...  y además aquí, en las dos versiones que os traigo, está cortada. En una por la izquierda y en la otra por la derecha.  ¿Por  qué qué no colgarán las fotos respetando la imagen original?

Por cierto... No me digáis en los comentarios que la famosa foto del beso estaba preparada. A mí me gusta. Es más, me encantaría que mi chica o mi hijos  prepararan unos cuantos besos a lo largo del día que tener que esperar a que les surja dármelos de forma espontánea. A ese paso, os aseguro que no habría foto.



Voyageurs san bagage, 1942

La voiture fondue, 1944
"Au Bon Coin", 1945

L'innocent, 1949
Le vélo de Tati, 1949
Le baiser de l'Hôtel de Ville, 1950

Les petits pains de Picasso, 1952
L'enfer, 1952
Le nez au carreau, 1953



















Le manège de Monsieur Barré, 1955



miércoles, 3 de noviembre de 2010

EL ARTISTA INTERIOR

El huésped de aquel hostal barato miró a través de la ventana.  La lluvia caía de tal modo que se sorprendió al ver a un viejo tocando lo que parecía una flauta, aunque él desde allí no podía oír nada excepto el fuerte sonido del agua golpeando contra el cristal. Quizás el viejo había sido un famoso músico que en estos duros años se veía obligado a tocar en las calles, pensó.

Sonaba una vieja canción popular. El músico estaba asombrado  y agradecido por los continuos y entusiásticos aplausos que el público le ofrecía por su interpretación.

El huésped no lo entendía. El viejo ya no tocaba, ahora estaba haciendo reverencias. Pero no había nadie más allí aparte de él.

El músico comenzó a interpretar de nuevo con una renovada pasión. Jamás había sonado mejor la suite en mi menor número 1, para dos flautas y cuerda de Telemann, ni había
tenido semejante intérprete tan distinguido público. Los aplausos aumentaron hasta tal extremo, que el músico apenas podía escucharse y se vio obligado a cesar su actuación. Guardó su instrumento y salió del escenario ante la continua lluvia de aplausos.

El viejo se dirigió al mismo hostal barato que ocupaba el huésped. Éste, al verlo entrar, salió de su habitación, bajó las escaleras y se reunió en la pequeña sala de recepción con el viejo, que se encontraba totalmente empapado.

-Perdone...

El viejo miró al huésped.

-Le he visto tocando la flauta desde mi ventana durante un buen rato, pero no podía oír la música. ¿Le importaría tocar algo para mí, por favor? - preguntó el huésped, al tiempo que le enseñaba unas monedas.

-Estoy muy cansado. Quizás en otro momento.

Fuera, había dejado de llover. El viejo entró en la habitación que ocuparía aquella única noche. Abrió su maleta, sacó de ésta un palo tallado y se lo llevó a los labios.

La música empezó a sonar de nuevo. Ya no había aplausos, pero los ronquidos del huésped eran un buen acompañamiento rítmico. El músico improvisó una pieza de jazz.

lunes, 1 de noviembre de 2010

HERGÉ

HERGÉ
Pierre Assouline
Destino
Después de hacerse famoso con una biografía de Simenon, estaba claro que Pierre Assouline lo tenía difícil para repetir el golpe. Cuando has contado los hechos y obras del gran patriarca de las letras nacionales, sólo te queda dirigir tu mirada hacia otro icono cultural de la misma categoría. Quizás fuera este pensamiento el que animó al autor a emprender la tarea de indagar en la historia del otro gran belga universal, y no estoy hablando de Eddy Merckx precisamente.
Todos los tintinófilos (la legión completa) tendremos que agradecérselo eternamente, porque esta biografía de Hergé que Assouline publicó en 1996 y que Destino ha traducido al español a finales del año pasado se revela desde la primera página como definitiva, como la biografía de Hergé que servirá de punto de referencia para siempre. El autor no sólo ha contado con el beneficio de los miles de trabajos que le han precedido, sino que ha podido consultar libremente los archivos secretos del historietista, accediendo a informaciones y declaraciones que hasta ahora habían permanecido ignoradas, como es el caso de las transcripciones completas originales de las famosas cintas que Numa Sadoul grabó en 1971 y que, severamente corregidas por el padre de Tintín, acabarían publicándose en el libro Entretiens avec Hergé. Esta biografía no es una biografía dictada por la celosa Fundación Hergé, sino animada por una Fundación Hergé que “me ofreció su ayuda sin reservas ni contrapartidas. Como si sus responsables hubieran estimado que había llegado el momento de extirpar el tumor, de no dejar planear la duda sobre un período oscuro de su vida, y de disipar el malentendido de otra parte de su obra. A lo largo de mi investigación no me negaron su apoyo en ningún momento. Estaban convencidos de que la exposición rigurosa y la revelación más neutra posible de las famosas “verdades que es mejor no divulgar” eran preferibles a la insinuación, la alusión y la sospecha permanente” (pág. 12). La obra reúne, pues, la profundidad documental y la voluntad reveladora, dos herramientas decisivas cuando quien las maneja posee el talento y la experiencia de Assouline.

Pero si para los tintinófilos carecer de este Hergé debería ser equivalente a carecer de La oreja rota, para cualquier aficionado a la historieta se trata de un libro necesario, ya que plantea un apasionante viaje a través no sólo de la vida y obra de uno de los tres grandes fundadores del tebeo comercial moderno en el mundo (junto a Osamu Tezuka en Japón y Jack Kirby en América), sino también a lo largo de cinco décadas del cómic europeo. A menudo, Hergé es simplemente una atalaya desde la que contemplamos el nacimiento de las viñetas en los albores del siglo, el desarrollo de los suplementos juveniles de prensa en entreguerras, el despliegue del gran cómic franco-belga de posguerra, el duelo de los semanarios que dieron albergue a tantos genios de la historieta europea (y que tanto influyeron en nuestros tebeos bien directamente, bien indirectamente mediante las publicaciones de Bruguera), el cambio de guardia traído por Pilote...


Por supuesto, eso es sólo uno de los argumentos que se desarrollan sobre una pantalla que retrata con enérgica claridad el marco político y social en el que se desarrolla la vida de la comunidad de historietistas. Así, en Hergé viajamos de lo particular a lo gremial, de lo gremial a lo nacional, y de lo nacional a lo universal en trayectos continuos de ida y vuelta, haciendo paradas que no se deben a un cambio de perspectiva, sino al seguimiento de los hilos conductores que unen el tablero de dibujo de Hergé con el traumático final del colonialismo europeo, el ascenso del fascismo, el gran conflicto global o los rencores con los que se reconstruye un país liberado. Resulta así obvio que la presente descomposición de las ideologías se puede detectar incluso en detalles tan aparentemente nimios como la falta de relación de nuestros actuales autores con su entorno, completamente encerrados en un ombliguismo devorador que se sitúa en las antípodas de la relación continua de retroalimentación existente entre Hergé, autor de tebeos juveniles al fin y al cabo, y sus circunstancias privadas e históricas. Mientras que Tintín está en la mitad de las corrientes de su época, nuestro cómic actual parece haberse apeado de ese viaje.

Por supuesto, establecer estas relaciones sólo está al alcance de un investigador ajeno al mundo del cómic, y por tanto a las miserias, insuficiencias, torpezas y limitaciones de los que pasan por críticos o entendidos en este mundillo. Es en ocasiones como ésta en las que más dolorosamente obvia se hace la distancia que separa la risible aportación teórica que ha producido la historieta en su ya larga existencia de la que han producido otros medios. Si es menor el número de grandes obras dejadas por el cómic en comparación con las dejadas por el cine o la literatura, al entrar en el terreno de las obras sobre es cuando resulta escandalosamente obvio que hablar de tebeos es, aún y antes que nada, hablar de entretenimiento infantil y basura comercial. Precisamente es sólo Hergé quien parece capaz de inspirar algo más, pero siempre a investigadores y proyectos nacidos fuera de la comunidad viñetera.



 Esa proliferación de exégesis tintinescas no arredra a Assouline (al contrario, le beneficia al darle abundante materia prima de trabajo), que divide la vida de Hergé en tres grandes bloques. El primero, Certidumbres, abarca desde el nacimiento de Georges Remi en Bruselas el 22 de mayo de 1907 hasta su “edad de oro”, en 1944. Un tabú pesaría sobre el futuro Hergé desde antes de su nacimiento: la identidad del abuelo paterno. Su abuela, Marie Dewigne, fue madre soltera de dos gemelos, Alexis (el padre de Hergé) y Léon, que adoptarían el apellido Remi al casarse Marie con Philippe, un tipógrafo. Marie había servido de doncella con la condesa Hélène Errembault de Dudzede, y a menudo se atribuye orígenes reales (Leopoldo II) o aristocráticos (el conde Gaston) a los vástagos de Marie. En todo caso, será uno de los grandes silencios que pesarán sobre la vida de Georges y que contribuirán, quizás, a producir en él esa inhibición de la que no se librará jamás y que tantas amarguras acabará provocándole. Asistimos aquí a su orientación hacia grupos conservadores de manera casi involuntaria, a partir de su ingreso infantil en los scouts, que será el ingreso en una cadena que le llevará a un periódico de catolicismo militante, Le Vingtième Siècle, de fácil antisemitismo y donde “uno puede eventualmente perderse una información de política extranjera, equivocarse al montar las columnas, o dejar pasar alguna falta de ortografía o un gazapo. Pero no se consiente el publicar algo relativo a los hábitos, usos y costumbres que hayan sido condenados por los obispos” (pág. 27). Allí recibirá la primera influencia de su vida, una de las más duraderas (no renegará jamás de ella) e intensas, la del abate Norbert Wallez, al que se podría calificar benévolamente de fascistoide. También llegan entonces las primeras influencias artísticas decisivas, a través de los periódicos que remite Léon Degrelle (enviado especial del Vingtième Siécle) desde México, donde el joven Georges se empapa de americanos como Herriman, Dirks, y muy especialmente, el George McManus de Bringing Up Father. Es en esta época cuando nace Tintín, cuyas dos primeras páginas se publican el 10 de enero de 1929 en Le Petit Vingtième, el suplemento infantil de Le Vingtième Siécle. El éxito de Tintín, cuyo modelo real más aproximado sería el famoso periodista belga Albert Londres, es instantáneo. Los años siguientes, a la par que en Bélgica aumenta la propaganda pro-nazi (a la que no es ajena Le Vingtiéme Siécle), Hergé, “en armonía con las ideas desarrolladas en su entorno” (pág. 52) sigue produciendo nuevos álbumes, se casa con Germaine Kieckens en un matrimonio predestinado al fracaso (“Nos casamos por causa del abate, porque nuestras dos vidas se correspondían. Pero nunca sentí un amor loco por Georges. No era de mi estilo” pág. 57), establece contacto con Casterman (1934) y recibe la segunda gran influencia de su vida, la de su gran amigo Tchang Tchong Jen de la que saldrá su primera gran obra, El Loto Azul. Al mismo tiempo que crece el Hergé artista, brilla más intensa la estrella del totalitarismo en Europa, proyectada en Bélgica en el partido católico reaccionario Rex de Degrelle. Hergé desea pasarse al Pays réel, el periódico rexista, pero su intrínseca tibieza le impide tomar ninguna decisión. La ocupación alemana divide el país en 1940. Éste es uno de los momentos clave en la trayectoria de Hergé, que dirigirá Le Soir-Jeunesse, suplemento juvenil de Le Soir, periódico “robado”, que es la calificación que la Resistencia aplica a la prensa que sigue publicándose bajo control nazi. Hergé no le da ningún significado político a su postura: “Me dedicaba a trabajar, eso es todo. Como trabajaba un minero, un cobrador de tranvía o un panadero. Pero mientras que se veía normal que un maquinista hiciera mover un tren, los hombres de la prensa eran tachados de traidores” (pág. 127). ¿Y cómo va a sacrificar su carrera Hergé cuando está en pleno apogeo? El trabajo se le acumula; además de Tintín (El cangrejo de las pinzas de oro, La estrella misteriosa, El secreto del Unicornio), le llueven los encargos publicitarios, de ilustración y de diseño, y emprende entonces la adaptación de sus viejos álbumes al formato de 62 páginas a color. Para hacer frente a los compromisos, contrata a su primera ayudante, Alice Devos, pero necesita algo más. En 1942 tiene otro de los encuentros decisivos de su vida, con Edgar P. Jacobs, tres años mayor que él.

El segundo bloque, Soledad, cubre desde la Liberación, en 1944, hasta el final de su penitencia por colaboracionista, en 1950. Al igual que a muchos de sus amigos y colaboradores, a Hergé le esperan años de oprobio y persecución, marcado con la infame señal del traidor. Son años no sólo de vergüenza, sino de temor por la vida. Las purgas aplican cadenas perpetuas e incluso penas de muerte a muchos de los camaradas de Georges Remi, que se ve obligado a retirarse de la actividad y cae en un estado de infelicidad del que ya no logrará desasirse durante el resto de sus días. Al rescate del dibujante acuden los jóvenes Raymond Leblanc y Pierre Ugeux, que le restituyen a la vida pública gracias a sus intachables credenciales en la Resistencia y a su interés por utilizarle como mascarón de proa de una nueva revista, el semanario Tintín, que aparecerá el 26 de septiembre de 1946. Así se inicia una dura competencia con las revistas de la época, como Coeurs Vaillants, Vaillant, y muy especialmente Spirou, donde, además de las aventuras del osado botones, también se publican series como Lucky Luke o Buck Danny. La difícil coexistencia entre Hergé y Jacobs llega a su fin en 1947. Hergé necesita que el padre de Blake y Mortimer le dedique todo su tiempo. Jacobs se lo piensa y acepta con una condición: firmar los álbumes de Tintín a medias. Hergé se niega. 1948 ve el lanzamiento de la edición francesa de Tintín, editada por ediciones Lombard y el joven Georges Dargaud, asociados al 50%. Al mismo tiempo, su distanciamiento de Germaine es cada vez más irremediable. A un amigo le confiará:
- Si tuviera el valor para hacerlo, debería cambiar todo...
- ¿Todo, qué?
- Pues todo. Todo... Mi trabajo, mis amigos, mi forma de enfrentarme a las cosas en general... (pág. 225).
          En el tercer segmento, Plenitud, vemos a Hergé convertido ya en una leyenda universal. El punto de arranque de esta etapa es el establecimiento de los Studios Hergé en 1950, estudios donde los dos pilares básicos serán Bob de Moor y Jacques Martin. “Bob de Moor sabrá que es su colaborador más próximo el día que comparando dos dibujos idénticos de locomotoras con Tintín como único personaje, Hergé se declarará incapaz de distinguir el suyo del de Bob de Moor” (pág. 243). Será precisamente en los Studios donde cambiará su vida, pues gracias a ellos conocerá a Fanny Vlamynck, una espectacular colorista de 21 años contratada en 1956 con la que tardará apenas cinco meses en iniciar relaciones. Mientras la transformación de Hergé en mito cultural se confirma con la aparición del primer libro sobre su obra (Le Monde de Tintin, de Pol de Vandromme, 1959), la vida de Georges Remi es un infierno de mentiras. Durante tres años vive con Fanny sin abandonar a Germaine. La presión acumulada sale a flote en esa metáfora psicológica que es Tintín en el Tíbet (1958), donde se enfrenta a la dolorosa pureza del blanco para purificar su propia alma. Cuando en 1960 se publica el álbum, Hergé se separa de Germaine para irse a vivir con Fanny.
            A partir de ahí, y hasta el resto de su vida, sólo le queda recibir, en un proceso paralelo al vivido por Hitchcock, el reconocimiento de la progresía intelectual, que ve en él a un artista donde antes sólo había un artesano, y que saluda con albricias la aparición de la filigrana conceptual de Las joyas de la Castafiore (1963). Pero Hergé ya no da para más. Los nuevos tiempos pertenecen al arrollador Asterix, y sus espaciadas y desangeladas réplicas (Vuelo 714 para Sidney, Tintín y los pícaros) son un deslucido broche para una obra tan monumental. En olor de santidad casi, lamentando no haber podido ser un pintor importante como sus admirados Hockney, Noland, Rauschenberg o Warhol, reconfortado por su reencuentro con Tchang en 1981, 47 años después de su despedida, frustrado por sus infructuosos contactos con Spielberg, Hergé muere en 1983 dejando el legado de una vida y una obra cuya influencia y magnitud parecen agigantarse cada año que pasa.
            Consideren este resumen únicamente el fugaz trailer de la apasionante historia que es su biografía.

Texto de Santiago García (Mandorla), publicado en la revista "U el hijo de Urich" nº9  (marzo 1998)  bajo el nombre de Trajano Bermúdez.    Le agradezco desde aquí que me haya  permitido rescatarlo y espero que lo disfrutéis.

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