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domingo, 30 de octubre de 2011

AQUÍ NO ESTÁN LAS AVENTURAS DE TINTÍN

Podía haber sido peor.
Mi mujer suele decir a veces que soy un inmaduro y que tengo cosas de niño de primaria.  Y el caso es que ayer me quedé con las ganas de saber qué hubiera dicho del espectador con el que me tocó compartir asiento en el cine.

Y es que mi hija y yo fuimos a ver "Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio", y al llegar y sentarnos, el  mencionado  espectador nos ofreció muy amablemente palomitas. Le dimos las gracias y mi hija cogió unas pocas. Pero el hombre insistió como cuatro veces más para que siguiéramos cogiendo... que él no las iba a acabar, que eran demasiadas...  Su mujer, sentada a su izquierda, le llamaba "suavemente" la atención como para que no molestara. Él bromeaba poniéndola mal: "Es una tacaña. Las quiere para ella. No me deja"   Y después, y sin habernos presentado me preguntó a bocajarro: "¿Eres tintinófilo?"  A lo que respondí que no. Me miró como decepcionado. Dije que los había leído y que los tenía pero que no me consideraba tintinófilo. No tenía "Tintín y el Arte Alpha" (todavía);  Él sonrió y preguntó cuándo había empezado a leerlos.  "Como a los ocho o nueve años." respondí.

Y se acabaron los trailers y empezó la película, y el hombre dejó de hablar. Pero nada más terminar unos estupendos títulos de crédito, dijo emocionado: "¡Hergé! ¡Es Hergé!"... Me temí lo peor... Y lo cierto es que apenas medio minuto de película empezó a decir: "No, no...", para seguir cada treinta segundos con su no, no. Su mujer le mandaba callar, y yo también le hice una señal de que permaneciera en silencio. Pero daba igual.  Por suerte... a los tres minutos de película, sacó el móvil y empezó a jugar con él.  No sé si estaba escribiendo a alguien comentando la desilusión que se había llevado con la película, si miraba viejos mensajes, o si jugaba con el aparato... Traté de olvidarme de él y centrarme en la película. En la película de Spielberg, no en el tebeo de Hergé. Ese lo tenía en casa. Y esto era otra cosa.

 Si queréis encontrar al Tintín de vuestra infancia o sois tintinófilos, es probable que acabéis como el espectador que tenía al lado y salgáis decepcionados de la sala. Si vais a ver la película sin pensar en todo momento que está "traicionando" la obra de Hergé, es probable que paséis un buen rato. Porque os encontraréis con una película de aventuras, apta para todos los públicos, entretenida, y que se ve con agrado. Sin más.

Y ahí está el problema... que tal vez, yo le pediría algo más. Ese algo más que por ejemplo ofrecen las películas de Pixar.

Porque desde que vi las primeras imágenes de lo que iba a ser la película, no me temía nada bueno. Y es que el aspecto gráfico de las producciones Dreamworks no me suele convencer. Sus películas tienen un diseño de personajes y un "acabado" gráfico  mucho menos logrado que el de las de Pixar...  Y si bien empezada la película te habitúas a los personajes, me queda la duda de cómo hubiera resuelto esta adaptación alguien como Brad Bird, por ejemplo, que ya con el diseño de personajes de Los increíbles me parece más cercano al universo gráfico de Hergé.

Pero esta película la dirige Steven Spielberg, director de algunas películas que me impresionaron y enamoraron tanto en mi niñez, como en mi adolescencia o en mi ¿madurez? (recuerden lo que dice mi mujer)...

... y más allá del aspecto gráfico de la película (mejorable, en mi opinión), de la fidelidad o infidelidad hacia la obra de Hergé (¿eres tintinófilo?), del guión ( demasiado "ligero", a pesar del "mensaje" metido con calzador de Haddock;  me sobran unas cuantas escenas, como la pelea de grúas, por ejemplo), de algunas escenas muy bien resueltas (la persecución del halcón) o de la sensación de que estaba viendo cosas de sus viejas películas continuamente (¿por qué no hacía más que pensar en Indiana Jones en ciertos momentos?)... estamos hablando de Steven Spielberg.  Incluso sus malas películas (y no me hagan recordar lo de la calavera de cristal) se dejan ver.  Como esta.

PD: Si me animé a ver la película fue por la reseña que hizo Jero, que no es tintinófilo, y a quien la película de Spielberg le gustó más que a mí: Aquí

lunes, 1 de noviembre de 2010

HERGÉ

HERGÉ
Pierre Assouline
Destino
Después de hacerse famoso con una biografía de Simenon, estaba claro que Pierre Assouline lo tenía difícil para repetir el golpe. Cuando has contado los hechos y obras del gran patriarca de las letras nacionales, sólo te queda dirigir tu mirada hacia otro icono cultural de la misma categoría. Quizás fuera este pensamiento el que animó al autor a emprender la tarea de indagar en la historia del otro gran belga universal, y no estoy hablando de Eddy Merckx precisamente.
Todos los tintinófilos (la legión completa) tendremos que agradecérselo eternamente, porque esta biografía de Hergé que Assouline publicó en 1996 y que Destino ha traducido al español a finales del año pasado se revela desde la primera página como definitiva, como la biografía de Hergé que servirá de punto de referencia para siempre. El autor no sólo ha contado con el beneficio de los miles de trabajos que le han precedido, sino que ha podido consultar libremente los archivos secretos del historietista, accediendo a informaciones y declaraciones que hasta ahora habían permanecido ignoradas, como es el caso de las transcripciones completas originales de las famosas cintas que Numa Sadoul grabó en 1971 y que, severamente corregidas por el padre de Tintín, acabarían publicándose en el libro Entretiens avec Hergé. Esta biografía no es una biografía dictada por la celosa Fundación Hergé, sino animada por una Fundación Hergé que “me ofreció su ayuda sin reservas ni contrapartidas. Como si sus responsables hubieran estimado que había llegado el momento de extirpar el tumor, de no dejar planear la duda sobre un período oscuro de su vida, y de disipar el malentendido de otra parte de su obra. A lo largo de mi investigación no me negaron su apoyo en ningún momento. Estaban convencidos de que la exposición rigurosa y la revelación más neutra posible de las famosas “verdades que es mejor no divulgar” eran preferibles a la insinuación, la alusión y la sospecha permanente” (pág. 12). La obra reúne, pues, la profundidad documental y la voluntad reveladora, dos herramientas decisivas cuando quien las maneja posee el talento y la experiencia de Assouline.

Pero si para los tintinófilos carecer de este Hergé debería ser equivalente a carecer de La oreja rota, para cualquier aficionado a la historieta se trata de un libro necesario, ya que plantea un apasionante viaje a través no sólo de la vida y obra de uno de los tres grandes fundadores del tebeo comercial moderno en el mundo (junto a Osamu Tezuka en Japón y Jack Kirby en América), sino también a lo largo de cinco décadas del cómic europeo. A menudo, Hergé es simplemente una atalaya desde la que contemplamos el nacimiento de las viñetas en los albores del siglo, el desarrollo de los suplementos juveniles de prensa en entreguerras, el despliegue del gran cómic franco-belga de posguerra, el duelo de los semanarios que dieron albergue a tantos genios de la historieta europea (y que tanto influyeron en nuestros tebeos bien directamente, bien indirectamente mediante las publicaciones de Bruguera), el cambio de guardia traído por Pilote...


Por supuesto, eso es sólo uno de los argumentos que se desarrollan sobre una pantalla que retrata con enérgica claridad el marco político y social en el que se desarrolla la vida de la comunidad de historietistas. Así, en Hergé viajamos de lo particular a lo gremial, de lo gremial a lo nacional, y de lo nacional a lo universal en trayectos continuos de ida y vuelta, haciendo paradas que no se deben a un cambio de perspectiva, sino al seguimiento de los hilos conductores que unen el tablero de dibujo de Hergé con el traumático final del colonialismo europeo, el ascenso del fascismo, el gran conflicto global o los rencores con los que se reconstruye un país liberado. Resulta así obvio que la presente descomposición de las ideologías se puede detectar incluso en detalles tan aparentemente nimios como la falta de relación de nuestros actuales autores con su entorno, completamente encerrados en un ombliguismo devorador que se sitúa en las antípodas de la relación continua de retroalimentación existente entre Hergé, autor de tebeos juveniles al fin y al cabo, y sus circunstancias privadas e históricas. Mientras que Tintín está en la mitad de las corrientes de su época, nuestro cómic actual parece haberse apeado de ese viaje.

Por supuesto, establecer estas relaciones sólo está al alcance de un investigador ajeno al mundo del cómic, y por tanto a las miserias, insuficiencias, torpezas y limitaciones de los que pasan por críticos o entendidos en este mundillo. Es en ocasiones como ésta en las que más dolorosamente obvia se hace la distancia que separa la risible aportación teórica que ha producido la historieta en su ya larga existencia de la que han producido otros medios. Si es menor el número de grandes obras dejadas por el cómic en comparación con las dejadas por el cine o la literatura, al entrar en el terreno de las obras sobre es cuando resulta escandalosamente obvio que hablar de tebeos es, aún y antes que nada, hablar de entretenimiento infantil y basura comercial. Precisamente es sólo Hergé quien parece capaz de inspirar algo más, pero siempre a investigadores y proyectos nacidos fuera de la comunidad viñetera.



 Esa proliferación de exégesis tintinescas no arredra a Assouline (al contrario, le beneficia al darle abundante materia prima de trabajo), que divide la vida de Hergé en tres grandes bloques. El primero, Certidumbres, abarca desde el nacimiento de Georges Remi en Bruselas el 22 de mayo de 1907 hasta su “edad de oro”, en 1944. Un tabú pesaría sobre el futuro Hergé desde antes de su nacimiento: la identidad del abuelo paterno. Su abuela, Marie Dewigne, fue madre soltera de dos gemelos, Alexis (el padre de Hergé) y Léon, que adoptarían el apellido Remi al casarse Marie con Philippe, un tipógrafo. Marie había servido de doncella con la condesa Hélène Errembault de Dudzede, y a menudo se atribuye orígenes reales (Leopoldo II) o aristocráticos (el conde Gaston) a los vástagos de Marie. En todo caso, será uno de los grandes silencios que pesarán sobre la vida de Georges y que contribuirán, quizás, a producir en él esa inhibición de la que no se librará jamás y que tantas amarguras acabará provocándole. Asistimos aquí a su orientación hacia grupos conservadores de manera casi involuntaria, a partir de su ingreso infantil en los scouts, que será el ingreso en una cadena que le llevará a un periódico de catolicismo militante, Le Vingtième Siècle, de fácil antisemitismo y donde “uno puede eventualmente perderse una información de política extranjera, equivocarse al montar las columnas, o dejar pasar alguna falta de ortografía o un gazapo. Pero no se consiente el publicar algo relativo a los hábitos, usos y costumbres que hayan sido condenados por los obispos” (pág. 27). Allí recibirá la primera influencia de su vida, una de las más duraderas (no renegará jamás de ella) e intensas, la del abate Norbert Wallez, al que se podría calificar benévolamente de fascistoide. También llegan entonces las primeras influencias artísticas decisivas, a través de los periódicos que remite Léon Degrelle (enviado especial del Vingtième Siécle) desde México, donde el joven Georges se empapa de americanos como Herriman, Dirks, y muy especialmente, el George McManus de Bringing Up Father. Es en esta época cuando nace Tintín, cuyas dos primeras páginas se publican el 10 de enero de 1929 en Le Petit Vingtième, el suplemento infantil de Le Vingtième Siécle. El éxito de Tintín, cuyo modelo real más aproximado sería el famoso periodista belga Albert Londres, es instantáneo. Los años siguientes, a la par que en Bélgica aumenta la propaganda pro-nazi (a la que no es ajena Le Vingtiéme Siécle), Hergé, “en armonía con las ideas desarrolladas en su entorno” (pág. 52) sigue produciendo nuevos álbumes, se casa con Germaine Kieckens en un matrimonio predestinado al fracaso (“Nos casamos por causa del abate, porque nuestras dos vidas se correspondían. Pero nunca sentí un amor loco por Georges. No era de mi estilo” pág. 57), establece contacto con Casterman (1934) y recibe la segunda gran influencia de su vida, la de su gran amigo Tchang Tchong Jen de la que saldrá su primera gran obra, El Loto Azul. Al mismo tiempo que crece el Hergé artista, brilla más intensa la estrella del totalitarismo en Europa, proyectada en Bélgica en el partido católico reaccionario Rex de Degrelle. Hergé desea pasarse al Pays réel, el periódico rexista, pero su intrínseca tibieza le impide tomar ninguna decisión. La ocupación alemana divide el país en 1940. Éste es uno de los momentos clave en la trayectoria de Hergé, que dirigirá Le Soir-Jeunesse, suplemento juvenil de Le Soir, periódico “robado”, que es la calificación que la Resistencia aplica a la prensa que sigue publicándose bajo control nazi. Hergé no le da ningún significado político a su postura: “Me dedicaba a trabajar, eso es todo. Como trabajaba un minero, un cobrador de tranvía o un panadero. Pero mientras que se veía normal que un maquinista hiciera mover un tren, los hombres de la prensa eran tachados de traidores” (pág. 127). ¿Y cómo va a sacrificar su carrera Hergé cuando está en pleno apogeo? El trabajo se le acumula; además de Tintín (El cangrejo de las pinzas de oro, La estrella misteriosa, El secreto del Unicornio), le llueven los encargos publicitarios, de ilustración y de diseño, y emprende entonces la adaptación de sus viejos álbumes al formato de 62 páginas a color. Para hacer frente a los compromisos, contrata a su primera ayudante, Alice Devos, pero necesita algo más. En 1942 tiene otro de los encuentros decisivos de su vida, con Edgar P. Jacobs, tres años mayor que él.

El segundo bloque, Soledad, cubre desde la Liberación, en 1944, hasta el final de su penitencia por colaboracionista, en 1950. Al igual que a muchos de sus amigos y colaboradores, a Hergé le esperan años de oprobio y persecución, marcado con la infame señal del traidor. Son años no sólo de vergüenza, sino de temor por la vida. Las purgas aplican cadenas perpetuas e incluso penas de muerte a muchos de los camaradas de Georges Remi, que se ve obligado a retirarse de la actividad y cae en un estado de infelicidad del que ya no logrará desasirse durante el resto de sus días. Al rescate del dibujante acuden los jóvenes Raymond Leblanc y Pierre Ugeux, que le restituyen a la vida pública gracias a sus intachables credenciales en la Resistencia y a su interés por utilizarle como mascarón de proa de una nueva revista, el semanario Tintín, que aparecerá el 26 de septiembre de 1946. Así se inicia una dura competencia con las revistas de la época, como Coeurs Vaillants, Vaillant, y muy especialmente Spirou, donde, además de las aventuras del osado botones, también se publican series como Lucky Luke o Buck Danny. La difícil coexistencia entre Hergé y Jacobs llega a su fin en 1947. Hergé necesita que el padre de Blake y Mortimer le dedique todo su tiempo. Jacobs se lo piensa y acepta con una condición: firmar los álbumes de Tintín a medias. Hergé se niega. 1948 ve el lanzamiento de la edición francesa de Tintín, editada por ediciones Lombard y el joven Georges Dargaud, asociados al 50%. Al mismo tiempo, su distanciamiento de Germaine es cada vez más irremediable. A un amigo le confiará:
- Si tuviera el valor para hacerlo, debería cambiar todo...
- ¿Todo, qué?
- Pues todo. Todo... Mi trabajo, mis amigos, mi forma de enfrentarme a las cosas en general... (pág. 225).
          En el tercer segmento, Plenitud, vemos a Hergé convertido ya en una leyenda universal. El punto de arranque de esta etapa es el establecimiento de los Studios Hergé en 1950, estudios donde los dos pilares básicos serán Bob de Moor y Jacques Martin. “Bob de Moor sabrá que es su colaborador más próximo el día que comparando dos dibujos idénticos de locomotoras con Tintín como único personaje, Hergé se declarará incapaz de distinguir el suyo del de Bob de Moor” (pág. 243). Será precisamente en los Studios donde cambiará su vida, pues gracias a ellos conocerá a Fanny Vlamynck, una espectacular colorista de 21 años contratada en 1956 con la que tardará apenas cinco meses en iniciar relaciones. Mientras la transformación de Hergé en mito cultural se confirma con la aparición del primer libro sobre su obra (Le Monde de Tintin, de Pol de Vandromme, 1959), la vida de Georges Remi es un infierno de mentiras. Durante tres años vive con Fanny sin abandonar a Germaine. La presión acumulada sale a flote en esa metáfora psicológica que es Tintín en el Tíbet (1958), donde se enfrenta a la dolorosa pureza del blanco para purificar su propia alma. Cuando en 1960 se publica el álbum, Hergé se separa de Germaine para irse a vivir con Fanny.
            A partir de ahí, y hasta el resto de su vida, sólo le queda recibir, en un proceso paralelo al vivido por Hitchcock, el reconocimiento de la progresía intelectual, que ve en él a un artista donde antes sólo había un artesano, y que saluda con albricias la aparición de la filigrana conceptual de Las joyas de la Castafiore (1963). Pero Hergé ya no da para más. Los nuevos tiempos pertenecen al arrollador Asterix, y sus espaciadas y desangeladas réplicas (Vuelo 714 para Sidney, Tintín y los pícaros) son un deslucido broche para una obra tan monumental. En olor de santidad casi, lamentando no haber podido ser un pintor importante como sus admirados Hockney, Noland, Rauschenberg o Warhol, reconfortado por su reencuentro con Tchang en 1981, 47 años después de su despedida, frustrado por sus infructuosos contactos con Spielberg, Hergé muere en 1983 dejando el legado de una vida y una obra cuya influencia y magnitud parecen agigantarse cada año que pasa.
            Consideren este resumen únicamente el fugaz trailer de la apasionante historia que es su biografía.

Texto de Santiago García (Mandorla), publicado en la revista "U el hijo de Urich" nº9  (marzo 1998)  bajo el nombre de Trajano Bermúdez.    Le agradezco desde aquí que me haya  permitido rescatarlo y espero que lo disfrutéis.

domingo, 31 de octubre de 2010

TINTINEANDO


LA CENSURA.
- Sadoul:  ¿Qué piensa usted de la censura?

- Hergé: ¿A qué censura se refiere?

- Sadoul: A la censura en general.

- Hergé: Fundamentalmente, me opongo a ella. Digo esto e inmediatamente me entran ganas de decir lo contrario. Porque me gustaría que toda expresión  fuese libre, pero ¡hay tantos imbéciles!... ¿En qué medida se puede dejar que los imbéciles se expresen con toda libertad? Me pregunto si algunas veces no sería necesarios ponerles un freno...

- Sadoul: ¡Cuidado! ¡Todo lo que diga puede volverse en contra de usted!


- Hergé: ¡Ya sé!, ¡ya sé!... ¡Me da igual!

-Sadoul: La censura es un signo de debilidad: ¿no es precisamente lo propio de un estado fuerte, desarrollado social e intelectualmente el no practicarla?... Los países nórdicos, por ejemplo, no la conocen...

- Hergé: Probablemente tiene razón. ¡Sin duda debe ser mi trasfondo "derechista" que resurge!... A pesar de todo, creo que debería censurarse la tontería, la mediocridad... ¿Pero cuáles serían los criterios de enjuiciamiento?

Extraído de "Conversaciones con Hergé" de Numan Sadoul. Traducción de Johanna Givanel

POLÍTICAMENTE CORRECTO.

Mientras comentaba ayer con un amigo la realización de esta entrada y hablábamos acerca de Hergé, su pasado, su personalidad, su obra... Mi amigo comentó que Hergé había sido un precursor de lo políticamente correcto. Y tenía razón. Hergé fue modificando con los años los albumes de Tintín,  no sólo para actualizar herramientas o máquinas que aparecieran en sus páginas, sino también para no herir sensibilidades o eliminar cosas que en la actualidad podían ser consideradas... eh, bueno. Queda claro con las imágenes.






No es que yo sea muy partidario de lo "políticamente correcto", pero en este caso, las "modificaciones" de Hergé no son tan graves. No alteran el ritmo narrativo de la historia (de la misma forma que no lo hacía el hecho de  que redibujara un camión de bomberos)... y responden a una decisión meditada por el autor.  Por supuesto, a la vista de la viñeta anterior me vienen a la cabeza las palabras de Hanna&Barbera cuando en su serie de Tom y Jerry modificaron los dibujo de la sirvienta negra que se ocupaba del gato (a la que normalmente se le veían sólo los pies), para  cambiarlos por una sirvienta de piel blanca pero con acento irlándes. En opinión de Hanna y Barbera (malcito de memoria): "Está mal hacer gracioso el acento de una persona de color, pero no pasa nada si nos reímos del acento de un irlandés".

MODIFICACIONES Y PECADOS DE JUVENTUD.



- Sadoul:  Ya que hemos tocado este tema, ¿por qué ha vuelto a escribir el texto de Stock de coque?

- Hergé: Bien, ya veo a dónde quiere usted ir a parar... Me habían reprochado que yo hacía hablar a los negros en una jerga de "negrito", cosa que significaba que yo era ¡un asqueroso racista! En la nueva versión de este álbum les hago expresarse como en las novelas traducidas del americano. Es más directo, y ciertamente, más justo también. Ya no dicen: "Señó, yo no tener"..., sino "Señor, yo no tengo". Es verdad que esta jerga resulta completamente convencional y poco conforme a la realidad. Pero ¿qué hacer para que los negros den la impresión de que hablan como los negros?...

Por lo demás, mis negros no son ni ridículos, ni despreciados: o, si lo son,  no lo son más que los blancos, o los amarillos, o los rojos que he puesto en escena. ¡Mis personajes son todos una caricatura, no lo olvide!... Dicho esto, mis negros, aquí, son oprimidos, y Tintín toma su defensa porque Tintín está, desde siempre, contra la opresión.

- Sadoul: Usted habla de convención; es cierto que hacer hablar a los negros en una jerga de "negrito" proviene más de una ingenua tradición cómica que no de un racismo subyacente. Pero, bueno, no es malo, a veces, pasar por encima de las tradiciones... Yo creo que Tintín en el Congo, por razones análogas, ha sufrido una larga cuarentena, ¿no?

- Hergé: Sí, pero ¿sabe usted dónde ha reaparecido por primera vez? ¡En una revista del Zaire!...

- Sadoul: Se ha dicho y repetido muchas veces que usted era racista. Éste es el momento de puntualizar las cosas; ¿qué tiene usted que alegar en su defensa? ¿Qué contesta cuando le tratan de racista?

- Hergé: Contesto que todas las opiniones son libres, incluso la de pretender que yo soy racista. Pero, bueno, ¡adelante! Ha habido Tintín en el Congo, lo reconozco. Era en 1930. Yo no conocía de ese país más que lo que la gente contaba en aquella época: "Los negros son unos niños grandes... Tienen suerte de que nosotros estemos allá", etc. Y yo dibujé a esos africanos con esos criterios, con el más puro paternalismo, que era el de la época en Bélgica. Por el contrario, más tarde, en Stock de coque - e incluso si se habla en "negrito"- me parece que Tintín da prueba de su antirracismo, ¿no es cierto?...
Es como con los gitanos de Las joyas.  La actitud de Tintín y la del capitán Haddock son idénticas, toman su defensa en contra de todos los prejuicios. Únicamente en Stock de coque, viendo a los negros destinados a la esclavitud y a unos árabes negreros, hago también racismo, ¡pero contra los árabes esta vez!  ¡No se terminará nunca!... Para el Congo,  al igual como para Tintín en el país de los soviets, ocurrió que yo estaba imbuido de los prejuicios del ambiente burgués en el cual vivía. De hecho, los Soviets y el Congo han sido unos pecados de juventud. No es que yo reniege de ellos. Pero, en fin, si tuviese que volverlos a hacer, estoy seguro de que los haría completamente diferentes. Además, de todos modos ¡misericordia para los pecados!.. .Y observe que ya en Tintín en America yo evidenciaba el poder blanco, la finanza blanca explotando a los indios. Para un "racista", ¡me parece que yo no ocultaba mis simpatías! ¿Y mis chinos de El loto Azul? Recuerde las vilezas que los blancos les hacían sufrir... No intento excusarme; confieso que mis libros de juventud eran típicos de la mentalidad burguesa belga de entonces: ¡eran unos libros "belgacanes"!...

Extraído de "Conversaciones con Hergé" de Numan Sadoul. Traducción de Johanna Givanel

(...) se evoluciona incesantemente y constantemente: no hay nada fijo, no hay nada estable, todo se destruye y todo recomienza. En el fondo, en mi juventud, componía mis "Tintín" sin preguntarme nada, sin razonar. Ahora reflexiono y medito más: respecto a lo que veo a mi alrededor y respecto a mí mismo. Y sobre todo, sobre todo, intento aceptarme tal como soy. Quizá sea lo más importante de la existencia: llegar a vivir en paz consigo mismo. Éste es el gran problema.  (Hergé)

Extraído de "Conversaciones con Hergé" de Numan Sadoul. Traducción de Johanna Givanel

ENLACES RELACIONADOS:

Tintín. ESE SOI DISANT PERIODISTA. De Ignacio Fontes. I y II 

Nueva York retira Tintín en el Congo de las bibliotecas públicas. 

Los problemas judiciales de Tintín en el Congo.

Tintín sigue en el Congo.

La polémica de Tintín y el loto rosa.

miércoles, 27 de octubre de 2010

¡¡VENID SI OS ATREVÉIS CERCOPITECOS!!

No me gusta mucho Blake y Mortimer. Demasiado texto, una composición de página muy concentrada.... En fin...
Pero quisiera contaros una anécdota de su autor, Edgar P. Jacobs  por boca de otro profesional del medio que le conoció.
Jacobs trabajó durante algunos años como colaborador en la serie de Tintin de Hergé. No tenía firma dentro de la serie, y cuando pidió créditos y Hergé se negó,  más allá de los problemas que esto pudo originar entre los dos, siguieron siendo amigos. Además, propició que Jacobs se dedicara de lleno a la serie por la que es conocido (esa que a mí no me gusta). He aquí la anécdota:


Era en 1945, algunos meses después de la liberación de Bruselas. En aquel tiempo yo vivía en Boistfort (cerca de Bruselas) y ya hacía algunos años que mi amigo Edgar-Pierre Jacobs trabajaba conmigo. Ahora bien, aquella tarde debía tener lugar una gran manifestación patriótica en los límites del pueblo, con objeto de dar el castigo ejemplar y rápido a los "kolaboracionistas" y, en general, a todos aquellos que, como se decía entonces, habían "dudado de los destinos de la Patria". Y había corrido el rumor,  en Boisfort, de que "se vería algo bueno", que habría expediciones punitivas y que se asistiría a algunas "defenestraciones"... Pero como las aventuras de Tintin habían sido publicadas en Le Soir durante la ocupación, era más que suficiente para ser clasificado como ¡incívico! Incluso Milú había sido acusado de "haber metido su hocico en los cubos de basura alemanes", según dijo un académico cuyo nombre tendré la caridad de callar...
Entre tanto, aquella tarde, terminada su jornada, Jacobs me dejó para irse a su casa, y nos separamos con el tradicional "Hasta mañana". Y he aquí que hacia las ocho y media, después de cenar, sonó el timbre de la puerta. Como no esperábamos a nadie, ligeramente sobresaltado fui a abrir, ¡y me encuentro frente a mi amigo Edgar! Sorpresa tanto más grande por cuanto llevaba en la mano un sólido palo que le veía por primera vez. ¿Qué buenos vientos le traían a mi casa precisamente aquella noche?...
Pues bien - me explicó-, era muy sencillo: tenía que hacer un recado en el barrio, y al pasar por allí lo había aprovechado para hacernos una visita y darnos las buenas noches a mi mujer y a mí. Total, que estuvo durante toda la velada con nosotros. Hacía buen tiempo y pasamos el rato en la terraza. A lo lejos se oían los rumores de la manifestación y las aclamaciones de la muchedumbre puntuando los discursos de los oradores...
Ya muy tarde, cuando el silencio se hizo en la noche y en el momento de despedirse, Jacobs me confesó, finalmente, la verdadera razón de su visita, razón que, por otra parte, yo ya había adivinado hacía rato: vino para defenderme en el caso de que unos "patriotas" demasiado excitados hubieran tenido intención de hacerme una trastada... A Dios gracias no se produjo nada y el garrote pudo quedarse, apaciblemente,  en el paragüero.
Pero jamás olvidaré el gesto de amistad y valentía de mi querido Edgar. Y yo sé, desde aquel día, que cuando Mortimer corre en socorro de Blake, o inversamente, no es solamente ficción., ¡es Jacobs, que se revela por completo!
(Julio 1972)

Sadoul: En definitiva, ¡Edgar Jacobs es Haddock!

Hergé: ¡Exactamente!

Extraído de Conversaciones con Hergé por Numa Sadoul. Traducción de Johanna Givanel.

AÑADIDO: He visto hace bien poco La red social.  La película está muy bien y es más que recomendable.  Pero este post es mi respuesta a ciertas cosas de las que habla la película.

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