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lunes, 8 de abril de 2013

¡CON BOHEMIA!

"Entre millones de blogs, 
tus ojos, ahora, 
solo están en éste."


Aclaro que lo de arriba no es mío.  Con una ligera variante, el término libros en lugar de blogs, es el prólogo de un libro de
Eduardo Mazo, "Prohibido Morir".

Tengo trece años, mi madre entra en la habitación, me tiende el libro que tenéis a vuestra izquierda y me dice sin más: "Toma. Igual te gusta".  Y sí. Me gustó. Debido a su brevedad, lo leí varias veces. Me gustó y me hizo gracia. Me pareció ingenioso...  El libro es una recopilación de epigramas, ocurrencias, algún que otro microrrelato...  

Y justo un par de años después descubro que otro amigo tiene también un libro del mismo autor y de similares características:  "Autorizado a vivir".


Nos intercambiamos los libros y coincidimos en lo simpático que nos caía su autor. Con los años me dio por pensar que muchas de sus ocurrencias no serían propiamente suyas, que las habría cogido de aquí o allá, pero me dio lo mismo...

Damos un salto.  Pasan bastantes años y un día, paseando por Las Ramblas de Barcelona, me encuentro con el mismo autor en persona, que aunque ya no tenía el aspecto de la portada de mi viejo libro (lo tengo bastante deteriorado), fue muy amable, y tan simpático como lo imaginaba en mi adolescencia...

Os dejo con algunos de sus textos:

- El primer amor de la adolescencia 
es el último recuerdo de la niñez.

- Cada vez que me piden el curriculum vitae 
me arrepiento de todo.

- Hay dos maneras de vivir:
la tercera es perfecta.

- Si Hollywood es la Meca del cine,
Chaplin es su Mahoma.

- Si yo comenzara un poema así:
"Me resisto a escribir este poema..."
el resto sería una traición.

-"¡Que no corra más sangre!"
dijo el general, refiriéndose 
a los fusilamientos de prisioneros.
Desde aquél día,
comenzaron a ahorcarlos.

- La televisión da clases
de mediocritización a domicilio.

- Mis acreedores me han dado 
un metafísico ultimatúm:
o pago, o cobro.

- Ya no leo los periódicos:
me miento solo.

-Cuento breve:
"Había una vez un pueblo donde
la gente vivía feliz
porque soñaba con la justicia, 
la libertad y la solidaridad.
Una tarde llegó al pueblo
un hombre elegante y abrió un banco.
Pasados los años, el banquero,
en agradecimiento al pueblo,
levantó un monumento a los viejos soñadores".

- No intentes la felicidad, lector,
si primero no intentas la confianza.


Añadido: El título de la entrada es una de las dedicatorias que escribió en uno de los libros que pillé en Las Ramblas. Supongo que se refería a la suya, porque yo soy un pequeño burgués... bueno, un "quiero y no puedo pequeño burgués"...

viernes, 30 de abril de 2010

RECICLANDO POESÍA.

Hoy he estado brevemente en la cinta de la selectiva separando unos cuantos cartones y algunas bolsas de basura y en esos escasos minutos he encontrado una caligrafía que me ha llamado la atención en una hoja suelta. La he leído por encima y tras comprobar que eran dos poemas (uno por cada cara) me la he guardado en el bolsillo con la idea de traerlos aquí.

No sé si los poemas pertenecen a algún conocido autor al que copió nuestro anónimo escritor o si son de su propia cosecha. Eso sí, no os hagáis ideas equivocadas atribuyéndome los textos y pensando que este post es una treta de la que me sirvo para colocaros mis poemas.

Respeto en la medida de lo posible su transcripción. Lo aviso para que no me digáis que faltan acentos, puntos o hay alguna errata en el texto. No hay cosa que más me moleste que esos listillos que van fijándose en las erratas de los blogs...


Y ahora, os dejo con los textos (la numeración sí es mía):


I

Es una tarde triste que recuerda
las tardes tristes de la infancia.
Deshechos del tiempo arrojados
sobre las mortajas de la soledad
Se puede oler la podredumbre de las rosas
y el hastío de las gotas, como de azufre mojado,
colgando del cristal.

Y aun así mi humor no es de perros, mas bien al contrario,
se regocija en la insensibilidad y se revuelca
en el ludico jugo del sinsentido.
Y aqui me encuentra encarrilando palabras
como sombras en el mas oscuro rincon de un papel pautado,
en un retenido
3/8 arritmico como el corazón que lo alienta,
con una cadencia mil veces rota por la pluma
y otras mil reanudada a borbotones.
Estoy triste y así quiero seguir por unas horas.




II


Hay un lobo acechando a su presa
y un niño mamando su leche
Un arma buscando una victima
y un roble abrazado por la espesura
Hay un dia fatal, una noche mortal
y un hombre mirando una estrella
Hay una quieta serpiente
y un joven carnero en su vientre

Mira aquel pozo sin fondo, la cuerda se ha perdido en el.
¿Es que no ves que no hay nada? puedes lanzarte sin miedo
No te preocuparás de volver la cabeza

Veo una guitarra sobre una rodilla
y una herida bajo sus cuerdas
Miro dos hermosas nalgas
y un par de sonrosadas calaveras
Oigo una voz profunda y dulce
y el chillido de una flauta de roca
Hay un lugar en el tiempo
y una guadaña rota sobre una cruz

Mira aquel pozo sin fondo...

lunes, 21 de diciembre de 2009

EL PROBLEMA DE GORDON PARKS

Desconvencida acaba de colgar en su blog un poema de Langston Hughes . Yo tenía intención de enseñaros otro. Estaba en mi libro de Historia Contemporánea de octavo, y me llamó mucho la atención cuando lo leí.

Hoy, al buscar el libro, lo que más me ha llamado la atención ha sido ver que su autor era Gordon Parks, de quien hace nada colgué unas fotografías de Ingrid Bergman que hizo para la revista Life.

Os copio el texto del libro. No consta traducción. Ya sabéis cómo se hacían esos libros educativos. Me encanta eso de "escrito por un negro". Qué políticamente incorrectos podían llegar a ser esos años. Si Gordon Parks llega a ser blanco, supongo que el poema hubiera perdido sentido, ¿no?

EL PROBLEMA NEGRO VISTO POR UN NEGRO.

Sobre el problema negro se han escrito novelas, se han hecho películas, se han redactado ensayos y tesis. Recogemos una parte de un largo poema escrito por un negro.

Si quien me lee es blanco, no me entiende.
No entiende las complicaciones
del hecho de ser negro en un país de blancos.
Tal vez sepáis de hambres, de sufrimientos,
de sequías y muertes. Peor que todo eso
es ser negro entre blancos.
Hay una inmensa sima que a todos los separa.
En el café, en el bar, en el metro, en las calles,
en el amor y en el odio,
en casa y en los cementerios.
Somos peores que los perros, peores que los gatos.
Peor, mucho peor, que los viejos esclavos.
Hace ya cuatrocientos años que nos han engañado.
Y nadie ha cobrado todavía los intereses
de tan tremendo retraso.
He vivido bastante y he viajado más.
Me casé con Liz, una bella negra
que hacía de maniquí en Nueva York.
Es triste para nosotros, que recorremos el mundo,
ver que el único país, fuera de África del Sur,
en que mi bruñida tez negra
me impide entrar en bares, en iglesias y cines
es mi propia patria amada.
Tengo cincuenta años. Ya no me engaña nadie.
Pero para los blancos soy siempre el "chico",
"el chico negro" que ellos conocieron.
Yo sé que yendo en coche tengo que calcular las distancias.
Después de las cinco no puedo estar en carretera
si quiero vivir sin compromisos.
Viajando por el sur llevo grandes bidones
de gasolina en mi caravana. Sé que los empleados
me dejarían sin esencia en el camino.
Con una mujer bonita como la mía
no encuentro vestido en Nueva York.
Sin mirarnos siquiera nos dicen que no tienen
la talla que pedimos.
Pero antes de morir
mi hermano, inválido incurable, me dijo
con resignación: "Gordon,
veo que recorres todo el mundo
y conoces de su vida más que yo.
Lucha con tu inteligencia,
que vale más que tus puños.
Un día venceremos y seremos respetados".

Gordon Parks.

martes, 15 de diciembre de 2009

EL AMIGO

Hay montones y montones de personas que siempre están preguntando cosas,
como Fechas y Libras y onzas y los nombres de extraños Reyes,
y la respuesta puede ser Seis Peniques o unas Cien Pulgadas de largo.

Y sé que pensarán que soy tonto si doy la respuesta equivocada.

Así que Pooh y yo susurramos, y Pooh parece bastante listo,
Y dice: "Bueno, yo digo seis peniques, pero no creo que esté en lo cierto."

Y entonces no importa cuál sea la respuesta,
porque si él acierta , Yo he acertado, y si él se equivoca, no soy Yo.

El texto de A.A. Milne. La ilustración de Ernest H. Shepard. La "traducción", mía.

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