tus ojos, ahora,
solo están en éste."
Aclaro que lo de arriba no es mío. Con una ligera variante, el término libros en lugar de blogs, es el prólogo de un libro de
Eduardo Mazo, "Prohibido Morir".
Eduardo Mazo, "Prohibido Morir".
Tengo trece años, mi madre entra en la habitación, me tiende el libro que tenéis a vuestra izquierda y me dice sin más: "Toma. Igual te gusta". Y sí. Me gustó. Debido a su brevedad, lo leí varias veces. Me gustó y me hizo gracia. Me pareció ingenioso... El libro es una recopilación de epigramas, ocurrencias, algún que otro microrrelato...
Y justo un par de años después descubro que otro amigo tiene también un libro del mismo autor y de similares características: "Autorizado a vivir".
Nos intercambiamos los libros y coincidimos en lo simpático que nos caía su autor. Con los años me dio por pensar que muchas de sus ocurrencias no serían propiamente suyas, que las habría cogido de aquí o allá, pero me dio lo mismo...
Damos un salto. Pasan bastantes años y un día, paseando por Las Ramblas de Barcelona, me encuentro con el mismo autor en persona, que aunque ya no tenía el aspecto de la portada de mi viejo libro (lo tengo bastante deteriorado), fue muy amable, y tan simpático como lo imaginaba en mi adolescencia...
Os dejo con algunos de sus textos:
- El primer amor de la adolescencia
es el último recuerdo de la niñez.
- Cada vez que me piden el curriculum vitae
me arrepiento de todo.
- Hay dos maneras de vivir:
la tercera es perfecta.
- Si Hollywood es la Meca del cine,
Chaplin es su Mahoma.
- Si yo comenzara un poema así:
"Me resisto a escribir este poema..."
el resto sería una traición.
-"¡Que no corra más sangre!"
dijo el general, refiriéndose
a los fusilamientos de prisioneros.
Desde aquél día,
comenzaron a ahorcarlos.
- La televisión da clases
de mediocritización a domicilio.
- Mis acreedores me han dado
un metafísico ultimatúm:
o pago, o cobro.
- Ya no leo los periódicos:
me miento solo.
-Cuento breve:
"Había una vez un pueblo donde
la gente vivía feliz
porque soñaba con la justicia,
la libertad y la solidaridad.
Una tarde llegó al pueblo
un hombre elegante y abrió un banco.
Pasados los años, el banquero,
en agradecimiento al pueblo,
levantó un monumento a los viejos soñadores".
- No intentes la felicidad, lector,
si primero no intentas la confianza.
Añadido: El título de la entrada es una de las dedicatorias que escribió en uno de los libros que pillé en Las Ramblas. Supongo que se refería a la suya, porque yo soy un pequeño burgués... bueno, un "quiero y no puedo pequeño burgués"...

