
Partiendo de la inspiración que le provocó el libro de Sam Shepard, Crónicas de motel (Wenders afirmó que la película que él había querido hacer en los Estados Unidos estaba en ese texto, no como un guión, sino en la atmósfera, en el sentido de la observación), el cineasta alemán rodó Paris, Texas (1984) con un nuevo guión escrito por el propio Shepard.
No voy a entrar en las diferencias existentes entre el libro de Shepard y su guión. Como bien señaló Wenders, del libro se recogen más bien atmósferas, sensaciones, pero al contrario que el libro (una sucesión de breves relatos anecdóticos acompañados de poemas) Paris, Texas cuenta con una única historia centrada en varios personajes, a pesar de todas las ramificaciones que puedan derivarse de ésta.
Esta historia es la de Travis, la del reencuentro con su pasado, con su hijo Hunter, y la búsqueda que ambos emprenden para encontrar a la mujer de Travis, la madre del pequeño.
Si se han hecho en ocasiones comparaciones entre Travis con el personaje de Ethan (John Wayne) en Centauros del desierto esto se debe al carácter ajeno que ambos personajes comparten con la civilización, con el orden establecido. La similitud entre ambos personajes es clara. Ambos encuentran a parientes desaparecidos, y una vez que los han hallado, los dejan reunirse con quienes deben para ellos alejarse discretamente.
Este es uno de los motivos por los que el film de Wenders, además de ser claramente un film enmarcado en el género de las road-movies, puede ser también considerado un western moderno o contemporáneo.
Esta relación con el western se hará patente en más de una ocasión a lo largo de la película. Incluso aunque Travis y su hijo utilizan una camioneta para desplazarse, la imagen que utilizará Wenders para reforzarnos su relación con los antiguos vaqueros será en una de las ocasiones la de unas luces de neón con la figura de unos caballos al galope.
Paris, Texas es una película de viajes, de recorridos, no sólo para Travis, sino para los que le rodean. Y estos viajes van a tener una importante consecuencia, un cambio en la vida de todos y cada uno de aquellos con los que Travis se encontrará una vez aparece en escena. Walt (el hermano de Travis) y su mujer, perderán al sobrino al que habían criado como hijo propio; el pequeño Hunter conocerá y aceptará a su padre y decidirá unirse a éste en la búsqueda de su madre; el propio Travis descubrirá que el reencuentro consigo mismo o hallar a su mujer e hijo no presuponen el cierre o la desparación de las heridas que le llevaron a deambular de un sitio a otro durante los cuatro años que estuvo desaparecido.
Una estupenda película en la que la puesta en escena de Wenders potencia todas y cada una de las ideas narrativas que puedan rastrearse por el film. Si tuviera que señalar una, por gustarme especialmente y ser origen de algo en lo que participé, me quedaría con la del "reencuentro" entre Travis y su hijo cuando el primero va a buscarle al colegio. Después de un fallido primer intento de acercamiento, Travis decide vestirse adecuadamente (adoptar la imagen de un "padre") y va a buscar a Hunter. El niño, en esta segunda ocasión, camina por el lado contrario de la acera, observando con curiosidad a su padre, compartiendo con él un juego de imitaciones hasta acabar apareciendo junto a él caminando de vuelta a casa. Ambos han cruzado la carretera que les separaba, no sólo la física, claro está.
Y sí, funcionan igual de bien las actuaciones, fotografía, música y todos esos otros elementos, labor de equipo, que suelen acompañar a una gran película.