Pero otra cosa son los reyes de ficción, aunque estén basados en reyes históricos. Entonces, la cosa cambia...
Y al revisar ayer "Campanadas a medianoche" de Welles, pero esta vez en castellano en una edición restaurada por Luciano Berriatúa, me fijé una vez más en la grandeza de la monarquía en el teatro shakesperiano.
Sí, vale, aquí con el teatro de Lope, Calderón y compañía pasaba lo mismo... Bueno, pasaba aún más. Porque mientras que los de aquí no podían tocar un pelo de la monarquía, Guillermito podía al menos meterse con los Plantagenet, y también nos mostraba lo poco convenientes que resultaban ciertos reyes en esa obra terrible y maravillosa que es Ricardo III (que es ficción, porque el monarca no debía ser ni jorobado ni tan arribista, maquiavélico o sanguinario como Shakespeare lo pinta; pero eso es otra historia).
Con la de ayer, ya son tres las veces que he visto la película de Welles. La primera me gustó mucho, porque estaba en esa etapa adolescente en la que creía que Orson Welles era un genio y todo lo que había hecho era maravilloso por obligación, y aunque había cosas que no entendía mucho, las atribuí más a mi desconocimiento del teatro de Shakespeare ("¿por qué le llaman al Príncipe de Gales Hal o Harry? ¿Este no va a ser Enrique V?") y a las disculpas que suelen poner los acérrimos del cineasta: "le fastidiaron la película", "no tenía medios, pero con qué inventiva resolvió ciertas cosas", "no le dejaron hacerla como él quería" , etc...
La segunda vez me gustó algo menos, pero ciertas partes me siguieron gustando mucho. Visualmente la película tiene momentos y planos fantásticos, y otras escenas me parece que están muy bien resueltas. Al fin y al cabo, es una película en la que participa un genio (o dos, si pensáis que Welles también lo es).
Y ayer, pues sentí más o menos lo mismo que en el segundo visionado (aunque hubiera preferido escuchar las voces de Welles o Gielgud)... Tiene buenos momentos, tanto visualmente como argumentales, y merece la pena.
Pero el momento final de la película, ese en el que el Príncipe Hal (o Harry), ahora ya coronado como Enrique V, rechaza al bribón de Falstaff me parece fantástico. Emotivo y grandioso. Falstaff mira a su antiguo compañero de juergas y tropelías con una mezcla de admiración y pena en una maravillosa interpretación de Welles (vale, concedo que aquí está genial), que muestra un rostro similar en significado al de Chaplin al final de "Luces de la ciudad". Una gran escena. Tanto por las interpretaciones de Welles y de Keith Baxter, como por el texto de Shakespeare adaptado por Welles.
Y ese cambio en la actitud del personaje del príncipe, ese abandono de los vicios de la juventud por parte de Enrique V, que aún así es lo suficientemente magnánimo para disculpar a Falstaff diciendo que fue el vino el que habló por su boca, y que se convertirá en el mismo rey que vencerá en Agincourt. No solo es el paso de la juventud a la madurez. Es la aceptación de la responsabilidad que conlleva gobernar como monarca. Es comprender y asumir el peso de la corona. Es saber que un Rey no debe parecerlo, sino que debe comportarse como tal.
A todo aquel que le guste la maravillosa "Enrique V" de Branagh, le recomiendo un visionado previo de "Campanadas a Medianoche", porque la de Welles casi puede ser considerada una precuela.
Si pienso en otro monarca de ficción cuyo cambio de actitud me sorprendió en mi niñez (y sigue haciéndolo cada vez que vuelvo a encontrarme con él), tengo que traer aquí el trabajo de otro genio.
"Príncipe Valiente" de Harold Foster, empieza con la llegada a las costas británicas de un exiliado Rey de Thule, al que acompaña su hijo el príncipe Val, protagonista de la serie. En Thule gobierna ahora Sligon, que ha derrocado al padre de Val... Pasados unos años, el antiguo monarca de Thule regresa a sus tierras con la intención de recuperar el trono. Sligon, sabe de sus intenciones y pide hablar con Val. Cuando este se encuentra con Sligon, el usurpador le dice lo siguiente:
" Tomé el reino de Thule por la fuerza. Por la fuerza lo he mantenido. Pero estoy cansado de la fuerza, de la crueldad, de la traición y de la desconfianza. A mi alrededor se inclinan cortesanos serviles con adulación en sus lenguas y odio en sus ojos, y temo a estos chacales vestidos de seda. Ve y dile a tu padre: " Sligon no es más que un mercader de cansado corazón que cambiaría su reino de Thule por una isla en los pantanos de Inglaterra".
Pasado un tiempo, Val se encontraría de nuevo con Sligon, ahora un pescador ermitaño que vive en una cabaña en los pantanos y que le comentará "cuando devolví el trono a tu padre a cambio de este lugar abandoné todo cuidado, preocupación, traición, hipocresía y miedo."
Val le recordará que también abandonó a una esposa de lengua afilada y a una caprichosa y problemática hija... pero eso tiene que ver más con el peso de las relaciones de pareja o de la familia que con el de las coronas, así que lo dejaremos aquí.
Añadido: No sé lo que durará, pero por si a alguien le interesa: "Campanadas a Medianoche". Y para los que conozcan la lengua de Shakespeare y puedan verla sin subtítulos (no es mi caso): Aquí.



