lunes, 30 de agosto de 2010

STEVEN TENÍA MÁS BARQUITOS, PERO SAM SOBREVIVIÓ.

¿Habéis visto la última de Tarantino? ¡Los soldados colocan condones en los fusiles para que no se mojen!; ¡ hay una espía que se hace pasar por loca en un manicomio y con una navaja va matando alemanes!; ¡una mujer da a luz en un tanque!; ¡un soldado pierde un huevo al pisar una mina pero está la hostia de contento porque... no ha perdido su polla!! ; a un "infiltrado" nazi entre ¡¡las tropas americanas!! le descubre una posadera por la forma en la que come y lo ejecuta!!.

¿Qué? ¿Que esa película no es la de Malditos Bastardos de Tarantino?

Vale... Es verdad. Es Uno rojo, división de choque, dirigida y escrita por Samuel Fuller. Una "vieja" película de 1980 que hace mucho que había visto y que acabo de volver a ver en una edición restaurada a la que le han añadido 47!! minutos.

¿De qué va la historia aparte de esas cosas que os he contado?... Es una película de guerra, en la que se dicen un par de cosas interesantes como cuál es la diferencia entre matar y asesinar (y Fuller ha visto Monsieur Verdoux) y que la mayor gloria que uno puede alcanzar en la guerra es sobrevivir.

Pero si esta película me ha llamado la atención ha sido por los comentarios que he leído por ahí en la red... Para algunos (no es mi caso), la "mejor" película bélica de la historia del cine, para otros (tampoco es mi caso) una película totalmente fallida en la que durante el desembarco de Normandía sólo vemos un barco, confunden un tanque Sherman con un Tiger alemán (¿y yo que no distingo un Sherman de una camioneta?) y otras cosas que resultan totalmente inverosímiles.

Y bueno, como hablamos de la guerra, vamos a ponernos serios.

Sin duda, el desembarco en esa película de Spielberg tan famosa es mucho más "realista", "verosímil" y "logrado" (esto es así) que el que aparece en Uno Rojo . Fuller, con los medios de los que dispone, se "limita" a sacar las escenas de desembarco en la playa de sus chicos y alternarlas con un reloj sobre las aguas de la playa que va marcando el tiempo a la vez que estas se van enrojeciendo.


Pero ¿qué queréis que os diga? Me quedo con la de Sam antes que con la de Steven (a la que no le perdono unas cuantas cosas por muchos medios de los que dispusiera)... y que con la de Tarantino y sus Malditos Bastardos.

Y sí, hay escenas rarísimas, efectistas y poco verosímiles en la de Fuller (lo de la posadera me dejó a cuadros; el personaje del soldado alemán es casi un estereotipo; y lo de la espía es de película de Tarantino)... pero otras cosas compensan con creces y no sé por qué, pero la película, a pesar de sus defectos (que los tiene, y se notan) me llegó más que las otras dos que acabo de mencionar.


Y aclarando algunas cosas. A mí me da lo mismo que se rodara prácticamente en Israel. La escena de la emboscada francesa no tiene nada que ver con el tema de si ese decorado refleja adecuadamente los floridos campos galos, sino con el hecho de que el personaje de Lee Marvin reconoce el lugar y lo asocia con uno de los sucesos que le marcaron en la Primera Guerra Mundial. Y la "emboscada" será poco verosímil... pero cómo me gustó!!

Así que bueno... Una película de serie B con apariencia de A, con un director empeñado en remarcar una y otra vez el mensaje de su película, pero que no sabes por qué, termina convenciéndote (al menos a mí). Lo que me da pena es que pienso que a poco que Fuller hubiera pulido ese guión, otros detalles, y que se hubiera dispuesto de más presupuesto, tal vez sí fuera la gran película de guerra que algunos dicen que es.

Mi opinión: Una película entretenida, con algunos momentos muy logrados. Un siempre efectivo Lee Marvin acompañado de cuatro jóvenes no tan efectivos (Bob Carradine haciendo de Fuller no suelta el puro de su boca; Mark Hamill todavía es un aprendiz de jedi...) y una recreación dramatizada al fin y al cabo de las vivencias de su director, quien por si me he olvidado de añadir, luchó en la Uno Rojo, pasó por todos los lugares que aparecen en la película... y sobrevivió.

sábado, 28 de agosto de 2010

VA DE FOTOS IV

Deborah Kerr.


Randolph Scott, Nancy Carroll y Cary Grant.

Mark Twain.


Ernst Lubitsch y Fritz Lang.


Louise Brooks y John Wayne.

Buster Keaton y Samuel Beckett.


Elvis, Frank, su hija Nancy y Fred.


Dennis Potter y Sting.


Catherine Deneuve.


Nicholas Ray.

Y la última.... ¿sabéis a quién pertenecía esta amable tarjeta de bienvenida a su morada?




jueves, 26 de agosto de 2010

ENTREVISTA CON WILLIAM GOLDING POR JAMES KEATING

Entrevista con William Golding.
James Keating.
Purdue University; May, 10, 1962

- J.K: A menudo se dice que las guerras son causadas por unos pocos dictadores. ¿Cree que esto es así, o piensa que cualquiera con un poder dado es capaz de tan inhumanas atrocidades?
- W.G: Bueno, creo que las guerras son mucho más complicadas que todo eso. Algunas de ellas han sido causadas por unos pocos. Por otra parte, si algunas son seguramente consecuencia del estallido de un tumor maligno en la civilización, entonces ¿quién sabe qué aplicar para eliminarlo? Hay una gran diferencia en el mundo entre las guerras de 1917 – la Revolución comunista – por un lado, y las guerras de Gengis Kan por otro, ¿no es así?

- J.K: Sí. Obviamente, en “El Señor de las Moscas” la sociedad juega un papel pequeño a la hora de determinar la corrupción y la violencia en el hombre. Ha dicho que esto es cierto en la sociedad, que juega un rol menor. Pero ¿no piensa que hay sociedades que aumentan las posibilidades del hombre de volverse bueno? ¿Y no estamos trabajando en esa dirección en la democracia?
- W.G: Por instinto y condicionamiento, así como por nacimiento y por mi lugar en el mundo, estoy casi forzado a ser partidario de la doctrina democrática, ¿no? Esto está tan fuertemente grabado en el modo en que vivimos, o al menos en el modo en el que vivimos en Inglaterra, que dudo que alguien se pregunte mucho sobre ello. Pienso que podría decir que la democracia se está moviendo en la dirección correcta, o que el modo democrático es el modo adecuado de moverse; por otro lado, me parece que una democracia tiene debilidades inherentes que vienen con ella. No puedes dar libertad a la gente sin debilitar la sociedad como una herramienta de guerra, por ejemplo, y por lo tanto es como una oveja entre lobos. No es tanto para mí una pregunta acerca de si la democracia es el camino correcto, como si de la democracia puede sobrevivir y permanecer como tal. Cada vez que la democracia se pone firme y dice, “Bueno, ahora estoy siendo amenazada por un régimen totalitario”, lo primero que debe hacer es renunciar a algunos de sus principios. En Inglaterra, durante la Segunda Guerra Mundial tuvimos que abandonar un enorme número de principios con el fin de lograr la unidad imprescindible para poder resistir a Hitler.
Así que es posible replantearse la pregunta de este modo y decir: “¿No es el remedio tan malo como la enfermedad?”. No lo sé.
- J. K: Bueno, la inocencia en el hombre, que refleja por ejemplo en los niños de esta novela, ¿diría que era algo inherente que se manifiesta, o algo externo que es adquirido durante el proceso transicional de la inocencia a la no-inocencia? ¿Son los niños inocentes de por sí o son inocentes del mal del exterior y el mal de los otros?
- W.G: Son inocentes por naturaleza. Ellos no entienden sus propias tendencias naturales y por lo tanto, cuando llegan a la isla, pueden esperar ilusionados un futuro brillante, porque no comprenden las cosas que los amenazan. Esto me parece a mí la inocencia; supongo que podría casi igualarlo con la ignorancia de los atributos básicos de los hombres, y esto es inevitable en algo que ha nacido y empieza a crecer. Obviamente, no entienden su propia naturaleza.
- J.K: Entonces ¿es más una combinación de inocencia propia y atributos de otros?
- W.G: Sí. Yo pienso, simplificando, que ellos no entienden que hay bestias en la psique humana que tienen que ser mantenidas a raya. Son demasiado jóvenes para pensar a largo plazo y poner límites reales a sus instintos y respetarlos, porque dar rienda suelta a estas bestias es siempre un placer en cierto modo, y por eso su sociedad fracasa, se rompe.

Por supuesto, por otra parte, en una sociedad adulta es posible que la sociedad no se rompa. Puede ser que nosotros mismos pongamos suficientes frenos a nuestros instintos para prevenir su destrucción. Puede que tengamos el sentido común para decir que si tenemos bombas atómicas y todo eso – bombas H – bueno, está claro que no podemos usar esas cosas.
O ahora bien, en cierto sentido, en el nivel más bajo de sentido común – obviamente no podemos – pero usted sabe al igual que yo, que hay una gran posibilidad de que esas armas sean usadas y acaben con todos nosotros. Pienso que la actitud democrática de poner frenos voluntarios a nuestra propia naturaleza es el único camino posible para la humanidad, pero no me atrevo a decir que vaya a funcionar, o sobrevivir.
- J.K: Recientemente ha expuesto su creencia de que la humanidad sería salvada , o se salvaría a sí misma. ¿Es eso cierto?
- W.G: Sí, pero es de nuevo porque soy básicamente un optimista. Intelectualmente puedo ver que la balanza del hombre está al cincuenta por ciento, y las probabilidades de que acabe destruyéndose a sí mismo están muy igualadas. Intelectualmente no puedo verlo de otro modo. Pero soy emocionalmente incapaz de creer que llegaremos a esto. Supongo que esto quiere decir que por naturaleza soy un optimista y que por convicción intelectual un pesimista.
-J.K: La razón por la que le planteé esa cuestión fue porque en las notas editadas en “El Señor de las Moscas”…
- W.G: No son mis notas.
- J.K: Perdón. Pensé que el señor Epstein le citaba.
-W.G: ¿Ah, sí?
- J.K: En las conclusiones

-W.G: Oh, sí.

- J.K: Al final la pregunta es, ¿quién rescatará al adulto en su barco? Esto me parece un poco fatalista; esto transmite la idea de que realmente no hay ninguna esperanza.
- W.G: Sí, pero una vez más puedes… hay dos respuestas posibles; y creo que ambas son válidas. La primera es la que he dado antes, y es la cita sobre lo que he dicho del fatalismo intelectual. Es tomar el asunto como una serie de cajas chinas, una dentro de otra. La otra es decir que como el fabulista es siempre un moralista, siempre está exagerando su caso, porque tiene una idea que él desea aclarar. Preferiría decir que si tú no te pones límites a ti mismo, esto es lo que te ocurrirá.
- J.K: De Nuevo, en “El Señor de las Moscas”, me di cuenta de una clara relación entre Simon y su brutal muerte y la de Cristo y su crucifixión. ¿Le importaría discutir esto, o dar algún tipo de juicio omnisciente?
- W.G: Bueno, no puedo dar un juicio omnisciente. Solo puedo comentar cuál fue mi intención. Primero tiene que recordar que no he leído este libro en diez años, así que quizás puedo estar equivocado. Intenté representar una figura como la de Cristo en la novela, porque las figuras de Cristo se dan en la humanidad, de verdad. Pero no podía presentar una imagen completa del potencial humano, a menos que uno reflejara potencialmente una figura como la de Cristo. Así que Simon es el niño que se adentra entre los arbustos para rezar. Es el único que se preocupa de los peques - quien de hecho les pasa la comida, les coge la comida de lugares a los que ellos no alcanzan y se la ofrece. Él es quien es tentado por el diablo: tiene esta entrevista con la cabeza del cerdo sobre el palo, con Beelzebub, Satan, o el diablo, o como quiera llamarlo y el diablo dice, “Márchate, a ti no te quiero. Regresa con los otros. Olvidémonos de todo este asunto.” Esto es, por supuesto, como yo lo veo, la eterna tentación del santo, irse y actuar como un hombre corriente y dejar que todo el asunto siga igual. En lugar de esto, Simon sube a la colina y se aleja de la isla, separa y descubre lo que es esta mano muerta de la historia que está sobre ellos, deshace los nudos para que el viento pueda llevarse esta cosa muerta lejos de la isla, y entonces cuando trata de traer la buena nueva a la sociedad del hombre corriente, es crucificado por ello. Como ve, esto es lo más lejos que fui capaz de llegar con el paralelismo de la figura de Cristo.
- J.K: Ha mencionado que no podría dar un juicio omnisciente, y ha dicho anteriormente que un autor no puede realmente decir, después de escribir un libro, lo que ha extraído de él mismo o ha creado. ¿Cuál cree que es rol del crítico aquí entonces? ¿Siente que el crítico tiene el derecho de sacar a la luz estas cosas?

- W.G: Bueno, ¿no es esta una pregunta sin mucho sentido? Porque si un crítico tiene derechos o no, va a hacerle eso a un libro que ha escapado al control del autor, y por lo tanto podría preguntar también si un hombre tiene derecho a tener cinco dedos en cada mano. Esto es algo dado. ¿Lo que quiere decir realmente es si creo que el crítico tiene, por su naturaleza o aprendizaje, una mejor oportunidad de expresar lo que hay en el libro de la que el autor ha tenido? ¿Es eso?
- J.K: Sí, a grandes rasgos. Como artista, ¿piensa que los críticos están justificados?

-W.G: Algunos de ellos. En la práctica algunos de ellos dicen cosas con las que estoy de acuerdo y algunos dicen cosas con las que no estoy de acuerdo. No veo que pueda generalizarse mucho en este tema. El crítico tiene el mismo derecho que tiene cualquiera para extraer lo que pueda de un libro, y podría decir que creo que algunos críticos que he leído han sido extremadamente perceptivos - o que también he tenido mucha suerte- en el sentido de que parecían señalar ciertas cosas que yo había hecho intencionadamente, y que pensaba sería bastante sutiles, y ellos han logrado reconocerlas. Por otro lado, debo decir que algunos críticos parece que no lo han entendido ni por asomo.
- J.K: Entonces, quizás el señor Gindin estaba bastante desencaminado en su artículo cuando discutía el uso de sus trucos. Él mencionaba que el rescate de los niños era un truco que no cumplía las expectativas que había abierto el libro… no las resolvía, podría añadir también como a él le hubiera gustado. ¿Cree que ese tipo de crítica es justificable?
- W.G: Me ha perseguido el término “truco” desde que lo usé en una entrevista para explicar que me gustaba un final potente e inesperado que mostrara el libro de una forma totalmente diferente que hiciera replantearse todo al lector, lo cual me suele parecer una cosa útil. No sé, en ese caso, si el rescate de los niños al final es un truco o no. El motivo para ese final en particular fue doble. En primer lugar, yo había concebido originalmente el libro como un cambio de la inocencia- que es la ignorancia de uno mismo- al conocimiento trágico. Si mis niños no hubieran sido salvados, yo no podría – en aquel momento, en cualquier caso- ver algún medio de hacer llegar a uno de ellos al momento donde tendría lugar ese trágico conocimiento. Estaría muerto.
Si hubiera optado por la muerte de Ralph, Ralph nunca hubiera tenido tiempo para entender lo que le había ocurrido, así que lo salvé a propósito para que él pudiera ver – reflexionar sobre lo que había pasado – y llorar por el fin de la inocencia y la oscuridad en el corazón del hombre, que es a lo que quería llegar. Esa es la mitad de la respuesta.
La otra mitad es que si, como la cita de ahí decía, el libro se supone que debe mostrar cómo los defectos de nuestra sociedad son directamente rastreables en los defectos del individuo, entonces tú puedes recalcar aún más esa horrible lección moral del mismo modo al tener a un ignorante e inocente adulto que llega a la isla y dice: ¡Oh, ¿os habéis divertido? Entonces en la última frase le haces girarse y mirar el barco, y por supuesto el barco, la cosa adulta, está haciendo lo mismo que los cazadores hacen – esto es, cazar y destruir al enemigo - así que puedes decir, de hecho, en la práctica, a tu lector, “Mira, crees que has estado leyendo sobre niños, pero de hecho has estado leyendo sobre las miserias y las perversidades de la humanidad.” Si esto es un truco, aún así lo apruebo.
- J.K: Yo pienso que cumple lo que dijo acerca del uso del truco del final de la novela, haciendo que el lector reflexione y vea la historia desde otro punto de vista. ¿Influyó de alguna manera el trabajo de Richard Hughes, “Huracán en Jamaica” en la escritura de “El Señor de las Moscas”?
-W.G: Esta es una pregunta interesante. Puedo responderla de forma simple: He leído el libro y me ha gustado, pero lo leí después de haber escrito “El Señor de las Moscas”. Y si va a preguntarme sobre “El corazón de las tinieblas” de Conrad, debería confesarle que no lo he leído.
- J. K: Si no había leído “Huracán en Jamaica” hasta que escribió “El Señor de las Moscas”, ¿qué siente sobre la presentación del tema, el paralelismo entre ambas obras?
-W.G: Hay un paralelismo, creo, pero como muchos paralelismos literarios, se debe a que las personas que escriben sobre la humanidad, es probable que en ciertas circunstancias vean algo del mismo modo. Ambos están mirando, después de todo al mismo objeto, así que sería realmente sorprendente si no pudieran extraerse paralelismos literarios entre este libro y aquel.
- J.K: Tengo una pregunta más sobre “El Señor de las Moscas”. El señor Epstein habla sobre los símbolos sexuales en esta obra. Ha dicho recientemente que dejó a propósito al hombre y la mujer fuera de esta isla para evitar..
- W.G: Evitar distracciones.
- J.K: Sí, me pregunto si está de acuerdo con las observaciones del señor Epstein.
- W.G: Está pensando probablemente en el momento en el que matan a un cerdo…
- J.K: Sí.
-W.G: Y yo estoy seguro de que esto es un símbolo sexual que tiene afinidades con la edípica noche de bodas. ¿Qué puedo decir?
Supongo que lo único que puedo decir es que en esas circunstancias hay muy pocas formas de matar a un cerdo. Lo mismo puede decirse de la edípica noche de bodas.
Esta entrevista ha sido traducida por un servidor y debidamente corregida y supervisada por un amigo sin permiso alguno de William Golding ni James Keating, pero ellos siguen teniendo el ©, que es de 1964.

miércoles, 25 de agosto de 2010

RESCATANDO ENTRADAS V: THE PINK BEDROOM

De Cinexim Blogspot, el 28/04/10.



THE PINK BEDROOM



"Creo que he tenido cinco encuentros con la Garbo, y uno fue durante aquel diciembre de 1947, justo después de estrenarse el Tranvía en Nueva York. Yo le había mencionado, casualmente a George Cukor que había escrito un guión cinematográfico titulado The Pink Bedroom, y él, que era íntimo de la Garbo, me dijo: 'Quiero que se lo enseñes a Greta. La entrevista corre de mi cuenta.' Para gran sorpresa mía, aquella mujer legendaria me recibió a solas en su apartamento de la Ritz Tower.
(...)
Cuando al cabo de una hora hube terminado de contarle el guión, ella volvió a decir:'¡Maravilloso!'. Pero luego se reclinó en el sofá y añadió con un suspiro: 'Sí, es maravilloso, pero no es para mí. Déselo a Joan Crawford'"
.
.
Texto: Tennessee Williams
Fotografía: George Hoyningen-Huene

sábado, 21 de agosto de 2010

RESCATANDO ENTRADAS IV: EL SEÑOR DE LAS MOSCAS (LORD OF THE FLIES/PETER BROOK/1963)

De Tengo Boca y no puedo gritar , el viernes 3 de julio de 2009


EL SEÑOR DE LAS MOSCAS (LORD OF THE FLIES/ PETER BROOK /1963)



¡Silencio todo el mundo! ¡Yo tengo la caracola!

La película, dirigida en 1963 por Peter Brook, toma como referente la afamada novela distópica de William Golding que redactó en 1954 tras su participación en la II Guerra Mundial, donde pudo comprobar de primera mano la verdadera cara de la naturaleza humana. Posteriormente a esta, en 1990, se realizó otra buena adaptación fílmica, aunque la atmósfera de terror está menos conseguida que en la arriba citada.

La acción nos sitúa en una isla desierta y perdida en la inmensidad del océano, lugar al que llega un grupo de niños tras sufrir un accidente de avión. Una vez allí se ven en la obligación de ser autónomos, sin adultos ni reglas preestablecidas, comprendiendo a cada momento la dificultad que conlleva cohabitar entre ellos y descubriendo cómo la acción más inocente puede llevar a una reacción desproporcionadamente salvaje e injustificada. El filme trata a la perfección temas tan atemporales como la moral humana (los diferentes caracteres de Ralph y de Jack, uno pacificador y razonador, otro cazador y visceral), los instintos de supervivencia a cualquier precio (cómo se cambia de bando según el miedo o el hambre que se tenga), la naturaleza humana (cómo negar lo evidente y excusarse para tratar de no admitir lo que han hecho mal. De lo que no se habla, no existe) y la discriminación (Piggy y las continuas burlas a las que se ve sometido por su miopía y su obesidad y la forma tan cruel y fuera de lugar en la que muere).

Tras su gratificante visionado son muchas las dudas que nos asaltan; a saber: ¿por qué siempre hemos de buscar alguien que nos guíe, que nos haga de líder, de Dios, de Salvador o de Mesías?, ¿Por qué siempre surgen bandos contrarios que se niegan a escuchar al otro y parecen no desear alcanzar acuerdos que les harían la vida más fácil a unos y otros?, ¿Por qué el (como ya he dicho muchas veces en otros comentarios, mal llamado) ser humano tiene tanto miedo a la libertad cuando está permanentemente quejándose cuando carece de ella?, ¿Por qué la amistad es tan frágil e irrecuperable?, ¿Por qué marginamos todo cuanto nos parece diferente sin intentar tan siquiera tratar de comprenderlo?, ¿Por qué cuando tenemos tiempo para reflexionar surgen nuestros miedos y temores más ocultos?, ¿Por qué siempre tenemos que temer u odiar a algo o alguien?, ¿Por qué la inocencia perdida es irreemplazable?).
En la isla, según va sucediéndose los acontecimientos y las diferencias de opinión, la barbarie se va haciendo más y más desatada, ¿pero es motivada por la falta de reglas de una autoridad y la ausencia de control que sobre el individuo ejerce ésta o viene más bien dada porque una represiva y tutelada vigilancia nos lleva al estallido en su ausencia?. Prácticamente todos los filósofos han desconfiado siempre de la naturaleza humana no tutelada, salvo Rousseau, que también dijo, basándose en su concepto de soberanía popular, que las leyes (como las que se implantan en la isla) solamente son válidas si se han dictado de acuerdo con la voluntad general ya que de otro modo sólo serían decretos particulares.
¿Hacer el mal por propia voluntad es peor que hacerlo por fuerza u obligación?. Para el filósofo Stanley Milgram, la gente no ha de ser mala para que realice malas acciones, lo que nos lleva a cuestionarnos si somos dueños de todos nuestros actos o podemos acogernos al mal entendido libre albedrío, ya que no basta con que una persona se decante libremente por una decisión, sino que ha de considerársele también único responsable de ser la clase de persona que tomaría una decisión como la que resuelve de forma libre y personal; es decir, debemos atribuir al individuo la responsabilidad plena e ser quien y como es.
Permítanme que les ponga un ejemplo a modo de conclusión que refleja claramente todo cuanto hemos comentado hasta ahora. En Melbourne en 1923, el cuerpo de policía decidió, en su totalidad, declararse en huelga a todos los niveles; esto propició que la ejemplar y respetuosa (al menos hasta ese momento) ciudadanía se convirtiera en una muchedumbre descontrolada que se dedicó a saquear, a delinquir y a pelearse en todo el período de huelga, para volver a la normalidad, como si nada hubiese pasado, cuando se instauró poco después nuevamente el orden.

En la película se nos trata de recordar el grave peligro que supondría para la civilización que todos olvidáramos que nos une un objetivo común y las normas morales que hemos de conseguir para alcanzarlo, que no hemos de perder nuestra humanidad en nada de lo que hagamos, por muy vano que nos pueda parecer.
Los protagonistas de la historia, temen a una bestia que no es tal, que no existe, sin darse cuenta que la fiera a la que tanto temen está dentro de cada uno de ellos, olvidando así el celebre uso que Thomas Hobbes hace del proverbio “El hombre es un lobo para el hombre”.

¿Por qué las utopías serán por siempre utopías?

Te adoctrina Crowley

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