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| Cristóbal Balenciaga 1952. Ilustración de René Gruau |
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Versace puso a sus diseños unos precios lo bastante inalcanzables como para sugerir que se trataba de una broma, de un acto de cinismo, o de la obscenidad del mundo de los deseos; y triunfó tasando el deseo, porque sus precios no están diseñados para un mundo de dudas, sino que, muy al contrario, su indudable misión es señalar muy claramente a aquellos que los pueden pagar. Comprar los diseños de Versace permite a una selecta minoría de ricos y famosos mostrar radiantes a todos los demás que ellos son seres excepcionales porque pueden pagar cualquier tipo de privilegio, por más absurdo y exorbitante que sea el precio. Si algunos de los fantásticos vestidos de Versace no tienen ni forro, es precisamente, para acabar de dejar bien sentado que su negocio no tiene nada que ver con el buen oficio mal pagado de las costureras o los sastres, sino con el siempre bien retribuido oficio de la imagen triunfadora. El éxito genera éxito, como el dinero genera dinero, según la máxima de Chamfort. Lo importante de los catálogos de Versace no es la ropa, sino la fama que los ampara. Los fotógrafos más caros y famosos fotografiando a las estrellas más caras y famosas presentando la ropa más cara y famosa. Todo un éxito.Los dos fragmentos, extraídos de "El factor fama" por Mercedes Odina y Gabriel Halevi. Editorial Anagrama. (1998)
* Creo que se trata de una errata y que los autores del texto se referían a Cristóbal Balenciaga.
