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sábado, 2 de enero de 2021

EUSTACIA CUTLER

 Hace unos días vi un documental bastante interesante sobre Oliver Sacks.  Pero en realidad no voy a hablaros de Oliver Sacks... Viendo el documental aparecía Temple Grandin (a la que el doctor Sacks dedicó uno de sus relatos en "Un antropólogo en marte"; ahí fue donde la conocí). Hay publicados en castellano dos libros de Temple Grandin, "El lenguaje de los animales" de RBA y "Pensar con imágenes" de Alba (los tengo en casa, pero confieso que aún no me he puesto con ellos).


Oliver Sacks & Temple Grandin
Hay un telefilm biográfico del 2010 dirigido por Mick Jackson sobre ella que es también muy recomendable. Sí, como señalaría Tarantino (a quien no le gustan los biopics), cumple todos los esquemas argumentales de este tipo de películas,  pero la película está bien llevada y  los intérpretes son estupendos (no solo Claire Danes como Temple Grandin o Julia Ormond interpretando a su madre; también  Catherine O'Hara como la tía de Temple o David Strathairn como su profesor). La película entretiene,  y si no sabes quién es Temple Grandin y no has leído el libro de Sacks, te acerca adecuadamente a su persona.

                       



Aviso (spoiler para los que estén interesados en la película). Os pongo debajo un vídeo que es justo el final de la película.  Temple está dando consejos sobre cómo tratar a los niños autistas y por qué se comportan como le hacen. Una madre le pregunta "¿cuántos años tiene su hijo?" Ella responde que no tiene hijos (con la consiguiente desilusión de los padres presentes), para aclarar acto seguido que ella es autista (con el consiguiente asombro de los padres presentes).  Cuando le preguntan cómo se curó, ella dice que no está curada, que siempre será autista, pero que su madre se negó a que no tuviera una educación como el resto de los niños. La cara de  Julia Ormond como la madre que por fin se siente de alguna manera reconocida y valorada por su hija (tenéis que ver la película para entender esto) es lo que más me llega de esta escena. 



Y claro... cuando piensas lo que tuvo que pasar Eustacia Cutler, la madre de Temple Grandin... te llega más todavía. 
Una mujer que tuvo que enfrentarse tanto a su marido como a las autoridades médicas de la época que querían internar a su hija autista y olvidarse del asunto. Médicos que encima la "culpabilizaban" a ella como causante del autismo de su hija.

    
                                                       Eustacia Cutler y su hija Temple Grandin

Y para colmo, cuando su marido vio que no podía internar a Temple, decidió que igual era mejor internar a su esposa Eustacia, lo que conllevó un más que esperado divorcio. 

Eustacia escribió un libro sobre todo este tema, "A thorn in my pocket", que  no he leído (pero tengo intención de leer algún día) y creo que no han traducido por aquí.

Es curioso pensar en esta historia familiar en la que un padre decide que su hija autista no tiene por qué interferir en su vida y en cambio la madre hace todo lo posible para que su hija pueda relacionarse, recibir una educación e integrarse en la sociedad a pesar de su autismo.  Eustacia no solo logró esto por su hija. Con su comportamiento, fue una de esas personas que hizo por modificar y cambiar actitudes sobre el autismo.  Y claro, siempre se está hablando de Temple Grandin (con razón) y el biopic es sobre ella, pero no hago más que pensar que en la vida de Eustacia hay una historia tan interesante como la de su hija.

miércoles, 6 de mayo de 2015

CIEGOS Y SORDOS II

Aviso: El origen y contenido de esta entrada es consecuencia de la lectura de "Veo una voz" de Oliver Sacks (con traducción de José Manuel Alvárez Flórez), así que si os interesa lo que sigue, os recomiendo leer el libro.



Helen Keller y  A. Graham Bell
Fue Alexander Graham Bell quien recomendó a los padres de Helen Keller que recurrieran a una profesora del Instituto Perkins para Ciegos, y así es como Anne Sullivan apareció en casa de los Keller.
Bell había trabajado con niños sordos, y Helen le dedicó en su autobiografía estas palabras:  "a quien ha enseñado al sordo a hablar". Pero al contrario de lo que podáis imaginar, hoy en día su figura no está muy bien considerada por la comunidad sorda, cosa bastante lógica, por otra parte. El porqué de esto, a continuación.

"En enero de 1982 un tribunal del estado de Nueva York otorgó dos millones y medio de dólares a un muchacho sordo de 17 años al que habían diagnosticado como «idiota» a los 2 años de edad e ingresado en una institución para retrasados mentales, donde permaneció hasta que tuvo casi 11 años. A esa edad le trasladaron a otra institución, en la que un examen psicológico de rutina reveló que tenía «como mínimo una inteligencia normal»."
                                 Extraído de "Veo una voz" de Oliver Sacks.


Soy de la generación en la que a la gente sorda todavía se la definía erróneamente como "sordo-muda".
 Sí, ahora sabemos que el hecho de que no puedan oír, no quiere decir que no puedan hablar, pero así ya vais viendo por qué aunque no voy a hablar de ciegos en esta entrada, es lógico que los mencione en el título.

Durante muchos siglos y como señala Sacks en su libro, a los sordos se les ha considerado muchas veces como personas con retraso. Ser "sordo-mudo" acompañaba un retraso intelectual según la percepción de aquel entonces. Podéis preguntaros cuánta gente sorda fue enviada a asilos (y más teniendo en cuenta las condiciones de estos) a lo largo de la historia por este motivo. Lógicamente, si la persona sorda no puede comunicarse y no encuentra las vías para aprender a hacerlo por las diferentes causas socio-cultural-económicas en las que se pueda encontrar, ese retraso puede aparecer o darse. Pero si la sordera es detectada a tiempo, no tiene por qué darse ningún retraso en el desarrollo del individuo. Es más, según Sacks,  en muchos casos, los sordos de nacimiento, no perciben como una discapacidad su condición. 

El libro de Sacks viaja por diferentes épocas y experiencias dentro de la comunidad sorda muy interesantes.

Hace también una continua defensa del Ameslán (lenguaje de signos americano o ASL, usado en Estados Unidos y Canadá) frente al "Inglés por Señas" (que se usa en el Reino Unido). Ambos lenguajes son diferentes. El "Inglés por Señas" trata de transcribir a señas la lengua inglesa, mientras que el ASL es un lenguaje propio de la comunidad sorda.

En las palabras más precisas de Oliver Sacks:  "los verdaderos idiomas de señas son en realidad algo completo en sí: tienen una sintaxis, una gramática y una semántica completas, aunque con un carácter distinto del de las de cualquier idioma hablado o escrito. No es posible, por tanto, transliterar un idioma hablado en idioma de señas palabra por palabra o frase a frase: hay diferencias básicas en sus estructuras. Suele pensarse que el lenguaje de señas es, más o menos, inglés o francés y no es así: es lo que es, Seña. El «inglés por señas» que ahora se defiende como solución de compromiso es innecesario, pues no hace falta ningún pseudoidioma intermedio. Y sin embargo se obliga a los sordos a aprender las señas no para expresar las ideas y acciones que quieren expresar sino para que utilicen los sonidos fonéticos de un inglés que no pueden oír."

Curiosamente, buscando diferencias entre ambos lenguajes me encontré con este vídeo, en el que la frase "Por favor, quítese el sombrero" se expresa en los dos.



Sí. El vídeo también aboga por el ASL (ameslán) frente al "Inglés por Señas", pero me encontré con un comentario de una de las personas de las que vio el vídeo que me llamó la atención.

"Lo siento, pero me ha ofendido. En el "Inglés por Señas", por su comportamiento parecía indicar que somos estúpidos al usarlo. Por favor, no hagáis eso. Si usamos el "Inglés por Señas" no significa que somos tontos. Tuve una buena razón para decidir usar de forma mixta el "Inglés por Señas" y el ASL. Así que por favor, no tratéis de dar a entender que es estúpido usar el "Inglés por Señas".

Y continuaba explicando que sus padres oyentes aprendieron el "Inglés por Señas" para comunicarse con ella, que en clase usaba otro lenguaje y que cada escuela de sordos en diferentes estados tiene un lenguaje ASL "diferente" o propio y que el "Inglés por Señas" es común (al fin y al cabo trata de recoger el inglés hablado).

No conozco ninguno de los dos lenguajes, pero aunque a medida que iba leyendo el libro de Sacks coincidía con su defensa del ASL frente al "Inglés por Señas",  este comentario me hizo replantearme un poco las cosas.  El inglés por señas al parecer puede ser más preciso, especificar en una transcripción al inglés. Hay una seña en el ASL para el término coche, pero en "Inglés por Señas" otra seña especifica si es un autobús, una furgoneta, etc... 

Pero Sacks considera el ASL como el verdadero lenguaje para sordos, el más idóneo y el que debería usarse de forma predominante: "Aún sigue defendiéndose, de una forma u otra, el uso del inglés por señas en vez del ameslán. La enseñanza de los sordos, si se hace por señas, se efectúa mayoritariamente en inglés por señas; la mayoría de los maestros de sordos que saben alguna lengua de señas saben el inglés por señas y no el ameslán; y todos los pequeños camafeos que aparecen en las pantallas de televisión utilizan el inglés por señas y no el ameslán. Así pues, un siglo después del congreso de Milán, los sordos siguen privados en gran medida de su idioma natural."

De todas formas, a pesar de las diferencias, lo que puede uno más o menos apreciar es que el "Inglés por Señas" responde a las necesidades del "oyente" para comunicarse con el sordo, y que el ASL es un lenguaje propio de sordos. El oyente también podría aprender ASL, pero tendría que adaptarse a otro "idioma" que no es el suyo.

A pesar de lo complicado o lo enfrentado que pueda parecer esto del ASL o el "Inglés por Señas", era mucho peor antes.  Sacks recoge en su libro la historia de cómo empiezan los oyentes a acercarse a la comunidad sorda y buscar un modo de comunicarse. Así, vamos pasando por el monje Pedro Ponce de León (que aparece en el prefacio a la edición española, pero no en el libro original), por el abad de l' Epée, creador de la primera escuela para sordos en Francia,  por Laurent Clerc, quien habiendo estudiado en la escuela de l' Epée emigraría a Estados Unidos animado por Thomas Gallaudet y así crearía el ASL partiendo de la "Lengua de Señas Francesa", o por Alexander Graham Bell, quien según cuenta Sacks, "se hallaba vinculado a una mezcla familiar extraña de sordera negada (tanto su madre como su esposa eran sordas, pero no lo reconocieron nunca)".


En 1884,  A. Graham Bell escribió una memoria en la que sugería que la gente sorda no debería casarse entre ellos. Ilustración de Carlisle Robinson.

A pesar de que desde 1750,  con el abad l'Epée,  los sordos empezaron a usar el lenguaje por señas en escuelas para comunicarse, Bell estaba en contra del lenguaje por señas.Veía en la sordera una anomalía y su intención era que los sordos aprendieran a hablar y se comunicaran con los oyentes al modo de estos. Graham Bell era partidario de que los sordos se expresasen de forma oral frente a una expresión por señas (que es la "natural" para ellos). 

Según cuenta Sacks, " Cuando puso todo el peso de su autoridad y su prestigio inmensos al servicio del oralismo, se inclinó por fin la balanza y en el tristemente célebre Congreso Internacional de Educadores de Sordos que se celebró en Milán en 1880, y en el que se excluyó de las votaciones a los maestros sordos, triunfó el oralismo y se prohibió «oficialmente» el uso del lenguaje de señas en las escuelas."

Y según cuenta la wikipedia (por lo que habría que contrastar),  con esta decisión, en algunas escuelas a los niños sordos se les ataban las manos a sus espaldas para que no pudieran comunicarse por señas y forzarles así a la comunicación oral.

Para Sacks, es irónico que este enfoque "oralista" frente al "lenguaje por señas" fuera considerado "progresista" en su momento cuando en realidad supuso un considerable retraso en la educación de la comunidad sorda frente a los logros alcanzados con la educación por Seña.

El libro de Sacks se acerca también a la relación entres sordos y oyentes en la isla de Martha's Vineyard (en Massachusetts), donde el número de habitantes sordos llegó a ser de uno por cada cuatro y tanto oyentes como sordos se comunicaba por señas sin problemas.


El libro también recoge la revuelta en la Universidad de sordos de Gallaudet en Washington por tener ya de una vez un rector sordo (ni uno solo en 124 años de existencia) frente a la ciega imposición de uno que fuera oyente por parte del consejo directivo de la Universidad, que entre dos candidatos sordos y uno oyente escogió al oyente en un comunicado que provocó la revuelta de los estudiantes cuando la presidenta del consejo comentó que "los sordos no están aún preparados para desenvolverse en el mundo oyente."

En definitiva, un libro más que recomendable si os interesa acercaros al mundo de los sordos y saber algo más sobre ellos. 

Enlaces relacionados:

Confederación Estatal de Personas Sordas.

Acércate a la comunidad sorda.

Lenguaje de signos por Mª Angeles Rodríguez en Cervantes Virtual.

Reseña de "Veo una voz" en "Libros y literatura".

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