En mi caso, Los valientes andan solos (1962), es una de esas películas. Hasta el punto de que si me preguntaran quién es mi héroe cinematográfico favorito de todas las películas que he visto, no dudaría ni un momento: Jack Burns.
Y no sólo debe ser mi caso. A pesar de las numerosas obras maestras que interpretó, es también la película favorita de Kirk Douglas. Y por lo visto, también lo era del músico Artie Shaw, según cuenta el propio Kirk en su autobiografía: El hijo del trapero (un libro muy recomendable).
También en el mismo libro nos dice que el título de la película (el de la novela es El vaquero valiente) no le gustaba. Yo, en cambio, lo considero bastante acertado. De alguna manera me remite a El enemigo del pueblo de Ibsen, en la que se nos dice que los hombres más poderosos (entendiendo esto por libres en el contexto del film, al igual que en el drama de Ibsen) son los que están más solos.
Basada en una novela de Edward Abbey, con guión de Dalton Trumbo, dirigida por David Miller (quien no tiene ninguna película más tan destacable, al parecer), protagonizada por Kirk Douglas, Gena Rowlands y Walter Matthau y con una magnífica banda sonora de Jerry Goldsmith (que suena en mi equipo mientras escribo)... Los valientes andan solos es un western contemporáneo. La historia de
una anacronía viviente personificada en un vaquero que vive unos tiempos que ya no son los suyos.

El escritor Edward Abbey consideraba que el guión de Dalton era mejor que su novela, sobre todo en los diálogos. Pero tal vez hable en otro post de las diferencias entre película y novela.
La película tiene un comienzo estupendo, que sirve para describirnos al personaje y plantear el tema casi sin decir nada, sólo con imágenes: el vaquero Jack Burns es despertado por un avión, lo que sirve para ver que no estamos ante una película del viejo Oeste. Después de ensillar a su recién domada yegua (bautizada "Whisky"), nos encontramos con una larga alambrada de la compañía de aguas que le impide continuar su camino. Tras mirar la extensión de la alambrada, el vaquero desmonta y la corta sin contemplaciones, para así continuar cabalgando por los terrenos que no podía "traspasar".
Tras visitar a la mujer de su amigo Paul, el vaquero provocará una pelea para entrar en la cárcel y ayudar a escapar a su amigo, que está encerrado por haber ayudado a emigrantes a pasar la frontera. Conocemos el ideario que mueve a ambos amigos por su conversacion en la cárcel. Para Jack y Paul, las fronteras son algo impuesto, y la gente es gente, da igual si son de aquí o de allá.
Después de intentar sacar inútilmente a su amigo de la cárcel (quien decide quedarse y pagar su culpa para no arruinar la vida de su mujer y sus hijos, convirtiéndose en un fugitivo)... Jack se escapa y se interna con su caballo en las montañas, donde es perseguido por el sheriff (un Walter Matthau en quien se trasluce la admiración que siente por el vaquero y que tiene que darle caza casi a regañadientes) y sus hombres.
Cuando vi esta película por primera vez, era un crío, y viendo cómo me estaba encariñando con el personaje del vaquero, me avisaron amablemente de que la historia acababa "mal" (no es así, es un buen final, tal vez no el que yo
deseara de niño, pero lógico con lo que cuenta la historia).Un amigo siempre se burla cada vez que hablamos de ella diciendo que está seguro de que yo haría una secuela en la que Whisky "resucita" y gana el Grand National.
Y más allá de su broma, lo cierto es que una vez soñé con una historia para un guión de cómic en la que "rescataba" al personaje...
Una vez más, no fue algo que sólo deseaba yo. Trasteando en la red, descubrí que cuando Edward Abbey escribió en 1980 Good News, una novela de ciencia-ficción ambientada en un futuro cercano, el fantasma de Jack Burns se paseó por sus páginas.
Por último, deciros que no sé muy bien por qué, pero siempre pienso que Acorralado es una mala versión de esta película. Lo cierto es que ambas tienen también el motivo de un hombre escondido en las montañas enfrentándose a unos perseguidores con mayores medios, pero sólo hasta ahí llega la similitud (además de que ambas tienen a Goldsmith). Pero no sólo la primera de Rambo. Está claro que una película como El jinete eléctrico de Sidney Pollack ha bebido claramente de esta obra, así que si os gustó la de Robert Redford y no habéis visto la de Kirk Douglas, os recomiendo que no os la perdáis: la versión original es mucho mejor.