Recuerdo que una de las dimensiones de la actividad
intelectual que más me sorprendió cuando me integré de nuevo a España (tras un
largo exilio) fue la producción novelística y literaria existente en nuestro país.
La veía enormemente sesgada hacia una visión muy poco crítica de la propia
historia de España (incluyendo lo que se conoce como Guerra Civil). Incluso,
cuando se intentaba dar una visión distinta de los vencidos y derrotados de la
Guerra Civil de la ofrecida durante la dictadura, ello se hacía con un estilo y
enfoque que, a pesar de estar bien intencionado, resultaba al final ser, si no
ofensivo, al menos molesto, para aquellos que supimos de primera mano el
tratamiento recibido y las consecuencias de haber sido vencidos. Uno de estos
autores que reproducían esta visión era Javier Cercas. Hijo de los vencedores (según
su propia declaración), escribió un libro donde el héroe era un republicano
luchando en el frente, al cual Cercas intentaba humanizar, presentándolo como
atrayente, tanto en lo profundo (no mató a un dirigente fascista cuanto lo tuvo
a tiro, acto que Santos Juliá, de El País, definió nada menos que como el
principio de la reconciliación) como en lo más liviano (cuando el republicano,
estando ya retirado en una residencia geriátrica, pellizcaba el trasero de las
monjas). En esta España postfranquista, el libro tuvo, sin embargo, un gran éxito.
A mí, hijo de vencidos, no me gustó. Y me alegró leer que el hijo real del héroe
protestó por aquella visión que quería ser positiva para el republicano, sin
lograrlo. Hay vivencias que son difíciles de explicar si no son propias y se veía
claro que Javier Cercas, aunque simpatizaba con el héroe republicano, no lo
entendía, presentando una caricatura de él. Para una crítica del libro de
Cercas, ver mi artículo “Los vencidos tienen distinta memoria histórica que los
vencedores”, El Plural (05.07.10).
Cercas ha escrito ahora un artículo en El País “Sin el Rey
no habría democracia” (02.06.14) presentando de nuevo una caricatura de los que
pedimos que se establezca la República ahora en España. Este artículo no solo
molesta sino que ofende a millones de ciudadanos republicanos que no simpatizan
con su entusiasmo por el Rey o por la Monarquía. Ni que decir tiene que Javier
Cercas aclara que él no es monárquico (por regla general, lo que está más de
moda es decir “yo soy republicano, pero apoyo la Monarquía”). Pero el valor
definitorio es el mismo. Esta autodefinición es necesaria para dar más
credibilidad a una larga lista de argumentos para que aplaudamos al Monarca. En
realidad, es tan predecible que uno se pregunta por qué El País ha publicado
este artículo que reproduce a pies juntillas lo que los otros 42 artículos
recientes sobre el Rey han dicho (sin publicar ninguno, repito ninguno) que dé otra
visión.
La lista de alabanzas comienza aplaudiendo al Rey por
traernos la democracia, por haber parado un golpe militar, por habernos traído,
durante sus más de cuarenta años de reinado, los mejores años y de mayor
libertad y prosperidad en nuestra historia moderna, y así un largo etcétera. Hasta
ahí nada es nuevo. Es prácticamente imposible leer en los medios de información
y persuasión españoles (conocidos por su escasa diversidad) alguna otra postura
aparte de la de este tipo de alabanza y elogio.
Lo que sí es nuevo, al menos en las páginas de El País, es
que Javier Cercas haga estas alabanzas, rodeadas de una enorme animosidad hacia
aquellos que cuestionan cada uno de sus argumentos, insultándolos con una
contundencia y, sobre todo, vulgaridad (con un estilo que nada tiene que
envidiar a Losantos) infrecuente en las páginas del mayor rotativo del país. Define
a los críticos y sus argumentos como “fantasiosos”, ”especuladores novelescos”,
“mentirosos” y “mitad mentirosos” o “solemnemente estúpidos”, guardando el
insulto más estridente para aquellos que perciben los males presentes en España
como derivados de las limitaciones de la Transición. A estos nos llama (y me
incluyo yo en esta categoría) “hipócritas”, “comodones” y, por si fuera poco, “locos”.
Lo primero, lo de hipócritas, lo dice porque cree que en realidad no son los
protagonistas de aquella Transición –entre los cuales pone al Rey en el centro-
los responsables de la España actual, sino que somos nosotros (que asumo incluye
a todos los españoles) los responsables de las deficiencias actuales. Le cito
textualmente: “(…) por nuestra culpa, hemos sido nosotros, y no ellos, los que
no hemos sido capaces de mejorarla”. En cuanto a lo de locos, lo justifica por
querer ahora cuestionar la Monarquía, pues, y cito de nuevo, prefiere “mil
veces vivir en una monarquía como la sueca que en una república como la siria”,
asumiendo que los que queremos una República para España estamos tomando Siria
como modelo (si lee el artículo usted mismo, verá que esto es lo que dice).
Puede que sea el resultado de haber vivido en el extranjero
durante muchos años, pero estoy más que harto de los insultos que
constantemente empobrecen el discurso político (y lo que se acepta como debate)
en nuestro país. En ningún otro país de los que he vivido, Suecia, Gran Bretaña
y EEUU, he visto este nivel de hostilidad y, francamente, mezquindad. Cuando
leo este tipo de artículos intento ignorarlos y no contesto. Pero, puesto que
el artículo de Cercas lo encuentro, por desgracia, representativo del
pensamiento dominante en el establishment español, siento la necesidad de
responderle.
La Transición dirigida por el Monarca fue la que configuró los
parámetros que definen la situación actual
He escrito extensamente sobre las enormes deficiencias de la
democracia española y del bienestar de la ciudadanía en este país, mostrando
cómo el enorme retraso social de España y la baja calidad del sistema democrático
se deben precisamente a la manera como se hizo la Transición, la cual se realizó
bajo el enorme dominio de las fuerzas conservadoras (lideradas por el Rey), que
controlaban el Estado. La evidencia de ello es abrumadora. Y queda documentado
en mis libros Bienestar insuficiente, democracia incompleta: sobre lo que no se
habla en nuestro país (año 2002) y El subdesarrollo social de España: causas y
consecuencias (año 2006).
En estos libros muestro las fuerzas que dominaron la
Transición y que, gracias a su dominio del proceso, determinaron la pobreza
democrática y social de España. Los escasos recursos del Estado y la pobreza de
su Estado del Bienestar son resultado del enorme dominio de las clases
dominantes (expresión que nunca se utiliza, asumiendo erróneamente su
inexistencia) sobre el Estado. Y lo mismo en cuanto a la pobreza del sistema
político-mediático. Supongo que cuando Cercas utiliza el término “nosotros” se
refiere a esta clase social, con la cual él parece identificarse, pues, si por “nosotros”
él considera a la mayoría de las clases populares, entonces asume un sistema
democrático muy distinto al actual, pues la gran mayoría de la ciudadanía no
considera que las instituciones llamadas representativas la representen. El
eslogan del 15-M “no nos representan” está ampliamente asumido por la mayoría
de la ciudadanía. El término “nosotros” (si con él queremos decir “la ciudadanía”)
tiene escaso poder en España, debido precisamente a un sistema político diseñado
para optimizar el poder de unas clases (y un género) a costa de otras. La evidencia
empírica de ello es enorme. Y el Rey y el establishment español que él lideró,
fueron fundamentales para diseñar este sistema. La evidencia está ahí para el
que quiera verla. Culpabilizar a las víctimas –las clases populares- de su
situación es no conocer (o no querer reconocer) la enorme concentración de
poder financiero, económico, político y mediático de este país, concentración
que se ha facilitado en gran medida por el dominio de la estructura de poder
heredada de la dictadura y liderada por el Monarca, que domina el Estado español.