Es evidente que Andy tenía una extraña obsesión por el dinero. A lo largo de los Diarios registra minuciosamente todos sus gastos; o sus gastos no inconfesables, por lo menos. Al principio, ver los precios de las cosas entre paréntesis resulta un poco raro - en la página 1: "llamada telefónica para preguntar unas señas (teléfono: diez centavos)" -, pero uno se acostumbra pronto a ello. Las pastillas de jabón que usaba Andy valían seis dólares, y el chaleco antibalas le costó doscientos setenta. "Me dijo que Matt no se hablaba con ella (cena: seiscientos dólares, propina incluida)" "Bebimos y hablamos y miramos por la ventana (ciento ochenta dólares)". El dinero tiene la mala costumbre de hacer que la gente parezca desequilibrada. Andy paga la cena de Grace Jones a pesar de que ella saca un fajo de billetes de cien dólares. Y, por otra parte: "Fui a la iglesia, y mientras estaba arrodillado pidiéndole a Dios que me hiciera rico, una mendiga me pidió limosna. Primero me dijo si podía darle cinco dólares, y luego subió a diez. Se parecía mucho a Viva. Le di cinco centavos." Claro que la cosa habría podido ser peor. Andy habría podido decir: "le di cinco centavos (cinco centavos)."
Extraído de "La guerra contra el cliché. Escritos sobre literatura" de Martin Amis. Traducción de Francesc Roca.
