lunes, 30 de noviembre de 2009

¿HAY ALGUIEN QUE NO LO SEA?

Cuando el ilustrador Frank Frazetta fue preguntado por Gary Groth en una entrevista para el Comics Journal acerca de sus ilustradores favoritos, Frank le respondió que era un ferviente admirador de Norman Rockwell. Tal vez incrédulo, Gary preguntó: "¿Norman Rockwell? ¿En serio?"... Frazzeta respondió: "¿Hay alguien que no lo sea?"

Pues quitando a Nabokov y a Gary Groth... no lo sé. Es probable que haya gente a la que no le guste su visión idealizada o ternurista de Estados Unidos y sus gentes, pero...

... en lo que a mí se refiere, no tengo duda alguna. Es mi ilustrador favorito desde que lo conocí con unos trece o catorce años, y dudo que otro vaya a ocupar su lugar.


La imagen de Estados Unidos que nos ofrece Rockwell está a la par de la que han dado en el cine directores como John Ford o Frank Capra.



Podéis ver la "influencia" de Rockwell en muchas de las películas de Spielberg, e incluso un directo homenaje en El imperio del sol. Su estilo también se "rastrea" en films como Forrest Gump. Hay un telefilm de 1987 basado en una ilustración suya: "Rompiendo los lazos con el hogar", del que desgraciadamente sólo pude ver el final... que era la recreación de dicha ilustración.

Para finalizar el tema de la relación de Norman Rockwell con el cine, deciros que Steven Spielberg y George Lucas (ambos admiradores del artista) acaban de organizar una exposición de su colección de originales del artista (ventajas de ser rico), dando al parecer importancia a la habilidad de Rockwell como "narrador" de historias en las muestras de la exhibición.


Esta ilustración, realizada en 1916, es su primera ilustración para el Saturday Evening Post (donde el artista realizaría multitud de portadas durante las décadas siguientes). La evolución del artista sería significativa en los años sucesivos... Pero a pesar de lo tosca que pueda parecer esta ilustración comparada con su obra posterior, incluso aquí se puede ver su gran talento... Y es por esto que las obras de este período son tan disfrutables como las del mejor Rockwell.



"The Commuters" (que vienen a ser aquellos que viajan a diario del trabajo a casa), realizada en 1946, es una de mis ilustraciones favoritas. Hay muchas cosas que me llaman la atención en ella: el movimiento y la sensación de prisa de los viajeros de un andén, lo estático y la espera de los otros en el andén contiguo , muchos con el periódico, aislados del resto... Siempre tengo la extraña sensación de estar viendo en esta imagen autómatas que siguen el ritmo marcado por los tiempos modernos...



"La bendición de la mesa", realizada en 1951 para el Post está considerada una de las obras más célebres de Rockwell. El tema le fue sugerido por la carta de una lectora que le describía algo que había visto (supongo que sorprendida) en una cafetería: una anciana menonita y su nieto bendecían la mesa antes de tomar sus alimentos. Rockwell nos ofrece una imagen de una época que va a desaparecer, arrollada por unos tiempos más cínicos.... los que vivimos.

"Triple autorretrato"( 1960) es la ingeniosa ilustración que Rockwell realizaría para el Post cuando empezó a serializar una biografía del artista en las páginas de su revista.



En "La regla de oro" (1961) Norman Rockwell dice algo parecido a lo que los Beatles cantarían en su disco de despedida ocho años después. Básicamente, trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti.


"El problema con el que convivimos todos", su primera ilustración realizada para la revista Look en 1964 es también una de mis favoritas. Recrea un episodio real. La escolarización de la niña Ruby Bridges, quien tuvo que asistir acompañada por escoltas del FBI dada la oposición de la sociedad a las escuelas de "integración". Ruby fue la primera niña que asistió a una escuela de "blancos" en el Sur. Cada día que iba a clase, tenía que enfrentarse a los gritos racistas y crueles, así como a las amenazas de la gente de Nueva Orleans. Durante el primer año su profesora fue Barbara Henry, venida de Boston aquel año (y sin los prejuicios de la zona) que le impartió clase únicamente a ella. Ruby no tuvo compañeros en el aula, ni amigos con los que poder jugar en el recreo.

Disney hizo un telefilm en imagen real en 1998, que no es fantástico, pero tiene un pase, y que por supuesto "recrea" la ilustración de Rockwell. Estaba colgado en Youtube (en inglés solamente). Recomendable si os interesa el tema. Aquí podéis ver una imagen de la verdadera Ruby .




"Justicia Sureña", realizada en 1965, se basa en el asesinato de los tres defensores de los derechos civiles que ocurrió en Mississippi el año anterior e inspiraría la película dirigida por Alan Parker, Arde Mississippi (1988).
La revista Look prefirió publicar el "esbozo" previo del artista debido a su mayor crudeza. No es ésta una de las imágenes típicas de Rockwell. El artista prefería mostrar una cara más amable de la sociedad, con la que se le asocia normalmente.

En una película dirigida por George Roy Hill en 1988 interpretada por Chevy Chase, se hace un homenaje en forma de cariñosa burla a Rockwell y a esa "imagen idílica" que ofrecen sus ilustraciones.

Es cierto que la obra de artistas como Rockwell o Capra se puede contemplar con cierta ironía o incredulidad a los ojos del espectador de hoy (e incluso a los ojos de sus contemporáneos), pero si las vemos con el corazón y sin sentirnos condicionados por la visión cínica y racionalista que impera hoy, no podemos dejar de reconocer lo significativas que son y cuánto nos emocionan.

Rockwell tiene multitud de ilustraciones magníficas y no es cuestión de llenar este blog con ellas. Si os han gustado algunas de las que aquí aparecen, os recomiendo que busquéis más por la red u os hagáis con alguna monografía sobre su obra (la editorial Taschen tiene un libro en castellano muy recomendable y a un precio asequible). No os defraudará, os lo aseguro.

Enlaces recomendados:

http://www.nrm.org/about-2/about-norman-rockwell/

http://www.rockwelllicensing.com/nr_gallery.html

RITMO. El cuento de la semana.


Sólo el alba se movía en la quietud de aquel patio pequeño de prisión, el alba que traía la muerte del joven republicano que se enfrentaba con el pelotón de ejecución. 
Los preparativos habían concluido. El grupo de oficiales se había apartado ya a un lado para presenciar el final, y ahora la escena era tensa y callada.

Hasta el último instante, los rebeldes habían esperado que llegase un indulto del Cuartel General, porque si bien el condenado era un enemigo de su causa, había sido en el pasado una figura popular en España, un brillante humorista que había contribuido generosamente a la diversión de sus compatriotas.
El oficial que mandaba el pelotón de ejecución lo conocía personalmente, y juntos se habían licenciado en la Universidad de Madrid, juntos habían trabajado para derrocar a la monarquía y el poder de la Iglesia. Juntos se habían divertido, juntos habían discutido por las noches alrededor de la mesa de un café, habían bromeado y reído, habían gozado noches de discusiones metafísicas. A veces habían debatido la dialéctica del gobierno. En aquel entonces, sus discrepancias eran amistosas, pero ahora las mismas habían provocado sufrimientos y conmociones a toda España, y habían traído a su amigo a morir ante el pelotón de ejecución.
Más ¿por qué recordar el pasado? ¿Por qué razonar? Desde el inicio de la guerra civil, ¿de qué servía la razón? En la quietud del pequeño patio de la cárcel, esas preguntas pasaban febrilmente por el cerebro del oficial.
No, debía olvidar el pasado. Sólo importaba el futuro. ¿El futuro...? Un mundo en el que faltarían muchos de sus antiguos amigos.
Esa madrugada se habían encontrado por primera vez desde el comienzo de la guerra. Sin haber cruzado una sola palabra. Sólo pasó entre ambos una leve sonrisa mientras se disponían a marchar hacia el patio de la cárcel.
Desde las sombras, las luces argentadas y rojas del alba se asomaron sobre el muro de la prisión e impulsaron un silencioso réquiem, con el mismo ritmo del silencio del patio, un ritmo que pulsaba en silencio, como el latido de un corazón. Surgiendo de ese silencio, la voz del oficial de mando resonó por los muros de la cárcel.
"¡Atención!"
Al oír la orden, seis subordinados se situaron firmes, con los rifles al costado, y se cuadraron. La unidad de esta acciónfue seguida por una pausa, tras la que se daría la próxima orden.
Pero en esa pausa ocurrió algo que, algo que rompió el ritmo. El condenado tosió y se aclaró la garganta. Y esa interrupción quebrantó la continuidad del procedimiento.
El oficial se volvió, esperando que el condenado hablase, pero éste nada dijo. El oficial se volvió de nuevo hacia sus hombres y estuvo a punto de dar la próxima orden, pero de repente se adueñó de su cerebro una súbita rebeldía, como una amnesia psíquica dejó su mente en blanco. Quedó desconcertado ante sus hombres. ¿Qué ocurría? La escena en el patio de la prisión carecía de sentido. Vio esa escena objetivamente: un hombre, con la espalda contra el muro, frente a otros seis. Y el grupo, no muy lejos, qué tonto parecía, era como una hilera de relojes que repentinamente hubiesen dejado de funcionar. Nadie se movía. Nada tenía sentido. Algo andaba mal. Tal vez fuese un sueño y él tendría que despertar.
Confusamente, le volvió la memoria. ¿Cuánto tiempo llevaba allí parado? ¿Qué había sucedido? Ah, sí, acababa de dar una orden, pero ¿cuál debía ser la siguiente?
Después de "¡Atención!" venía la orden "¡Presenten armas!" y luego "¡Apunten!" y finalmente "¡Fuego!". Un vago concepto de todo esto seguía en el fondo de su cerebro, pero las palabras parecían muy lejanas... vagas, ajenas...
En esta confusión, gritó de modo incoherente, con palabras balbucientes carentes de sentido. Pero, ante su gran alivio, los soldados presentaron armas. El ritmo de su acción se comunicó a su cerebro y volvió a gritar. Los soldados apuntaron.
En la leve pausa que siguió, resonaron en el patio pasos apresurados. El oficial supo que llegaba el indulto. Instantáneamente su cerebro se aclaró.
"¡Deteneos!", gritó al instante al pelotón.
Seis soldados mantenían apuntados sus fusiles. Seis hombres estaban apretados por el ritmo. Seis hombres que cuando oyeron el grito de "¡Deteneos!", dispararon.

Este cuento fue escrito por el individuo que personificó el cine desde sus inicios hasta casi el final del siglo XX... Yo lo he extraído del libro Charles Chaplin de William C. Taylor (un estupendo libro a pesar de su peculiar maquetación), en el que me parece que no consta nombre alguno del traductor. Así pues, tirón de orejas para la casa editora: Ultramar. Y no hace falta añadir... Sin copyrigth, pero con honorable fin.

LA PREGUNTA ES ERRÓNEA.


Frederick (sin levantar casi la mirada del periódico): Te perdiste un pésimo programa de televisión sobre Auschwitz. Lleno de espantosas imágenes de archivo y de intelectuales perplejos que proclamaban su perplejidad ante la matanza sistemática de millones de personas.
(...)
Frederick (vuelve lentamente la cabeza hacia Lee): La razón del porqué jamás pudieron contestar a la pregunta: "¿Cómo pudo ocurrir?" está en la que pregunta es errónea. Considerando lo que es la gente, la pregunta tendría que ser (engulle un bocado de su sandwich): "¿Por qué no ocurre con mayor frecuencia?" Y ocurre en realidad, aunque de formas más sutiles.

Extraído de Hannah y sus hermanas de Woody Allen (traducción de José Luis Guarner)

CAPRIANA DIVERSIDAD DE CRITERIOS

Ayer, en El pequeño Misántropo encontré una estupenda reseña sobre El secreto de vivir de Capra y su autor decía esto: "Si no fuera porque Frank Capra era un activista anticomunista y ferviente partidario republicano, pensaría que con las palabras finales de Gary Cooper, en las que reparte su fortuna para que cada vecino trabaje su propia tierra, está haciendo una apología del comunismo."

Su comentario me llevó a recordar el libro de Donald C. Willis sobre Frank Capra (éste lo compré hace años, no me cayó en el almacen de reciclaje). Y aquí, con traducción de Angeles Prol García os dejo parte de lo que apuntaba Willis, que seguro os servirá para descubrir la verdadera ideología política que se esconde detrás de los films de Capra:

" Dependiendo del punto de vista político de cada uno y de qué película o de qué parte de las películas de Capra de las que se está hablando, Frank Capra es un abogado del
comunismo: "... Deeds... decide donar sus 20.000.000 de dólares porque sí... como contagiado por una plaga casi comunista" "Variety" 22 de abril 1936, p.14
fascismo: "John Doe encarna en Gary Cooper a un completo fascista, que sospecha de todas las ideas y todas las doctrinas, pero que cree en el compromiso innato del hombre corriente". Andrew Sarris, "The American Cinema", 1968, p.87

marxismo: "Brennan es el enemigo del dinero y el abogado de un rechazo chaplinesco de la sociedad y la civilización. (Es, quizás, el orador marxista en la película "Juan Nadie") Gerald Mast, "The comic Mind", 1973, p.262.

populismo:
"El sentimentalismo de la película es banal, simplista, populista, el nivel de ideas es absurdo, vacío de intelectualidad". Sam Rhodie:"Un análisis estructural de "El secreto de vivir". Cinema (Británica) Febrero 1970 p.30

"Se ha acusado a Smith, Deeds, Doe y los demás de "newdealismo" libertario, per
o este juicio hoy carece de valor..., estas fantasías de buena voluntad
ya no están en conflicto con el "status" del americano de clase media." Elliot Stein. "Capra cuenta sus Oscars" Sight and Sound (verano 1972) p.162

conservardurismo:
"Aunque esta clase - la clase media a la que Capra representa supuestamente- debe considerarse conservadora en contraste con la izquierda, sus ideas eran inciertas y confusas". Richard Griffith. The film Till Now, 1967 p. 449

maccartismo:
Capra (en "El secreto de vivir") ya ha encontrado su camino en las clásicas cabezas de turco del "mac carthismo". Raymond Durgnat, The Crazy Mirror, 1969, p.126.

"new dealismo": "Capra contribuyó eficazmente al New Deal y al nuevo espíritu" Leif Furhammer and Folke Isaksson, Politics and Film, 1971, p.60

"El mismo Mr. Deeds puede considerarse como una especie de Roosevelt acusado por sus oponentes de instituir el New Deal y "derrochar millones" al ayudar a los pobres y los parados". George Sadoul, Dictionary of Films, 1972, p.223

"anti-hooverismo": "La locura del dólar" es "propaganda contra la acumulación excesiva, la congelación de activos y otros males económicos que el hooversimo ha creado en 1932." Variety, 9 de agosto de 1932

"socialismo": "El tema social (en "El secreto de vivir") para algunos se acerca peligrosamente al socialismo. Martin Quigley, jr y Richard Gertner, Films in America, 1929-1969, 1970, p.72

"¡Qué bello es vivir!" "es un sermón sobre las posibilidades de un socialismo cristiano, una sociedad fundada en la atención, la amabilidad y la confianza". James Agee. The Nation, Febrero 15, 1947.


"
capitalismo": "La nueva película de Capra (El secreto de Vivir) trata sobre el capitalismo corrupto, pero no es anticapitalista." Furhammer, obra citada. p.61


Donald C. Willis apunta también otros ejemplos que han señalado la ideología del cine de Capra como democrática, individualista, centrista, etc. pero creo que la idea ha quedado clara con los ejemplos de arriba.

Y para rematarlo, como Willis escribe, "el mismo Capra, que nunca se azoraba en admitir algo en cierto modo vergonzoso, dijo: "Puede parecer tonto,pero la idea subyacente de mis películas es en realidad el sermón de la Montaña."."

Para Willis, las películas de Capra dicen que la vida puede ser buena o no, pero que definitivamente podría ser mejor, y que los ideales de hermandad, felicidad y amor no se dan por supuestos. Hay que luchar por ellos.

Añadido: No he leído al crítico cinematográfico Andrew Sarris, que alcanzó popularidad en su país por difundir la teoría del director como autor cinematográfico ... pero si su criterio es tan acertado como el de "calificar" a John Doe como un completo fascista... no me interesa leerlo. Y de hecho, siguiendo este mismo criterio, podeís decir que al igual que John Doe soy un completo fascista (¡y orgulloso de serlo!).

domingo, 29 de noviembre de 2009

FRONTERAS

"Sin duda es un gran defecto en mi personalidad, pero no puedo pensar en el concepto de fronteras. Esas líneas imaginarias son tan irreales para mí como los elfos y los duendecillos. No puedo creer que marquen el final o el principio de nada verdaderamente importante para el alma humana. Vicios y virtudes, placeres y dolores cruzan fronteras a su antojo."


Extraído de la novela Madre Noche de Kurt Vonnegut.

ut.

viernes, 27 de noviembre de 2009

JOHN BAUER

Me encantan las ilustraciones de los cuentos populares, infantiles, de hadas o como queráis llamarlos.

Uno de mis artistas favoritos es Arthur Rackham, pero este post no es para él, sino para John Bauer (su autorretrato arriba a la derecha), que creo que tuvo bastante influencia en el arte de Rackham, y que según la entrada que tiene en wikipedia: fue un ilustrador sueco conocido por la serie de ilustraciones Entre los elfos y los Trolls, un libro para niños editado en Suecia.

Además de su entrada en la wikipedia, si queréis ver más imágenes suyas podéis ver también esta página , y la página por la que le conocí hace años, una más de la galería Budplant, que puede serviros para conocer a otros ilustradores igual de interesantes.

Ahora, os dejo con unas cuantas imágenes robadas de varios sitios de la red.














EL PADRE DE KATHERINE HEPBURN.

Antes de escribir en 2001 la magnífica biografía Tras la pista de John Ford, Joseph McBride ya había escrito en 1992 otra biografía que siento decir que no he leído (pero os aseguro que acabaré leyendo) titulada Frank Capra: La catástrofe del éxito.

El libro de McBride contradecía muchos de los datos de la autobiografía del director, Frank Capra El nombre delante del título (que sí he leído).

Es más que probable que Capra adornara muchos detalles de su vida. Su biografía se lee y disfruta como una más de sus películas, y Capra proyecta una imagen muy positiva de sí mismo, pero para mí resultó curioso saber que su primera intención no había sido esa.
Capra escribió un primer manuscrito de 92 páginas titulado "Voces nocturnas"  que finalizaba con su muerte tal y como la imaginaba: un alcohólico olvidado en un bar de Los Angeles.

Un amigo de Capra pensaba que ese manuscrito era masoquista, y que el director se autocastigaba recordando todas las humillaciones que había sufrido en esos últimos años. Este amigo le animó a que cambiara el enfoque de su autobiografía, a que diera énfasis a lo positivo, a sus logros... Y eso fue lo que acabó publicándose. Frank Capra: El nombre delante del título.

Pero más allá de lo cierto o incierto que haya en el libro de Capra, cuenta cosas que merece la pena conocer. Como por ejemplo, esta anécdota por boca de Spencer Tracy (la traducción es de Domingo Santos):

"(...) dijo el travieso
Tracy con un gran guiño-. La primera vez que me invitaron a casa de Hepburn en Nueva Inglaterra... ¿una casa?, ¡una mierda! ¡Un palacio! Ocupando media isla y mirando a una playa privada vallada de kilómetro y medio de largo. Bueno, ya conoce a Madame Que-Hace-El-Bien. Hará una donación para el Comité para la Protección de las Bocas de Incendio. Desfilará por los derechos civiles de los perezosos de tres dedos. ¿Y sabe una cosa? Su familia son todos unos locos más grandes que ella. Ya sabe... aristócratas de la ultraliberal Nueva Inglaterra que pierden el culo por la gente pobre, muy pobre, pero nunca la ven.

"Mire su padre. Un gran médico. No dejan que las cartas de caridad circulen por el correo de Nueva Inglaterra, a menos que su nombre esté en el membrete. Y su madre ayuda a Margaret Sanger con las jóvenes que han quedado embarazadas.. -¡ Spence! Eres horrible- interrumpió Katie-. Mamá ayuda con el control de natalidad...- De acuerdo, mamá ayuda a las jóvenes a que las embaracen. Y los seis chicos mayores Hepburn poseen sus propias especialidades sociales preferidas. ¡Vaya clan! Bueno, en la cena mi cabeza estaba así de grande. ¿Puede imaginar escuchar a ocho Hepburn hablando a la vez sobre los negros, los barrios bajos, los puertorriqueños, el aborto, los sin hogar, los hambrientos? Así que me levanté y dije: " Si no les importa, saldré fuera para colgar la lámpara al lado de la puerta de oro." Y salí al porche en busca de algo de paz y para contemplar el atardecer."La playa estaba vacía. Tenía que estar vacía con aquellas cercas de alambre espinoso a cada lado. Y vi a un tipo, con una caña de pescar, un hombre pequeño, que se arrastraba a través del alambre espinoso a unos ochocientos metros de distancia, tan lejos que sólo era un punto. "¡Hey!", llamé a los de dentro. "Será mejor que pongan otro plato a la mesa. ¡Aquí viene uno de sus pobres con la esperanza de comer algo gratis!""El viejo Hepburn salió corriendo con fuego en los ojos. "¿Dónde está?" Señalé hacia la cerca. El señor Hepburn decolgó un megáfono de la pared del porche y corrió a la playa gritando: "¡Esto es una propiedad privada! ¡Está usted invadiéndola! ¡Salga inmediatamente de esta playa o le llenaré el culo de perdigones! ¡Fuera!!"El pobre viejo pescador volvió a meterse en el alambre espinoso y echó a correr por su vida, playa arriba, arrastrando trozos de alambre espinoso por sus piernas. Papá Hepburn colgó el megáfono y me dijo: "Cada vez es más difícil conseguir algo de intimidad. Al menos dos veces a la semana alguien intenta arrastrarse por esa cerca y entrar en nuestra propiedad." Y volvió a meterse dentro y a unirse a la acalorada discusión familiar acerca de los derechos de los pobres...

Añadido: Entre los libros que el destino puso en mis manos en la planta de reciclaje se encuentra el de las memorias de la nada ególatra Hepburn: Katherine Hepburn ME Stories of My Life (sí, me cayeron bastantes títulos en inglés)... Cuando la lea, os diré si menciona algo relacionado con este suceso.

jueves, 26 de noviembre de 2009

LAS "RAÍCES" DE CAPRA SON LAS MÍAS.

Iba a hablaros aquí de otro de mis directores favoritos:
Frank Capra (1897-1991).
Más que de él, iba a contaros una divertida anécdota de su autobiografía, que en realidad tiene más que ver con Spencer Tracy y Katherine Hepburn... pero eso será para el siguiente post.

Porque buscando sobre su figura por la red he descubierto algo que comparto con él, y que al final es lo que me ha dado pie a escribir este post.

El caso es que Francesco Rosario Capra, nacido en Bisacquino, Sicilia, emigró, al igual que el niño Corleone de Coppola, a los Estados Unidos, y allí se convirtió en un norteamericano ciento por ciento.

Y creo que ya va siendo hora de que quede claro que tanto su cine como su persona tenían menos de ñoño o cándido de lo que muchos han querido ver.


Capra no recordaba ni el nombre de sus abuelos maternos (cosa que no le preocupaba lo más mínimo), y toda su vida consideró que había "nacido" en America...




Tanto es así, que cuando en 1977 Capra visitó Italia, el gobierno italiano arregló una rueda de prensa en Bisacquino, su pueblo natal (la imagen de arriba), y él recordaría así el hecho: "No sentí nada. ¿A quién demonios le importa dónde has nacido? Ese pueblo no significa nada para mí. ¿Sabes lo de ese tipo de color, esa cosa, Raíces? Está lleno de tonterias. Odio la palabra "raíces". Que la gente esté tan orgullosa de sus raíces es algo enfermo." (Capra se refería al libro Raíces y a su autor, Alex Haley. La serie de Kunta Kinte, para los que la recuerden, de gran éxito por aquellos años.)

Lo cual no ha impedido que si buscáis Bisacquino en la wikipedia os digan que hay dos notables figuras que salieron de allí: el mafioso americano Vito Cascio Ferro y el tipo que dirigió la película esa de ¡Qué bello es vivir!.

¿Veis como el paralelismo con el Vito Corleone de ficción no era tan equivocado? Además, si lo pensáis bien, el negocio de Hollywood reunía más trapicheos y asuntos turbios que el de la mafia italiana. O andaba a la par...


Sin ser tan políticamente incorrecto como nuestro Francesco (yo no he leído el libro de Haley, que creo que tiene tanto de invención como la "sincera" autobiografía de Capra)... debo confesar que al igual que él, no siento para nada mis raíces. Es algo a lo que le doy nula importancia en mi vida...

Sé dónde nací (de hecho, veraneé allí durante muchos años), pero no me siento nada vinculado con ese sitio ni con su gente, ni con su équipo de fútbol, ni con su personaje local más célebre...
Son tan propios o extraños para mí como cualquier individuo de cualquier otro lugar..

Para colmo, Capra pudo al menos sentirse norteamericano, pero yo, por motivos que no vienen al caso, ni siquiera me siento español.

Intenté sentirme norteamericano, que lo sepáis, pero sin vivir allí, ni hablar el idioma, me resultó muy difícil.

Al menos me quedan las películas de este siciliano para "vivir" el "sueño" americano (más sobre esto en otros posts... que Capra da mucho juego.)

PD: Todos aquellos que escribáis (supongo que pocos) diciéndome que las raíces tienen su importancia.. que os sentís orgullosos de ser gallegos, chinos, camporapacinos, moscovitas, españoles, vascos, italianos, catalanes o incluso yanquis (que hay que tener vergüenza para esto último)... no me parece mal. Allá cada uno con lo que prefiera. Pero me parece que lo importante, que la raíz común que nos engloba a todos es que pertenecemos a la misma especie animal (eso que llaman homo sapiens no sé muy bien por qué, porque yo la denominaría homo imbecilis) y que vivimos en el mismo planeta...

NO SON ELLOS, QUE CONSTE EN ACTA.

He hecho la débil y quebradiza promesa de no hablar sobre quienes ya sabéis en este blog. Veremos cuánto dura... Pero como no puede ser...porque no puede ser... os dejo con estos vídeos de un tal Julian, otro de los Korgis que dice algo que ya sabéis de mí, y el último, del Rufus Waincomoseescriba acompañado de otros dos (el de enmedio me recuerda a alguien en su parte vocal...no sé, no sé). Espero que os gusten.







martes, 24 de noviembre de 2009

REX Y YO. BRUCE JONES Y RICHARD CORBEN.

Supongo que todos los aficionados al cómic saben perfectamente quiénes son Bruce Jones y Richard Corben, así que no creo que sea necesaria una presentación. Para los no aficionados, he puesto un par de enlaces más abajo.

"Rex y yo" es una magnífica historieta fruto de la combinación de ambos autores, y más allá de su apariencia como simple historia de terror, trata de un modo eficaz y directo la crueldad hacia los niños por parte de otros niños, familiares, profesores...
A pesar de su final O'Henry (típico de estas historias) el guión de Jones es estupendo (hasta la última frase del policía lo es), y el dibujo de Corben se adecúa perfectamente a la historia.

Jones y Corben tienen otras colaboraciones igual de buenas, como la de Una mujer despechada, por ejemplo, pero yo tengo un especial cariño por ésta. Como dirían los seguidores de Corben: 10/10

Dudo que vaya a "colgar" muchas historietas completas en este blog. Hago una excepción en este caso porque es una historieta breve y contárosla me parece que le haría perder su fuerza. Espero que la disfrutéis y la comentéis.









PD: Si subo esta historieta es porque uno de sus autores no tiene interés en que vuelva a editarse este material (sus razones tendrá, no me meto), pero ya que no tengo la revista en la que apareció y por lo tanto no puedo dejarla, ésta es la única forma que se me ocurre de acercarla a los demás. El copyrigth es por supuesto de ambos autores, y yo lo publico sin permiso, pero con cariño... y con fines meramente educativos.

Creo que es una verdadera pena que "Rex y yo" no pueda volver a publicarse, y pienso que un álbum que recopilara el material en el que Jones y Corben han unido sus talentos sería una verdadera gozada para los aficionados a la historieta.

Por último, para los que queráis saber un poco más de estos autores os dejo estos enlaces: Bruce Jones 1 y Bruce Jones 2. Corben tiene su propio blog (en inglés).. pero hay interesantes páginas en castellano sobre este autor, aquí y aquí . Esas dos son algunas desde las que podéis acceder a otras similares.

EL LOBO Y EL CORDERO.


Un lobo y un cordero llegaron sedientos a beber agua a un arroyo. El cordero bebía en lo más bajo de la corriente, mientras que el lobo bebía en lo más alto.

- ¿Por qué enturbias el agua que bebo? - preguntó el lobo, buscando un pretexto para devorar al cordero.
- Yo no enturbio el agua, porque corre desde donde estás tú hasta donde estoy yo - contestó el cordero.

Como el cordero tenía toda la razón, el lobo buscó otra argucia para culpar al cordero. Le dijo:
- Hace seis meses que me insultaste, y no te lo perdono.
- No te pude insultar hace seis meses - contestó el cordero -, porque yo no tengo más que cinco.
- Entonces sería tu padre - dijo el lobo; y devoró al cordero.

Cuando los lobos se empeñan en tener razón, los corderos nunca la tienen.

Extraído de "Fábulas de Esopo".

INFLUENCIAS FORDIANAS.

Este video lo encontré en una página dedicada al actor John Wayne, y ya que hace unos posts "critiqué" la "veracidad" de John Ford en el tema de los indios de sus películas , es justo reconocer sus logros y su condición de maestro para las generaciones de cineastas venideras. Es más, me gustaría aclarar que John Ford es uno de mis directores favoritos, y que me encantan sus películas, incluso sus comedias de humor navajo.



Aparte de las citas y referencias que aparecen en este vídeo, no entiendo cómo al hacerlo no añadieron la escena que para mí recoge en Salvar al soldado Ryan de Spielberg al más puro Ford. Siento no poder ponérosla porque no la encuentro en internet. Me refiero a la escena en la que la madre de Ryan mira desde la cocina el humo que levanta un coche que se dirige hacia su casa, y cuando sale al porche para recibir a los visitantes y ve bajar a un militar y un reverendo, le tiemblan las piernas y no puede sostenerse en pie. Sin necesidad de palabras ha sabido que sólo traen malas noticias.

¿Conocéis más influencias de este director en otras películas o directores? Podríamos citar incluso a gente de su generación (algunos tan grandes como él, aunque sin superarlo) como Howard Hawks, Henry Hathaway, David Lean...

Por cierto... he prometido evitar en lo posible hablar de ciertas cosas, así que no voy a incluir el vídeo, pero si queréis ver algo curioso que tiene relación con Paul y John (pero no el John que pensáis), podéis visitar esta página y descubrir quién entregó el Grammy que ganó Let it be.

¡DILES QUE NO ME MATEN! El cuento de la semana.

-¡Diles que no me maten, Justino! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad.
-No puedo. Hay allí un sargento que no quiere oír hablar nada de ti.
-Haz que te oiga. Date tus mañas y dile que para sustos ya ha estado bueno. Dile que lo haga por caridad de Dios.
-No se trata de sustos. Parece que te van a matar de a de veras. Y yo ya no quiero volver allá.
-Anda otra vez. Solamente otra vez, a ver qué consigues.
-No. No tengo ganas de ir. Según eso, yo soy tu hijo. Y, si voy mucho con ellos, acabarán por saber quién soy y les dará por afusilarme a mí también. Es mejor dejar las cosas de ese tamaño.
-Anda, Justino. Diles que tengan tantita lástima de mí. Nomás eso diles.
Justino apretó los dientes y movió la cabeza diciendo:
-No.
Y siguió sacudiendo la cabeza durante mucho rato.
- Dile al sargento que te deje ver al coronel. Y cuéntale lo viejo que estoy. Lo poco que valgo. ¡Qué ganancia sacará con matarme? Ninguna ganancia. Al fin y al cabo él debe de tener un alma. Dile que lo haga por la bendita salvación de su alma.
Justino se levantó de la pila de piedras en que estaba sentado y caminó hasta la puerta del corral. Luego se dio vuelta para decir:
-Voy, pues. Pero si de perdida me afusilan a mí también, ¿quién cuidará de mi mujer y de los hijos?
-La Providencia, Justino. Ella se encargará de ellos. Ocúpate de ir allá y ver qué cosas haces por mí. Eso es lo que urge.
Lo habían traído de madrugada. Y ahora era ya entrada la mañana y él seguía todavía allí, amarrado a un horcón, esperando. No se podía estar quieto. Había hecho el intento de dormir un rato para apaciguarse, pero el sueño se le había ido. También se le había ido el hambre. No tenía ganas de nada. Sólo de vivir. Ahora que sabía bien a bien que lo iban a matar, le habían entrado unas ganas tan grandes de vivir como sólo las puede sentir un recién resucitado.
Quién le iba a decir que volvería aquel asunto tan viejo, tan rancio, tan enterrado como creía que estaba. Aquel asunto de cuando tuvo que matar a don Lupe. No nada más por nomás, como quisieron hacerle ver los de Alima, sino porque tuvo sus razones. Él se acordaba:
Don Lupe Terreros, el dueño de la Puerta de Piedra, por más señas su compadre. Al que él, Juvencio Nava, tuvo que matar por eso; por ser el dueño de la Puerta de Piedra y que, siendo también su compadre, le negó el pasto para sus animales.
Primero se aguantó por puro compromiso. Pero después, cuando la sequía, en que vio cómo se le morían uno tras otro sus animales hostigados por el hambre y que su compadre don Lupe seguía negándole la yerba de sus potreros, entonces fue cuando se puso a romper la cerca y a arrear la bola de animales flacos hasta las paraneras para que se hartaran de comer. Y eso no le había gustado a don Lupe, que mandó tapar otra vez la cerca para que él, Juvencio Nava, le volviera a abrir otra vez el agujero. Así, de día se tapaba el agujero y de noche se volvía a abrir, mientras el ganado estaba allí, siempre pegado a la cerca, siempre esperando; aquel ganado suyo que antes nomás se vivía oliendo el pasto sin poder probarlo.
Y él y don Lupe alegaban y volvían a alegar sin llegar a ponerse de acuerdo. Hasta que una vez don Lupe le dijo:
-Mira, Juvencio, otro animal más que metas al potrero y te lo mato.
Y él contestó:
-Mire, don Lupe, yo no tengo la culpa de que los animales busquen su acomodo. Ellos son inocentes. Ahí se lo haiga si me los mata.
"Y me mató un novillo.
"Esto pasó hace treinta y cinco años, por marzo, porque ya en abril andaba yo en el monte, corriendo del exhorto. No me valieron ni las diez vacas que le di al juez, ni el embargo de mi casa para pagarle la salida de la cárcel. Todavía después, se pagaron con lo que quedaba nomás por no perseguirme, aunque de todos modos me perseguían. Por eso me vine a vivir junto con mi hijo a este otro terrenito que yo tenía y que se nombra Palo de Venado. Y mi hijo creció y se casó con la nuera Ignacia y tuvo ya ocho hijos. Así que la cosa ya va para viejo, y según eso debería estar olvidada. Pero, según eso, no lo está.
"Yo entonces calculé que con unos cien pesos quedaba arreglado todo. El difunto don Lupe era solo, solamente con su mujer y los dos muchachitos todavía de a gatas. Y la viuda pronto murió también dizque de pena. Y a los muchachitos se los llevaron lejos, donde unos parientes. Así que, por parte de ellos, no había que tener miedo.
"Pero los demás se atuvieron a que yo andaba exhortado y enjuiciado para asustarme y seguir robándome. Cada vez que llegaba alguien al pueblo me avisaban:
"-Por ahí andan unos fuereños, Juvencio.
"Y yo echaba pal monte, entreverándome entre los madroños y pasándome los días comiendo sólo verdolagas. A veces tenía que salir a la media noche, como si me fueran correteando los perros. Eso duró toda la vida . No fue un año ni dos. Fue toda la vida."
Y ahora habían ido por él, cuando no esperaba ya a nadie, confiado en el olvido en que lo tenía la gente; creyendo que al menos sus últimos días los pasaría tranquilos. "Al menos esto -pensó- conseguiré con estar viejo. Me dejarán en paz".
Se había dado a esta esperanza por entero. Por eso era que le costaba trabajo imaginar morir así, de repente, a estas alturas de su vida, después de tanto pelear para librarse de la muerte; de haberse pasado su mejor tiempo tirando de un lado para otro arrastrado por los sobresaltos y cuando su cuerpo había acabado por ser un puro pellejo correoso curtido por los malos días en que tuvo que andar escondiéndose de todos.
Por si acaso, ¿no había dejado hasta que se le fuera su mujer? Aquel día en que amaneció con la nueva de que su mujer se le había ido, ni siquiera le pasó por la cabeza la intención de salir a buscarla. Dejó que se fuera sin indagar para nada ni con quién ni para dónde, con tal de no bajar al pueblo. Dejó que se le fuera como se le había ido todo lo demás, sin meter las manos. Ya lo único que le quedaba para cuidar era la vida, y ésta la conservaría a como diera lugar. No podía dejar que lo mataran. No podía. Mucho menos ahora.
Pero para eso lo habían traído de allá, de Palo de Venado. No necesitaron amarrarlo para que los siguiera. Él anduvo solo, únicamente maniatado por el miedo. Ellos se dieron cuenta de que no podía correr con aquel cuerpo viejo, con aquellas piernas flacas como sicuas secas, acalambradas por el miedo de morir. Porque a eso iba. A morir. Se lo dijeron.
Desde entonces lo supo. Comenzó a sentir esa comezón en el estómago que le llegaba de pronto siempre que veía de cerca la muerte y que le sacaba el ansia por los ojos, y que le hinchaba la boca con aquellos buches de agua agria que tenía que tragarse sin querer. Y esa cosa que le hacía los pies pesados mientras su cabeza se le ablandaba y el corazón le pegaba con todas sus fuerzas en las costillas. No, no podía acostumbrarse a la idea de que lo mataran.
Tenía que haber alguna esperanza. En algún lugar podría aún quedar alguna esperanza. Tal vez ellos se hubieran equivocado. Quizá buscaban a otro Juvencio Nava y no al Juvencio Nava que era él.
Caminó entre aquellos hombres en silencio, con los brazos caídos. La madrugada era oscura, sin estrellas. El viento soplaba despacio, se llevaba la tierra seca y traía más, llena de ese olor como de orines que tiene el polvo de los caminos.
Sus ojos, que se habían apeñuscado con los años, venían viendo la tierra, aquí, debajo de sus pies, a pesar de la oscuridad. Allí en la tierra estaba toda su vida. Sesenta años de vivir sobre de ella, de encerrarla entre sus manos, de haberla probado como se prueba el sabor de la carne. Se vino largo rato desmenuzándola con los ojos, saboreando cada pedazo como si fuera el último, sabiendo casi que sería el último.
Luego, como queriendo decir algo, miraba a los hombres que iban junto a él. Iba a decirles que lo soltaran, que lo dejaran que se fuera: "Yo no le he hecho daño a nadie, muchachos", iba a decirles, pero se quedaba callado. "Más adelantito se los diré", pensaba. Y sólo los veía. Podía hasta imaginar que eran sus amigos; pero no quería hacerlo. No lo eran. No sabía quiénes eran. Los veía a su lado ladeándose y agachándose de vez en cuando para ver por dónde seguía el camino.
Los había visto por primera vez al pardear de la tarde, en esa hora desteñida en que todo parece chamuscado. Habían atravesado los surcos pisando la milpa tierna. Y él había bajado a eso: a decirles que allí estaba comenzando a crecer la milpa. Pero ellos no se detuvieron.
Los había visto con tiempo. Siempre tuvo la suerte de ver con tiempo todo. Pudo haberse escondido, caminar unas cuantas horas por el cerro mientras ellos se iban y después volver a bajar. Al fin y al cabo la milpa no se lograría de ningún modo. Ya era tiempo de que hubieran venido las aguas y las aguas no aparecían y la milpa comenzaba a marchitarse. No tardaría en estar seca del todo.
Así que ni valía la pena de haber bajado; haberse metido entre aquellos hombres como en un agujero, para ya no volver a salir.
Y ahora seguía junto a ellos, aguantándose las ganas de decirles que lo soltaran. No les veía la cara; sólo veía los bultos que se repegaban o se separaban de él. De manera que cuando se puso a hablar, no supo si lo habían oído. Dijo:
-Yo nunca le he hecho daño a nadie -eso dijo. Pero nada cambió. Ninguno de los bultos pareció darse cuenta. Las caras no se volvieron a verlo. Siguieron igual, como si hubieran venido dormidos.
Entonces pensó que no tenía nada más que decir, que tendría que buscar la esperanza en algún otro lado. Dejó caer otra vez los brazos y entró en las primeras casas del pueblo en medio de aquellos cuatro hombres oscurecidos por el color negro de la noche.
-Mi coronel, aquí está el hombre.
Se habían detenido delante del boquete de la puerta. Él, con el sombrero en la mano, por respeto, esperando ver salir a alguien. Pero sólo salió la voz:
-¿Cuál hombre? -preguntaron.
-El de Palo de Venado, mi coronel. El que usted nos mandó a traer.
-Pregúntale que si ha vivido alguna vez en Alima -volvió a decir la voz de allá adentro.
-¡Ey, tú! ¿Que si has habitado en Alima? -repitió la pregunta el sargento que estaba frente a él.
-Sí. Dile al coronel que de allá mismo soy. Y que allí he vivido hasta hace poco.
-Pregúntale que si conoció a Guadalupe Terreros.
-Que dizque si conociste a Guadalupe Terreros.
-¿A don Lupe? Sí. Dile que sí lo conocí. Ya murió.
Entonces la voz de allá adentro cambió de tono:
-Ya sé que murió -dijo-.
Y siguió hablando como si platicara con alguien allá, al otro lado de la pared de carrizos:
-Guadalupe Terreros era mi padre. Cuando crecí y lo busqué me dijeron que estaba muerto. Es algo difícil crecer sabiendo que la cosa de donde podemos agarrarnos para enraizar está muerta. Con nosotros, eso pasó.
"Luego supe que lo habían matado a machetazos, clavándole después una pica de buey en el estómago. Me contaron que duró más de dos días perdido y que, cuando lo encontraron tirado en un arroyo, todavía estaba agonizando y pidiendo el encargo de que le cuidaran a su familia.
"Esto, con el tiempo, parece olvidarse. Uno trata de olvidarlo. Lo que no se olvida es llegar a saber que el que hizo aquello está aún vivo, alimentando su alma podrida con la ilusión de la vida eterna. No podría perdonar a ése, aunque no lo conozco; pero el hecho de que se haya puesto en el lugar donde yo sé que está, me da ánimos para acabar con él. No puedo perdonarle que siga viviendo. No debía haber nacido nunca".
Desde acá, desde afuera, se oyó bien claro cuando dijo. Después ordenó:
-¡Llévenselo y amárrenlo un rato, para que padezca, y luego fusílenlo!
-¡Mírame, coronel! -pidió él-. Ya no valgo nada. No tardaré en morirme solito, derrengado de viejo. ¡No me mates...!
-¡Llévenselo! -volvió a decir la voz de adentro.
-...Ya he pagado, coronel. He pagado muchas veces. Todo me lo quitaron. Me castigaron de muchos modos. Me he pasado cosa de cuarenta años escondido como un apestado, siempre con el pálpito de que en cualquier rato me matarían. No merezco morir así, coronel. Déjame que, al menos, el Señor me perdone. ¡No me mates! ¡Diles que no me maten!.
Estaba allí, como si lo hubieran golpeado, sacudiendo su sombrero contra la tierra. Gritando.
En seguida la voz de allá adentro dijo:
-Amárrenlo y denle algo de beber hasta que se emborrache para que no le duelan los tiros.
Ahora, por fin, se había apaciguado. Estaba allí arrinconado al pie del horcón. Había venido su hijo Justino y su hijo Justino se había ido y había vuelto y ahora otra vez venía.
Lo echó encima del burro. Lo apretaló bien apretado al aparejo para que no se fuese a caer por el camino. Le metió su cabeza dentro de un costal para que no diera mala impresión. Y luego le hizo pelos al burro y se fueron, arrebiatados, de prisa, para llegar a Palo de Venado todavía con tiempo para arreglar el velorio del difunto.
-Tu nuera y los nietos te extrañarán -iba diciéndole-. Te mirarán a la cara y creerán que no eres tú. Se les afigurará que te ha comido el coyote cuando te vean con esa cara tan llena de boquetes por tanto tiro de gracia como te dieron.

Recuerdo la primera vez que leí este cuento. Fue en 2º de BUP. Estaba incluído en el libro de Lengua y Literatura (me parece que el de Lázaro Carreter, pero igual me equivoco). Me impresionó. Y cada vez que he vuelto a leerlo sigue provocándome una extraña sensación. Sus otros cuentos, recopilados en El llano en llamas son igual de buenos, aunque éste me sigue pareciendo el mejor. No es de extrañar que a pesar de tener sólo una novela corta, Pedro Páramo, y no más de veinte cuentos breves, Juan Rulfo haya pasado a formar parte de los clásicos de la literatura universal.

HA LLEGADO UN EXTRAÑO.


Según cuenta la leyenda, las Selkies son aquellas focas que cambian su piel para adoptar forma humana.

Pues bien... Ha llegado un extraño, el relato de la escritora escocesa Mollie Hunter gira sobre la llegada del Gran Selkie a una pequeña aldea de las islas Shetland.


El libro cayó en mis manos en la cinta de reciclaje de la que ya os hablé. Pertenece a la colección El Barco de vapor y se recomienda para lectores a partir de 12 años.

En lugar de contaros la historia, creo que es mejor transcribiros el texto que pretende atrapar al lector en la contraportada:
"¿Quién es Finn Learson?" El abuelo Henderson cree que se trata del Gran Selkie. Cuenta la leyenda que, de vez en cuando, una enorme foca macho - el Gran Selkie- toma figura humana y acude a la tierra para seducir jóvenes hermosas. Elspeth, la hermana de Robbie, es bellísima. Finn la mira con ojos penetrantes. ¿Tendrá razón el abuelo? Cada día que pasa, Robbie está más convencido de que así es."

La escritora Mollie Hunter quiere entretenernos con su recreación de las antiguas leyendas populares en las que las focas adquirían aspecto humano para secuestrar a jóvenes casaderas. Y lo cierto es que no le resulta difícil. La autora va avisando desde el principio de que sabe todo lo que va a pasar, de que el extraño no es un humano como los demás. Al centrar el protagonismo en Robbie, el niño que "descubre" lo que ocurre, busca también la identificación del joven lector.

No es una mala novela. Es entretenida, y está bien llevada hasta el final. Pero no tiene otra pretensión más que la de entretener (que no es poca) y sabe perfectamente la edad de el lector al que se dirige. O podríamos decir que sabía...

Me temo que Ha llegado un extraño no es el tipo de historias que interesan a los niños o jóvenes en la actualidad. En ciertos aspectos, la saturación de la fantasía, la magia o la ciencia ficción en la cultura juvenil en sus diversos medios (libros, cine, cómic), así como la multiplicación de todos estos elementos en cualquier relato, hace que esta historia parezca pobre en apariencia, vieja. Y tal vez lo sea.

Es probable también que el relato parezca algo blando a los ojos de un niño o un joven lector. Y aunque así sea, no podemos olvidar que su base es una una leyenda popular, y que fue escrita en 1975. A mí me parece que ése es en parte uno de sus encantos.

Cuando vi la imagen de este libro y su título, pensé inmediatamente en El forastero misterioso, pero lo cierto es que pesar de la coincidencia de extraños visitantes en aldeas, de la aparición de la magia, y de que ambos visitantes no esconden nada bueno, Ha llegado un extraño sí tiene un tono infantil-juvenil, y poco o nada tiene que ver con el relato de Mark Twain.

Es lógico, por otra parte. Las ambiciones de ambos autores son distintas, y los logros también. De hecho, más allá de las similitudes apuntadas, no deberían ser comparadas.

A medida que he ido leyendo la novela, también recordé una estimable película de John Sayles, la cual también jugaba con una leyenda de las selkies, si bien con un tono más dulce o menos oscuro que el que plantea Mollie Hunter. Aunque como ya he dicho, poco tiene de oscuro o tenebroso el relato de Mollie. Con deciros que sólo encontramos una muerte en su relato, y ésta ocurre de modo natural.

lunes, 23 de noviembre de 2009

LA INTRODUCCIÓN DE "EL SHOW DE LA PANTERA ROSA"



Aunque en los cortos de la serie se utilizaba música de Henry Mancini (o al menos variaciones de su conocido tema), esta introducción no era suya...
pero era tan buena que supongo que no le hubiera importado firmarla.
A mí me encantaba de crío. Y me sigue sonando igual de bien después de tantos años.

Además, alguien ha tenido la amabilidad de transcribir la letra de la canción en este vídeo, resolviendo así una de las grandes incógnitas de mi niñez.

Gracias a internet podemos saber también quiénes compusieron el tema:

Pink Panther Song Theme from the TV Series
"The Pink Panther Show" (1969-1979)
(Doug Goodwin/Walter Greene/William Lava)

JULIE ANDREWS Wouldn't it be loverly?




Cuando tenía unos 15 ó 16 años creo que Diario 16 publicó por fascículos su particular versión de la Historia del Cine (bastante mejor, aún con sus defectos, que la que hizo un par de años después El País, anunciada a bombo y platillo, y que dejaba mucho que desear).

Aparte del diccionario de actores, directores, y la consabida selección de películas clásicas que se encargaban de redactar los redactores en nómina (o becarios, eso ya no lo sé), gente del oficio de aquí opinaba sobre cada uno de estos temas en una pequeña columna o recuadro (Almodóvar, por ejemplo,
recuerdo que lo hizo sobre Lo que el viento se llevó, si no me falla la memoria.).

Yo no seguí esta colección (y no la tengo), pero alguien me la dejó una vez recopilada...

Y aunque me he quedado con muy pocos recuerdos de aquel coleccionable (la mayoría buenos), entre ellos también se me quedó grabado el comentario de alguien (no sé quién) que cuando hablaba de Blake Edwards, afirmaba que entre sus virtudes también debía constar el haber hecho soportable a su mujer, Julie Andrews, en sus películas.

Yo soporto a Julie Andrews en muchas películas... Es más... Sería más bien al revés.... Muchas de sus películas se me hacen más que soportables gracias a ella...

No sólo creo que es una estupenda actriz... es una magnífica cantante, una competente bailarina y una mujer guapísima.

Y con todo lo que me encanta My Fair Lady de George Cukor, no creo que hubiera estado peor que Audrey Hepburn... Después de todo, ese fue el papel que la convirtió en una estrella de Broadway... Espero que disfrutéis el vídeo.

LOS INDIOS DE JOHN FORD

Tendréis que creerme si os digo que un director colega de Ford (el problema es que no recuerdo quién) afirmaba que si en el guión de alguno de sus westerns aparecía una manta de una tribu india específica, Ford era tan puntilloso que no paraba hasta que la manta utilizada fuera la de dicha tribu.

Sin embargo, la verdad debía ser muy distinta, ya que según Joseph McBride en su excelente Tras la pista de John Ford (traducción de Josep Escarré y del que se puede extraer material para infinitos posts):
" Uno de los aspectos más increíbles de los westerns de Ford es que a menudo los indios están interpretados por miembros de tribus equivocadas. Salvo unas pocas excepciones, los apaches de La Diligencia están interpretados por navajos. En otros films de Ford, los navajos aparecen como sioux, cheyennes, arapahos..."

Más divertido todavía es lo que cuenta McBride sobre el humor de los navajos. Ford contrató a los navajos en El gran combate para que interpretaran a cheyennes, pero ellos hablaban en navajo y sus textos no tenían nada que ver con lo que traducían al inglés los del séptimo de caballería. "Entonces llegaban las escenas en las que un líder cheyenne de melancólico aspecto respondía a preguntas muy serias en melancólico idioma navajo. (...) Lo que en realidad decía tenía algo que ver con el tamaño del pene del coronel y con otras cosas de jocosa y divertida irrelevancia."
Y esto no sólo pasó en esa película. McBride confirmó que los navajos solían reírse de otros westerns de Ford en los que los diálogos de la tribu no correspondían con lo que se "traducía" al inglés.

También había detalles como el hecho de que aunque un vaquero o soldado disparase una vez, hasta siete indios podían caerse del caballo (al fin y al cabo les pagaban por ello)... cuando en teoría debería caer sólo uno.

Quisiera puntualizar que a mí me encantan los westerns de Ford, pero que si fuera navajo tal vez me gustarían por otros motivos.

sábado, 21 de noviembre de 2009

BLANCANIEVES. El cuento de la semana.


Un conde y una condesa pasaron por delante de tres montículos cubiertos de nieve, que hicieron exclamar al conde: "Desearía tener una niña tan blanca como esta nieve". Al poco rato, llegaron a un lugar donde había tres pozos de sangre roja, entonces el conde exclamó de nuevo: " Querría tener una niña con las mejillas tan rojas como esta sangre". Finalmente tres cuervos negros pasaron volando sobre sus cabezas, y, en aquel instante, volvió a desear "una niña con el cabello tan negro como estos cuervos". Al reemprender la marcha, se encontraron con una niña tan blanca como la nieve, tan roja como la sangre y con los cabellos tan negros como un cuervo: era Blancanieves. El conde la hizo subir inmediatamente a la carroza y le tomó cariño, cosa que no gustó en absoluto a la condesa, de modo que se puso a pensar en la manera de deshacerse de ella. Al fin, tiró uno de sus guantes y ordenó a Blancanieves que fuera a buscarlo; cuando ésta hubo descendido del carruaje, el cochero arrancó a toda velocidad.

Esta versión aparece en el libro Psicoanálisis de los cuentos de hadas de Bruno Bettelheim. Es uno más de los muchos cuentos populares medievales que recorrían Europa y del que derivaría, con cambios significativos y bastantes años después, la versión final en la que aparecen los siete enanitos. Hay una versión similar en la que la condesa, en lugar del guante, manda bajar a la niña del carruaje para recoger un ramo de rosas silvestres y así poder abandonarla.

Con todo lo que me gusta la versión de Walt Disney (obra maestra del cine, y no sólo de animación), creo que ésta es también estupenda. Y sí, la imagen de la Malvada Reina no tiene mucho que ver con este cuento, pero está tan majestuosa que no me ha quedado más remedio que incluirla.

viernes, 20 de noviembre de 2009

FRANZ MARC. NO SÓLO UN CAMBIO DE ESTILO.

Franz Marc (1880-1916) es un pintor alemán que la verdad sea dicha no es uno de mis artistas favoritos, aunque tiene algunos cuadros que están bien.
La temática de toda su obra gira alrededor del mundo animal, si bien evolucionando de un figurativismo más o menos convencional (pero lleno de color), experimentando con los colores y las formas geométricas hacia el expresionismo. Al final, más que por la representación animal, Marc está más interesado en las posibilidades cromáticas de su obra.

De todas formas, si lo traigo aquí no es por su labor artística, sino por otro motivo.
Tengo algunos libros de la colección Taschen sobre pintores... y claro, esos libros siempre los cogía por las imágenes. Creo que he leído todos los que pillé (algunos mejores, otros peores)... pero si los vuelvo a sacar alguna que otra vez de la estantería, es sólo para mirar las ilustraciones.

Pero lo cierto es que en el caso de Franz Marc (y sin menosprecio alguno de su obra artística) encontré más interesante algo que contaba el texto (sólo una pequeña anécdota, podríamos decir) que las imágenes que contenía el libro.

A Marc le pilló la I Guerra Mundial y la autora del texto (Susanna Partsch) nos cuenta que los motivos que movieron a Marc a presentarse voluntario a la guerra y a aprobarla, eran de naturaleza idealista. Lo cierto es que esto es algo que debió ocurrírle a muchísima gente en la I Guerra Mundial, que iban a ella sin saber muy bien qué se iban a encontrar, imbuídos de un espíritu romántico, que no tenía nada que ver con el amor.

Marc hablaba de un sacrificio de sangre de la comunidad de los pueblos que purificaría el mundo. La idea de que podría haber habido intereses económicos la rechazaba de plano, creía que la guerra era una guerra civil, contra el enemigo interior e invisible del espíritu europeo.

Marc escribió desde el frente cartas a su mujer contándole todas estas ideas. Estas cartas fueron publicadas en un libro, Cartas desde el campo de batalla ( 1920) que tuvo bastante éxito, y que no contenían las cartas de respuesta que también le enviaba su mujer, y que no acababa de ver que aquella guerra fuera tan bonita.

Ni siquiera la muerte de su amigo y también pintor Macke (alistado al igual que él voluntariamente) consiguió modificar la opinión de Marc, que escribía en sus cartas: "El sacrificio de sangre que la naturaleza exige de los pueblos en las grandes guerras, les lleva a un entusiasmo trágico, sin remordimientos. La comunidad humana se da la mano con fidelidad y lleva la pérdida con orgullo bajo los sonidos de la victoria."

Pero claro, unos meses en las trincheras y pasando aquella guerra modificaron un poco los contenidos de sus cartas.
Así, a la mujer de Macke le escribió diciendo que la guerra era "la caza de hombres más ruin a la que nos hemos dado.".

Y con su mujer fue más preciso: " El mundo se ha enriquecido con el año más sangriento de su existencia de muchos milenios. Es horrible pensar en ello: ¡y todo por "nada", por un malentendido, por la falta de entendimiento humano con el prójimo! ¡Y esto en Europa! Hay que aprender realmente de nuevo, pensar de otra manera, para superar esta monstruosidad de la "psicología de la acción" y no sólo odiar, maldecir y mofarse o llorar, sino buscar las causas y... formar "ideas contrarias".

Según cuenta Parsh, el 4 de marzo de 1916 Marc fue abatido durante una patrulla de reconocimiento, y ese mismo día su mujer recibía su última carta:
"...Sí, este año volveré a mi querido hogar, a ti y a mi trabajo. Entre las horribles e interminables imágenes de destrucción entre las que vivo, ese pensamiento de volver a casa tiene una especie de nimbo, que no se puede describir de modo suficientemente hermoso."



miércoles, 18 de noviembre de 2009

APOLOGÍA DE UN MATEMÁTICO

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"Exposición, crítica, apreciación, es trabajo para mentes de segunda categoría." G.H.Hardy

Y adelanto desde ya que este artículo es trabajo de una de cuarta o de quinta, pero aún así, me gustaría que lo leyerais... pediros que opinéis es tal vez demasiado...
Podría tratar de ser creativo y deciros que leí este libro porque algún desconocido lo dejó en mi buzón, o que se lo robé a un turista inglés mientras se tomaba unas cervezas, o que lo cogí de la biblioteca porque estaba enamorado de la foto de la portada (la imagen a vuestra derecha)… Pero, excepto para quienes sepáis quien soy, la realidad es bastante más prosaica, aunque parezca más inverosímil.
Lo cierto es que ahora estoy en paro, pero hasta hace mes y medio estuve trabajando durante año y medio en un almacén de reciclaje. Mi labor allí, entre otras cosas, consistía en quitar de una cinta todo aquello que no fuera papel y cartón. Y con todo, quiero decir, todo: botellas, maderas, juguetes, ruedas de coche, bolsas de basura orgánica de todos los tamaños posibles, puertas, plásticos, muebles, algún animal muerto, etc.… Claro que entre todo esto, también solían caer libros, y aunque posteriormente se nos “prohibió” coger cualquier cosa que cayera a la cinta (debían pensar que ya nos pagaban suficiente) yo pude hacerme con unos cuantos libros interesantes. Entre ellos, este A Mathematician’s Apology de G.H. Hardy.

En la introducción del físico, novelista y amigo del autor, C.P. Snow (casi más larga que el texto de Hardy), éste nos cuenta quién fue G.H. Hardy. Dotado desde niño para las matemáticas, el británico Godfrey Harold Hardy (1877-1947) fue matemático en las universidades de Cambridge y Oxford, descubridor del genio matemático hindú Ramanujan y según Snow, su colaboración con el matemático John Edensor Littlewood puede definirse como la más famosa colaboración en la historia de las matemáticas. Es más, para Snow, nunca ha habido nada igual como el dúo Hardy-Littlewood en cualquier ciencia, o en otro campo de actividad creativa, lo que me hace preguntarme, ya que su introducción es de 1967 (aunque el libro se publicara en 1940) si Snow había escuchado Revolver.
Es curioso... Aunque en su introducción Snow afirma que el libro tiene una cautivadora tristeza ya que puede notarse que es el testamento de un artista creativo… yo, en cambio, mientras lo leía, no dejaba de pensar en cuánto me recordaban muchas de sus páginas al guión de Ayn Rand para El manantial, y que Snow podría haber dicho más bien que era una defensa de las elites creadoras
El título de la obra es bastante explícito, y su lectura es amena y breve (no son más de 100 páginas sin contar la introducción)… Pero aunque haya cosas que no comparto con el autor, considero que hay varias ideas de Hardy lo suficientemente interesantes como para ser tenidas en cuenta y en las que, con vuestro permiso, me permitiré ciertas desviaciones personales llegado el caso.
Tras distinguir entre el trabajo crítico y el creativo, restándole méritos al primero frente al segundo ( algo con lo que estoy bastante de acuerdo... y que ya pensaba antes de ver Ratatouille) Hardy parte de una serie de ideas básicas:
"Asumiré que estoy escribiendo para lectores que están llenos, o han estado llenos en el pasado, de un adecuado espíritu de ambición (…) La ambición más noble es la de dejar detrás algo de valor permanente (...) La ambición ha sido la fuerza conductora detrás de casi todos los mejores trabajos del mundo (…)"
Para Hardy, son tres los principales motivos que mueven a los seres humanos a investigar: la curiosidad intelectual, el orgullo profesional y la ambición. Así, si un químico, un físico o podríamos añadir un médico le dijeran que lo que les lleva a profundizar e investigar en su trabajo es su deseo de beneficiar a la humanidad, Hardy no les creería, y tampoco pensaría mejor de ellos si lo hiciera. Casi me parece estar oyendo a Gary Cooper ante el jurado en El Manantial de King Vidor (perdón, de Ayn Rand).
Y aquí viene mi primera desviación del libro:
Tengo un amigo que trabaja en un empleo fijo no muy valorado socialmente, la verdad. Además de una licenciatura, tiene una serie de titulaciones con las que os aseguro que no le costaría mucho conseguir una plaza de grado superior en la administración o en la enseñanza en trabajos más valorados y mejor remunerados. Una vez le pregunté por qué no lo intentaba… Me dio una serie de razones que no vienen al caso…pero cuando se lo comente a mi pareja, ella simplemente dijo: “No es un chico ambicioso.”
Y tal vez sea así. Mi amigo está bien como está, y no tiene necesidad de ascender más en la escala socio-laboral-económica...
Así que pienso, al igual que Hardy, que es la ambición (el querer mejorar o prosperar) la que hace que uno se mueva, ya sea en el campo de la investigación o en cualquier otro campo en definitiva. Y todos los triunfadores suelen ser gente bastante ambiciosa... Por otra parte, y como me dijo también mi pareja: “Tú no tienes ambiciones, tienes sueños”… y eso, por lo visto, debe mover menos.
Pero volvamos con Hardy y sus matemáticas, o su defensa de las elites creadoras.


“Nunca ha tenido mucho valor el momento en el que un hombre de primera clase expresa una opinión mayoritaria. Por definición, siempre ha habido muchos otros para hacer eso.” G. H. Hardy.
Según apunta el autor casi al comienzo, el respeto y la reputación de las matemáticas se basa en parte en la ignorancia y en la confusión del resto. Del resto de los que no son matemáticos, claro. Esto ha cambiado mucho desde entonces, pero supongo que hace más de 70 años no serían muchos los que se dedicarían o estudiarían matemáticas puras (hoy, hasta yo conozco a alguien que lo ha hecho). De todas formas, lo que queda claro para Hardy es que su arte, trabajo o como queráis llamarlo es el mejor de todos:
"Arquímedes será recordado cuando Esquilo sea olvidado, porque las lenguas mueren, y las ideas matemáticas no." G. H. Hardy
Pues vaya. He leído a dramaturgos griegos, aunque debo confesar que precisamente a Esquilo no…pero no recuerdo a Arquímedes ni cuando me sumerjo en la piscina. Pero eso no es nada con lo que sigue. No contento con dejar K.Os a los dramaturgos griegos, Hardy no se quita los guantes de boxeo y en la página 84 comenta de dos líneas de una poesía: "¿Podrían ser estas líneas mejores, y podrían ser las ideas más falsas y trilladas?". Argumentando de paso que la poesía no puede ofrecer ideas de la complejidad de las que dan las matemáticas. Menos mal que unas cuantas páginas después (cuando a las otras artes ya les han contado hasta 10) reconoce que hasta las ideas tienen también su importancia en la poesía cuando emplea a Shakespeare en sus comparaciones. Uno acaba preguntándose por qué este hombre ha tenido que recurrir a las palabras para expresar su apología, en lugar de usar números y ecuaciones (por ejemplo, y sin ser matemático: Si Hardy = Un 10. Un 10 3, 4, 5, 6, o mejor aún, Un 10 a, b, d, oj, le, escritor, músico..) pero bueno…si se ha dignado a hacerlo para que aquellos que tuvimos ambición le podamos leer, no pondré pegas.
Lo que debe quedar claro es que no hay nada como las matemáticas. ¿Vale? No hay nada como las matemáticas. Aunque la verdad es que Orson Welles decía lo mismo del cine o del teatro (según le diera), y también tenía un amigo que decía que no había nada como la música, que era el arte supremo, y yo, ni entonces ni ahora, compartía estas ideas. Pero seguiré con el libro.
Después de contarnos una curiosa pesadilla de Bertrand Russell (quien fue amigo suyo) y que nos hace ver que a pesar de todo lo progre que era el amigo Bertrand, en el fondo de su corazón no ambicionaba más que perdurar en la historia (con su Principia mathematica, por supuesto, ¿acaso lo dudábais?), Hardy insiste una y otra vez en diferenciar entre las matemáticas “puras”, las “aplicadas” y las “triviales”. Así:
"Un problema de ajedrez es genuina matemática, pero es de alguna manera, matemática "trivial"."
Pensad que la música no deja de ser una matemática trivial, usada para estimular las emociones de las masas, cosa que las matemáticas no pueden hacer (a ver si os creéis que todo el mundo puede escuchar y sentir la armonía de un teorema matemático... Nooooo. Hay que ser matemático para eso.).
Los aspectos que definen las matemáticas puras para Hardy son la "belleza", la "seriedad", una cierta “generalidad” en el sentido de que conecta unas ideas matemáticas con otras, y una “profundidad” de la que carecen las matemáticas triviales (meros pasatiempos).
Debo reconocer que la parte en la que diferencia entre las matemáticas “puras” y las “aplicadas” por medio de la geometría, y el ejemplo del terremoto que cambia la “geometría” de una habitación, pero no sus “leyes” geométricas del mismo modo que el té derramado en las páginas de un libro de Shakespeare no cambia su contenido, me parece bastante creativa para alguien a quien su amigo Snow da casi por enterrado como artista en este texto (esta claro que sólo como artista matemático... un par de años más y creo que Hardy podría haber escrito "apología de un escritor").
Ya casi al final del libro, Hardy intenta justificar que las matemáticas reales no se aplican en tiempos de guerra, que sí pueden hacerlo ramas de las aplicadas, pero, claro está, a éstas no las considera verdaderas matemáticas según la distinción que previamente ha hecho. Y es hasta casi gracioso cuando dice que en tiempos de la I Guerra Mundial ni su compañero Littlewood (¿lo recordáis?, el McCartney de las matemáticas) podía hacer una balística respetable (y si él no podía, ¿quien puede?) Así que Hardy concluye que las matemáticas son una ocupación “inofensiva” (¡menos mal!), pero en mi opinión pierde un poco los papeles al tratar de discutir qué tipo de guerra, si la antigua o la moderna (ayudada por la ciencia e indirectamente por las matemáticas) es peor .
En el último capítulo, Hardy hace un recuento de su vida, que dicho sea de paso, Snow podría habérnoslo ahorrado en su introducción, pues lo repite casi literalmente.
Es aquí donde podemos ver que en el fondo Hardy no debía ser un tipo tan arrogante y engreído después de todo. Algo que ya se había encargado previamente de contarnos su amigo Snow en su hagiográfica introducción demostrándonos lo inteligente, tímido, desclasado, proveniente de familia modesta (pero rodeado de alta burguesía toda su vida, aunque tuviera un póster de Lenin en su habitación), simpático, buena persona y gran jugador y aficionado al cricket que fue Hardy (no fuéramos a leer la apología y tener una impresión equivocada).
Lo cierto es que no me queda más remedio que darle la razón a Snow, porque bien avanzado su ensayo, Hardy reconoce que las matemáticas son eternas, del mismo modo que la mejor literatura continúa causando una intensa satisfacción emocional a miles de personas, después de miles de años. Y es hasta gracioso saber que el motivo que le llevó a Cambridge fue la lectura de una novelita.
Pero la parte que me reconcilia con este hombre (y no bromeo) es aquella en la que se plantea por qué hacemos lo que hacemos y por qué lo hizo él. Y es que eso es algo que no dejo de plantearme yo casi a diario (bueno, una vez cada quince días en realidad). Pero como Hardy dice casi al principio de su libro, sólo un 5 ó un 10% de personas saben hacer algo realmente bien. Y por eso lo hacen. Si no, estarían desperdiciándose.
Defensor de elites o no, está claro que él pertenecía a ese 5%. Y me parece que yo debo pertenecer al 95% restante. Es más, prefiero pensar eso, a tener la idea de que me estoy desperdiciando.
En la nota final, Hardy comenta las críticas que Snow y otros colegas hacen de ciertas partes de su obra, como la referencia a Esquilo y Arquímedes que le chirriaría a cualquiera, (hasta a mí, como habéis leído) o su apartado sobre la guerra y la ciencia. Vaya, así que si no lo cambió fue porque no le dio la gana. Ya lo sabéis, si no hizo caso a sus amigos, no le pongáis las pegas que yo le he puesto.
En fin, sólo decir que no me he entretenido mucho con sus ejemplos de teoremas matemáticos, que son "sencillos", pero me he limitado a leerlos, creyendo de buena fe en su aseveración, y que hoy he conocido por fin el teorema de Fermat (estaba en un sinvivir), pero que supongo que mi mente olvidará su importancia en un par de días (creo que hasta ya lo he olvidado), al igual que el del significado de diaporino salino. ¡Espera..! ¿el diapiro no eran los cuadrados donde almacenaban el agua salada, las pozas de sal, ¡vamos!? Es que si alguien no da el término adecuado, despista. Y sin mirar en internet, que conste.
PD: Hardy fue lo suficiente modesto como para reconocer que su mayor satisfacción era haber trabajado con Littlewood y Ramanujan y que su mayor aportación a las matemáticas fue haber "descubierto" a Ramanujan. Al final...¡Estos artistas son de un sencillo!

AÑADIDO I: Antes de que alguien diga que apology es un false friend y es más bien defensa o disculpa de un matemático, decir que aparte de que así lo han traducido en castellano, para mí el libro es más una apología (y más que defensa, casi un ataque) del matemático.

AÑADIDO II: No os fiéis nunca de la memoria, pues juega malas pasadas. Y más si no ha habido un reforzamiento del aprendizaje previo (¿para cuándo otra visita? ¿o un libro de esos tan bonitos que tiene "Maria"? ) . Diapiro no son las fosas de sal. Si os interesa el tema, podéis buscar por internet, o mirar directamente el comentario número 5 (sí, la información está extraída de la wikipedia,pero me consta que debe ser fiable).

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